¿Qué me pasa? ¿Cómo poder sobrellevar esta carga emocional que me hace replantearme quién soy y cómo no enfrascarme en cosas superficiales en mi día a día? Todos estamos paralizados. No importa si es pandemia o ego.

He hecho, durante los últimos años, un gran ejercicio para saber quién soy en verdad. A veces se me olvida, pero no pasa nada, porque trato de regresar al momento de la confusión. Hace un año y medio coprotagonicé una serie llamada Lorenza que sale en el canal 2. Sabemos que Televisa ya no es lo que era hace unos años, pero estaba en una serie de comedia. Lo que les voy a contar no es ficción.
No es por presumir, pero cuando por fin decidí estudiar actuación, era de las mejores de mi clase. Quería ser Woody Allen, sin lo del incesto, obvio. Actuar, producir, dirigir, escribir. Cuando salí del Cea, el director de la escuela me dijo que sería comediante. Lloré como Dolores del Río en María Magdalena. Me vetaron de Televisa por prestar mi gafete y ahí se acabaron mis sueños. Poco a poco, no sé por qué, creía menos en mí. Me fui a Cancún a ser mesera en un restaurante y, un día en la playa, pensé en escribir para las mujeres. Pensé, si no voy a actuar, quiero tocar el corazón de mujeres como Jane Austen o las Brontë lo han hecho por mí. Sí, es pretencioso, pero todos mis sueños lo han sido. ¿De que sirve soñar si no es en grande? He hice el blog que estás leyendo ahora.
Pasaron años con el blog, y las actrices que escribían en el, tomaban trabajos que las llevaba a la “fama”. Rechacé varias cosas de actuación, porque me daba miedo, pensaba que ya no sabía actuar. Y un día, un productor se interesó por mi blog. En realidad, varios. Uno quiso hacer la serie, canal 5 dijo que era muy fuerte. Otro, con el que ahora trabajo, quiso hacer un tipo “Miembros al aire” e hicimos el piloto. Nadie lo quiso, era demasiado arriesgado tener a mujeres hablando de lo que realmente pensaban. Ese productor me dijo: Un día, cuando tenga un proyecto, te llamaré.
Entré al stand up y bueno, toqué fondo con mi inseguridad. Al principio, era feliz, pues pensaba que había encontrado mi nicho, mi lugar seguro. Nada más lejano a la verdad. Me llamaban puta (porque seguro me acostaba con productores para salir en Comedy), alcohólica, mala comediante y que no daba risa. El alcohol era mi mejor amigo. Aunque sabía que esa gente no me quería, estaba en esos bares con ellos para agradarles, quería ser su amiga, su colega. Quería que me aceptaran. Llegaba a mi casa ahogada en alcohol a llorar, pues me sentía sola. Aún con pareja, también comediante. Pero hubieron compañeros que sí me quisieron y uno de ellos es un escritor de comedia llamado Jurgan. Escribió cosas pequeñas, ya saben, como La Familia Peluche. Un día me dijo que escribía un personaje basado en mí. Valentina. Me lo dijo como un comentario al azar. Otro comediante que me dio su amor fue Héctor Suárez Gomis, a pesar que él le dio espacio y talleres a los que ahora son famosos, muchos le dieron la espalda y cuando me conoció decidió confiar una vez más en la gente. Me dio un consejo que nunca se me va a olvidar: No digas groserías. Le dije que eso nunca iba a pasar porque era una carretonera. No olviden que soy de Acapulco. Sonrió y me dijo “Está bien, pero olvídate del pelo suelto, no te maquilles tanto, no te vistas tan sexy, usa zapato bajo y sé tierna en el escenario. Recuerda los personajes de la comedia italiana. Recuerda lo básico.” Eso, para la gente que no sabe, se llama dirigir. Pocos comediantes permiten ser dirigidos, porque se creen magnánimos. A mi me gusta escuchar a la gente que sabe lo que hace, no por sumisa, porque en el fondo, no soy tan pendeja.
Después de cuatro años, el productor que prometió llamarme, me llamó. Había una nueva serie y necesitaban a la coprotagonista. Cuando llegué al casting eran puras veinteañeras hermosas. Cabe recalcar que fui borracha al casting. El auto boicot no tiene limites. Al leer el libreto no lo podía creer: Estaba casteando para el personaje de Valentina, el que estaba inspirado en mí. Jurgan no sabía que yo conocía al productor y el productor no sabía que conocía al escritor de su serie y que Valentina, era yo.
Me quedé con el papel, si no me quedaba con mi propio yo, ya me mataba. Pero, repito por si no ha quedado claro, tenía cero fe en mí. Llegaba borracha a los llamados, a veces más de una hora tarde y sin saberme mis textos. ¿Recuerdan que les dije que no soy pendeja? Tengo el poder de ver lo que no mucha gente puede ver. Las maquillistas y peinadoras son las reinas y las del poder. Ellas pueden arreglarte en cinco minutos si quieren o en tres horas, todo depende de ellas. Las invitaba a comer, les daba regalos, así estaba lista a tiempo en el foro, aunque hubiera llegado tarde. Los de producción me amaban, porque casi ningún actor les habla. ¿Recuerdan el querer agradar? Por fin tenía mi familia durante unos meses. Pero el productor me puso un ultimátum. O me ponía las pilas o me corrían. No hay carisma que dure para siempre. Vean a mi Lindsay Lohan. Con decirles que me odiaba tanto a mi misma, que si sonaba mi alarma para ir a grabar, dormida lo apagaba y lo llevaba al comedor para volverme a dormir. El último mes de grabación, me apliqué, pero mi imagen de actriz sin compromiso ya estaba manchada.
Antes de grabar mi última escena, salí a fumar un cigarro. Ahí me di cuenta. Si no hubiera hecho el blog, no hubiera conocido al productor, si no hubiera hecho stand up, no hubiera conocido a Jurgan y él no hubiera escrito a Valentina. Si no hubiera estudiado actuación e improvisación teatral, no me hubiera quedado en el casting. Si no hubiera tocado fondo, no tendría ese momento de lucidez en el que me daba cuenta que estaba haciendo realidad uno de mis sueños, estar en una serie de comedia. Sí, no es Friends, pero es Lorenza y salgo yo. Mi cara está ahí. Fui a mi escena y lloré (tenía que llorar, estoy loca, pero no tanto) e hice una escena hermosa con mi cómplice Bárbara Torres.
Nos dieron el peor horario, Viernes once de la noche. Aun así, nos vieron más de un millón de personas y nos dieron segunda temporada. Segunda oportunidad. Recuerdo que mi novio de aquel entonces, el comediante, que también había salido en una serie, me dijo: “Me da envidia que tengas una segunda temporada y yo no.” Sí, ni así me di cuenta el tipo que tenía al lado, perdón gente. Recuerden, inseguridad. Tardamos meses en empezar de nuevo, pero ya comenzamos. Puedo ver mi nombre en mi minúsculo camerino. Cada vez que estoy en el set, vuelvo a ser esa niña que su sueño era actuar, estoy sobria, hago caras, ya no me da miedo hacer el ridículo, regresó mi esencia, mi actriz que tenía dormida y mi inseguridad se esfumó.
Cuando hice la primer temporada, como no soy famosa, se corrió el rumor que tenía sexo con el productor, la misma historia que cuando entré al stand up. Ahora que veo atrás, me dolió que pensarán eso, pero estaba tan perdida que no me defendí. ¿Y cómo se defiende uno de eso? Con disciplina, con amor propio, con amor al arte. El mundo machista no va a cambiar pronto, pero yo sí cambié. Escribo esto para la gente que tiene miedo a seguir sus sueños. No sé que pase con la serie, ni con mi carrera, mucho menos con mi vida personal, pero algo es seguro, cuando me siento sola o perdida, ya no tomo una botella de alcohol (se me antoja, no crean que no, no soy Yoda), lloro por mí, me abrazo, me enfrento a esa soledad o a esa inseguridad y trato ser creativa. Leo, escribo, dibujo.
Estamos encerrados, no sólo físicamente, también mentalmente. Vemos quién tiene más fama, más felicidad, más dinero. Somos animales queriendo la presa del otro.
Hace poco, mi novio de ahora me dijo: “Este es tú momento. Quiero que brilles, eres mi estrella y cuando te canses o quieras hacer una familia, aquí estaré. Soy tu equipo. Te veo realizando tus sueños, haciendo reír a la gente aunque sea lejos de mí y muero de orgullo, te veo en unos años siendo madre y escribiendo guiones, o lo que quieras escribir, y de viejita, ayudando a niñas, con una escuela o una fundación. Qué emoción que me toqué vivirlo junto a ti.”
Y pensé, creo que estoy bien, porque ya no necesito agradarle a nadie, ya me rodeo de gente como él todo el tiempo, ya no tengo que estar en un bar inconsciente, porque mi realidad ya es un sueño.
Cuando cierro mis ojos, descanso mi mente y sólo me siento, siento mi alma, puedo creer en la magia del ser. Ese minúsculo momento en el que estamos en esta tierra y podemos hacer algo lindo con eso, para mí, eso es la trinidad: Amarte a ti, para poder amar a los demás, para poder amar la naturaleza. Yo, tú, naturaleza. Somos uno.
Cierra tus ojos y siente tu alma. Hay caos afuera y seguro hay caos adentro, vibra, toma poder de tus decisiones, tu mente crea tu realidad.
Lo que quiero decir en este escrito, es que el universo fue magnánimo al crearnos y darnos el poder de soñar. Sí, somos animales, pero algo salió mal en la matrix y nos dimos cuenta que existimos. Tengas la edad que tengas, el género o la clase social, ámate, sin medida y sin control, para que puedas amar al otro y a la madre tierra.
Aquí estamos juntos en esto, aunque estemos separados.
Cierra tus ojos, amor.
Sueña.
Sé.

 

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