Llegaron las 5 pm, con una extraña mezcla de emociones, ganas de salir corriendo y al mismo tiempo felicidad y alegría con plenitud.

Cada vez al salir de mi casa, religiosamente, reviso mi bolsa con todo lo necesario: ropa, utilería y texto. Sé que todo está ahí pero no está de más contar cada objeto, así como acto de magia, no funcionaría si falta uno, sólo uno.

Entro al camerino y coloco todas mis cosas en una esquina específica, soy medio maniática y acomodo todo perfectamente. Me gusta estar con calma, tener tiempo de más a pesar de no tener control absoluto, quiero pensar que tengo el 99%, pase lo que pase.

Me quito los zapatos y empiezo a estirarme, a sacar el estrés y tensiones del día para que el cuerpo esté flojito pero fuerte, pero no suelto lo emocional, eso haz de cuenta que lo meto en una cajita interior, ahí al lado de mi corazón, y me sirve de motor.

Hago muecas, sonidos raros, trompetillas y demás que me hacen parecer loca en pleno ataque pero en realidad es para soltar la voz, que llegue a donde tiene que llegar y no la limiten mis tics diarios ni costumbres defeñas.

Saco la ropa, de sólo verla ya pienso en alguien, huele a alguien más, cercano pero no del todo propio. Empieza a latir mi corazón, ahi va el colibrí enjaulado. Me visto e inmediatamente ya siento una segunda piel, como si ése alguien más ya hubiera llegado, está en el mismo cuarto y siento su presencia.

Pongo accesorios y salgo a revisar la escenografía.

Ahí me encuentro con mi compañero, de viaje y escena, con quién compartiré la próxima hora y media. Nos miramos y nos saludamos como si fuera la primera vez, tanto como actriz y actor, como personajes. Récordamos que hoy y cada vez es la primera y la última vez. Sí, somos medio intensitos pero no hay de otra si lo quieres disfrutar al cien.

Caminamos por el espacio, el piso que nos permitirá crear un mundo alterno al del espectador y llevarlo sin limitarnos por las paredes a donde querramos.

Me hormiguea la piel, siento cada dedo de mi pie al dar un paso, cada inhalación y expiración, la cabeza queriendo dar vueltas pero ahora tiene que estar más enfocada que nunca.

Eso, tiene que estar. Tengo que estar. Estar para contar una historia que si no respiro a la par de mis palabras y acciones no tiene vida y no tiene caso.

Me sudan las manos, las sacudo mientras me voy al fondo ya que previnieron de la entrada del público.

Recuerdo por un instante esa cajita interior, se puede decir que ahí está el colibrí enjaulado, sonrío y lo suelto, suceda lo que suceda, va de corazón y sistema nervioso.

Primera y segunda llamada permiten un último abrazo a mi cómplice, vamos a darnos en la madre, vamos a jugar un ratito, a disfrutar ser alguien más.

Tercera llamada, se abre el telón y ya no soy yo, es el teatro y alguien en el escenario que me estaba esperando, ese alguien a quien olía mi ropa, quien rondaba el camerino y quien conozco perfectamente.

Personaje, no me abandones nunca, no por esta hora y media por lo menos, hasta que se acabe la función.

 

twitter: luciana_deli

 

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