¡Ah! Como le he dado vueltas a este post. Resulta que primero quería hablar de cuanto nos juzgamos a nosotros mismos y sí, pero creo que no somos los únicos. Soy la que siempre dice que somos nuestros peores jueces y no es tanto una mentira.

No somos monedita de oro, pero de eso a que hablemos mal de nosotros mismos o de hablar mal de los demás o que alguien hable mal de ti o peor aún (música de final de viernes en telenovela) que tus “amigos” hablen mal de ti. Ahí está el detalle. Entiendo qué no podemos caerle bien a todos (ni debemos, porque ese es otro tema bastante extenso) y que nunca falta el que habla mal de los demás, incluso pareciera regla que cuando alguien nos cae mal encontramos todos sus defectos y nos encanta recalcarlos en cualquier platica, sobre todo si a quien se lo estás contando también le cae mal, (risa de bruja de cuento).

Y sí, seamos honestos, a veces hasta lo disfrutamos y no sólo las mujeres ¡eh! Todos le entramos a este juego de: “Ay, qué mal se ve”, “Está gorda ¿no?”, “¡Ay no! Esa pobre ni aunque se opere, que no haga el gasto.”

Si tratamos de ser radicales y congruentes ¡claro que está mal! Sea quien sea no tendríamos porque ser tan verdugos, porque dicen que es más fácil ver la paja en el ojo ajeno. Y claro hay que vernos primero nosotros mismos, pero tampoco ser tan crueles ¡y que lío! Qué difícil es ser y dejar ser.

Pero aquí lo que más me aqueja es ¿y los amigos?

Porque ellos son nuestro sostén, los que nos aterrizan o los que caminan con nosotros, que a diferencia de una pareja (supuestamente), no ponen tan altas expectativas, ni todos sus traumas en nosotros. Son esos con los que podemos ser nosotros mismos sin ser juzgados ¿no? A veces son en los que más confiamos, ¿Y qué pasa cuando ellos son nuestros peores jueces? ¿Cuándo ellos son los que más nos critican?

Claro que ellos sin empacho nos dicen una y otra vez nuestros defectos y está padre, pero y ¿cuándo los cuentan detrás de ti? Es como una infidelidad. Es darte cuenta que una de las personas en las que más confías, cree cosas horribles de ti y habla mal de ti con otras personas. Es como si te dijera estuve con otros, pero siempre estuve pensando en ti.

Entiendo que es difícil escuchar nuestras verdades, pero en ese caso prefiero me las digan a mí y no a otros. Es por eso que no tenemos que hablar mal de nadie ¿ven? Pero es que los amigos, está gacho. ¿Será que no son tan nuestros amigos? ¿Será que habrá que cuidarnos de ellos? A mí esas cosas no me gustan. Eso de andarnos cuidando me choca y menos de alguien en quien confío.

Eres mi amigo y me puedes decir lo que piensas de mí y si de plano lo que piensas de mí es tan feo ¿por qué eres mi amigo? ¿Cómo no me di cuenta? ¿En qué fallé? Tal vez debí poner atención cuando nos juntábamos a criticar a los demás.

Dicen que hablar mal de alguien habla peor de ti y si hablas mal de un amigo tuyo a sus espaldas está cañón. Es como levantarle la mano a tu mamá, se te seca la mano. Bien dicen que al que habla mal de sus amigos se le pudre el tamal ¿o cómo es?

Pues este camino de ser y dejar ser, está cañón, no podemos controlar las percepciones que tienen de nosotros. Y parte de este juego de dejar ser, también está el “fíjese bien si su amigo de verdad es muy su amigo”. Seguro venía en las letras chiquitas y no me fijé bien.

Como ejercicio habrá que procurar no ser tan verdugos con los demás (por más mal que nos caigan) y supongo aunque no me encanta, habrá que fijarnos quién es el que dice que cuida nuestras espaldas, porque igual en una de esas, en un abrazo nos está pegando un papelito de “loser” en ella.

De nuestros propios juicios ya hablaremos luego, sentados a la mesa con nosotros mismos y nuestro ego. Dicen que con la vara que midas serás medido, así que mientras; intentar ser y dejar ser.

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