Dicen las señoras que saben de la vida (dicen ellas que saben) que a veces te pone a prueba, que hay que aprender a mantenerse porque llegar es lo más fácil. Es difícil mantenerse porque una vez que llegas apareces en el radar y la verdadera batalla comienza.

Y ahí estaba yo con los audífonos puestos sin música, escuchando una plática de sabias ajenas mientras me tomaba mi café y hacía como que escribía mi post para la semana: “Es mucho lo que una aprende con los años” dice una, la otra le contesta: “No, es mucho lo que una aprende con la vida” y las dos amigas ríen y disfrutan la tarde acompañadas de sus problemas cotidianos y el desahogo sabroso de sacar los trapitos al sol con una persona que te conoce de siempre y que por el amor que te tiene indiscutiblemente y a pesar de todo, siempre se va a poner de tu lado.

Ese par de amigas ya pintaban canas, pero no estaban como la mayoría, desangeladas y envejecidas, no, eran guapas incluso atléticas y llevaban un look cosmopolita casual, muy de ciudad, yo sé que cuando sea mayor no me voy a ver como ellas porque van a ser otros tiempos, cuando yo sea vieja las abuelitas no van a andar en bicicleta, van a andar en flotadores electromagnéticos controlados por voz a partir de la conexión r1.3 del manos libres insertado bajo mi piel y voy a ser una abuelita voladora, bueno chance nunca sea abuela porque lo más seguro es que Bruno se haga primero de un robot doméstico que de un hijo, entonces le voy a decir mi nieto solo para molestarlo pero como los adultos no entienden nada, antes de que sospeche que quiero volver a ser niña, me voy a tener que ir a un viaje largo para compartir mi locura solo con otros viejos que comprendan que la vida es un viaje fantástico y que puede importarte un comino porque no haces mal a nadie si te pintas el pelo de rosa o eres feliz porque estás viva.

Ese es el tipo de viejita que voy a ser, una señora capaz de burlarse del azar siniestro y hacer lo que se le dé la gana con su mundo interior que para eso es.

Me encanta la idea de llamarle a mi hijo de vez en cuando y comer juntos para hablar de la vida, para escucharlo y sentirlo cerca para que nunca olvide que lo amo hasta siempre y que puede contar conmigo condicionalmente, sí, condicionalmente yo no creo en el amor incondicional, de entrada lo amo porque es mi hijo, si hubiera sido hijo de otra señora no creo que tuviéramos este vinculo inquebrantable y eso ya es una condición, lo amo porque lo conozco y me conoce, porque estamos domesticados como el zorro y el principito, lo amo porque es quién es y no otro. Así que parientes cercanos para siempre, de esos que se necesitan porque se aman y no al revés.

La verdad es que me gusta mucho la idea de ser viejita, no tengo prisa y entiendo que la salud no es igual antes que después, no me pregunten como lo sé apenas voy a cumplir treinta y seis años, no es que si me tomo cuatro copas de tinto (no una botella, si no su equivalente) me de una cruda del demonio que me tortura todo el siguiente día, no, yo soy la más fresca a las cuatro de la tarde cuando ya llevo ocho horas despierta, pero solo del ojo izquierdo.

Me emociona porque si llego, significa que decidí vivir, no quedarme quieta, significa que opté por aprender y enfrentarme a todas las versiones posibles de mi misma… bueno solo si logro ponerme sola los pañales que voy a tener que usar por la incontinencia porque si soy una viejita quejosa, enferma de todo, mejor me suicido, qué aburrido para los parientes cercanos soportar mis neurosis, yo paso, o sea yo un pasón y nunca vuelvo. Porque sí, también voy a ser una viejita fuma mota, ni te espantes, que si ya la están integrando a la industria farmacéutica cuando yo tenga ochenta chance va a ser de uso obligatorio para mis contemporáneos.

Me gusta la idea de vivir despierta con sueños, porque es triste la gente que vive dormida sin sueños, que vive esperando que algo bueno suceda, por eso me caen rete bien las señoras de la mesa de la lado que ríen de la vida y se enojan y suspiran y siguen adelante y no se preocupan de que una chismosa las esté escuchando, dicen que las cosas no suceden solas que una tiene que sucederle a la vida y yo les creo, dicen que la vida no se trata de pedir si no de dar y también les creo y sé que está cabrón, que es bien cansado no parar de trabajar o aguantar al pendejo de tu jefe porque hay que llevar el pan a la casa y que no es fácil hacer tres horas en el tránsito todos los días, pero la verdad el tránsito es horrible porque se te hace tarde, si no, podrías poner buena musiquita y hablar un rato contigo y con tus sueños o practicar un idioma nuevo o mandarle audios bien cochinotes a esa persona que te sigue la corriente porque te ama o porque le caes bien. Y reír un poco desde que aparece el sol o planear un mañanero para estar más saludable y llegar a la oficina y fumar ese delicioso cigarro o tomar a sorbos saboreados ese café que caen tan bien y que el pendejo de tu jefe se frustre porque no entiende que con ese sueldo de tres pesos que te pagan parezca que eres más feliz que él y entonces puedas sentirte mejor porque te sientes mejor y porque ahora, es el pendejo de tu jefe el que te tiene que soportar a ti.

Te confieso que entré a esa cafetería con ganas de darle la vuelta al mundo, pero salí dispuesta a darle primero la vuelta a mi mundo y ver que descubro. Si mi mundo interior me pertenece entero tengo el derecho de conocerlo por todos los lados, aunque de miedo, aunque de dolor, aunque de libertad y me haga feliz y me miren feo porque rio fuerte.

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