Pensando como hombre

Me peleé con Lucía. Nuestra primera y única pelea en ocho años de amistad.

Es más que sabido lo mucho que amo el alcohol. Soy alcohólica y lo reconozco. Amo el vino, el ron, el tequila, pero sobre todas las cosas el vodka es el amor de mi vida.

Así que cuando tengo cita con el amor de mi vida, no me gusta que nadie interrumpa.

Lucía no ve el alcohol como yo, no lo ve como un compañero bueno y leal, al contrario, no sé qué le pasa a Lucía cuando toma, pero siempre se pone a llorar.

El viernes de la semana pasada, llegó al departamento sumamente triste y me dijo:

– Mi ex novio Osvaldo se casa mañana, es el amor de mi vida Marce, estoy muy deprimida.

El mejor consejo que le pude dar fue:

– Mañana nos tenemos que embriagar.

Creo firmemente que debí ser psicóloga en mi otra vida. Soy objetiva, neutral y se escuchar. Además, tenía un vestido por estrenar.

Al día siguiente Ale, Lucía y yo fuimos a un antro en el sur de la ciudad.

El vodka es maravilloso. Si estás triste lo tomas y te pone feliz. Si estás feliz lo tomas y te pone triste. Y si no te pasa nada, lo tomas y algo pasa.

Lucía siempre opta por la segunda opción.

A la hora de estar en el lugar, Lucía empezó a llorar.

Ale en ese momento huyó y comenzó a besarse a un tipo. Siempre usa la misma estrategia cuando ya la hartamos, sabe que no la vamos a ir a molestar.

– Lucía ¿qué tienes? Chupa para que no pienses en eso. – le sugerí.

– Ya no quiero tomar. ¿Cómo puede casarse con ella hoy nena? ¿Por qué me hace esto? quedamos en amarnos toda la vida.

Yo no tenía idea que contestarle. Cuando terminaron a Lucía le costó mucho superarlo. El consejo que le diera en ese momento podía marcarla de por vida. Tenía que pensarlo bien.

– ¿Ya no te vas a tomar el vodka Ricky que traes? – fue lo único que se me ocurrió decir. Salió del alma.

– No Marcela, tómatelo.- me dijo molesta y lo aventó al piso.

Leyeron bien. Tiró el vodka al piso.

– No puedo creerlo Marcela, yo siempre te escucho en tus problemas amorosos, que son muchísimos, y tú no puedes escucharme en el peor día de mi vida, no es justo que siempre sea una broma para ti lo que nos pasa a tus amigas.

Tenía razón. Olvidé por un segundo el vodka derramado y la abracé. Decidí que esa noche sería la mejor amiga que pudo tener Lucía.

Estuve al pendiente de ella, íbamos al baño y la maquillaba porque de tanto llorar ya se veía medio fea, me tomaba sus vodkas para que no se pusiera más borracha y le quitaba a todos los hombres horribles que se le acercaban y se querían aprovechar de su estado.

De hecho, uno se acercó a ligársela y ella se recargo en su hombro y empezó a llorar más, contándole toda la historia del maldito ex novio. Le dije al tipo que se fuera, que estaba borracha y que no era momento de romances. Él la abrazo con fuerza y me dijo:

– Déjala, que se desahogue….

Ese tarado creyó que yo había nacido en los cincuenta. Ahora resulta que el tipo en la borrachera quería oír las desgracias de mi dolida y tomada amiga.

Estaba a punto de quitárselo de encima cuando llegó mi amante, mi nalguita, mi fuckbuddie. Era noche de chicas, pero queríamos irnos juntos por las calenturas razones, digo, por las obvias razones.

Desgraciadamente dejé a mi Lucía olvidada. Y no solo la olvide yo, también la olvido Ale.

No solo eso. Me llevé su bolsa sin querer y su teléfono.

No tenía ni como regresarse.

Al día siguiente Lucía estaba desaparecida. Lo último que supimos de ella fue que salió del lugar a las ocho de la mañana. Lo supimos porque subieron fotos al Facebook varios conocidos y ella salía en todas, sola, pero en la mesa de cada uno de ellos.

Llegó a las doce del día. No nos hablaba y a mí ni siquiera me miraba. Una noche que mi amiga me necesitó y me ganó el vodka y la calentura. Que mala amiga.

– Lucy…

– Marce, creo q no has entendido el concepto de la amistad. No es solo un título. Eres una hermana para mí. Si yo hubiera podido escoger a mi familia tú estarías ahí también. Por eso me duele que ni hayas tenido el corazón de cuidarme en un momento tan frágil, yo cuento contigo no solo para reír o para tomar. Cuento contigo para los momentos malos también.

La vi serena y aun así con ojos rojos, llenos de lágrimas. Lo que yo dijera ahora sería un parte aguas en nuestra relación.

Era definitivamente mí mejor amiga,

– Lucy, ese Osvaldo no va a salir con vida, mañana lo mato, tu tranquila. –

Sonrió y feliz contestó:

– Amiga, si puede ser esta semana mejor, no se casó el sábado, me equivoqué de día.