la independencia

Mi mejor amiga, Lucía, organizó un viaje por mi cumpleaños.

Destino: Cuba.

Yo iba feliz. Paraíso de bizcochos bronceados.

Fuimos cuatro amigas, pero la más emocionada era yo, solo se oían mis gritos en el avión.

– ¡Voy a tirarme a todos los que pueda!

*TIRARME: Hacer el amor sin remordimientos y harta pasión.

A lo que mis amigas voltearon y dijeron prejuiciosas.

– Marcela, es un viaje cultural.

Sobre todo Lucía, santurrona yogui orgánica me veía con ojos de reprobación.

Llegamos al cuarto del hotel y empezamos a emborracharnos. Cabe mencionar que la realidad era mejor que mis sueños.

William Levy es feo a comparación de los hombres que habían ahí, juro no miento, todos eran bellos; el taxista, el mesero, el maletero…

Con todos quería ponerle.

*PONERLE: Hacer el amor sin remordimientos y harta pasión hasta perder la razón.

Salimos al antro y a nuestro regreso un poco tomadas, veo en la entrada al portero del hotel, el portero más sexy del mundo.

Volteo y le digo a Lucia:

– Ve a ese tipo ¡Qué guapo!

Todavía no terminaba de decirlo cuando la muy abusiva ya estaba encima de mi portero besuqueándolo.

¡Con que viaje cultural eh!

Me subí al cuarto muy bajoneada. Primer día en Cuba y nada.

Lucia regresó una hora después diciendo:

– Me muero de la pena, ¡Me metió al cuarto de intendencia y me hizo el amor ahí mismo!

¡Ah! Porque eso sí, Lucía puede cometer la locura más grande del mundo (por no decir la putería, porque nadie viene aquí a ser juzgado) pero ella dice la palabra amor y ya no pasa nada.

Yo la calmé diciéndole:

– Lucha no pasa nada, estás en Cuba, nadie se va a enterar, además tenías como seis meses sin sexo.

– Sin hacer el amor Marcela. – me contestó.

Eso la calmo y se durmió.

Yo no dormí tranquila. Mi misión se intensifico, como era posible que Lucía, alias la santurrona, se hubiera ponchado a uno y yo no.

*PONCHADO: Hacer el amor sin remordimientos y harta pasión hasta perder la razón y a lo mejor hasta sin condón.

En la noche del día siguiente tomamos en el bar del hotel y frente a nosotras pasó el portero bizcocho del día anterior.

Lucía moría de la vergüenza. El portero se acercó y le susurró algo al oído. Mi amiga tomó de hidalgo su última cuba y nos pidió un favor.

– ¿Me prestan el cuarto una hora?

Nos reímos y le dimos la llave. Estaba desatada.

Dos horas después nos subimos a dormir.

Sí.

Yo iba sola. Había perdido toda la fe de cuchi planchar con alguien.

*CUCHI PLANCHAR: Hacer el amor sin remordimientos y harta pasión hasta perder la razón y a lo mejor hasta sin condón por lo cual hay fecundación.

Entramos al cuarto. Lucía estaba de pie y toda colorada.

Esto fue lo que nos contó:

“Estábamos en la recámara, besándonos, tocándonos, me quito toda la ropa y me hizo el amor de todas las formas posibles…”

¡Ay hermosa princesa! Ahí de nuevo su palabra amor.

“Hasta que yo toda excitada, decidí hacérselo arriba. Y es cuando empecé a gritarle toda emocionada. ¡Sí! ¡Sí! ¡Así! ¡Síguele así! ¡Hasta dentro! ¡Sí, házmelo como ayer!

Él paró, me miró raro y dijo: Pero, yo no te lo hice ayer…”

¡Era otro! La muy tarada se había confundido, los tipos se parecían, pero no era el mismo.

De regreso en el avión, Lucía iba muy callada. Su viaje había sido de lo más cultural y yo solo pensaba:

Lucia: 2

Marcela: 0

 


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