Querido Andrés:

Te escribo hoy por necesidad, por desesperación, porque hace meses que sucede la distancia y ya no puedo más;  intenté con todas mis fuerzas, noches, días enteros, por meses, pero no pasaba nada, era cómo si me hubieran robado el corazón.

Mi artista dulce, inteligente, con tu  piel apasionada, tus abrazos generosos, eras  el hogar de mi cuerpo, el lugar perfecto para sanar, para confiar y besar, ¿Entonces? ¿Qué diablos  pasó? Se quedó el  amor y se fue la  magia, eso pasó. Ya no me encuentro en tus ojos, hay una pared invisible, impenetrable, inmunda, un maldito muro que apareció de la nada o quizá no, a lo mejor estaba hecho de esas pequeñas cotidianidades que van pesando cada vez, de esos sueños que se van desvaneciendo hasta hacerse  recuerdos vagos,  es curioso cómo las fantasías que no se cumplen se pueden transformar en recuerdos como si hubieran sucedido, pero es que sí sucedieron, en mi corazón sí pasaron, pero sólo ahí. Y ahora tengo que vivir un duelo que duele como el demonio entre las costillas.

No es justo, Andrés, tú nunca prometiste nada, siempre reservado incluso con tus sueños y en cambio me amaste absolutamente.

Yo no pregunté ni exigí nunca nada, era feliz recibiendo lo que me dabas, o eso creía, me gustaba vivir en una burbuja de cristal, absorber el mundo a través tu impresión y que el universo se cayera a pedazos, confiaba en tu palabra cómo si fuera la de Dios y a pesar de cuestionarlo todo en mi cabeza, mi boca no dejaba escapar preguntas, no de las peligrosas por lo menos.

Pero una noche pasó que el cielo se veía distinto, había en el aire otro aroma y en mi pecho, una herida inmensa que al mismo tiempo me hacía sentir completa. Es momento de caminar el mundo sola.

La culpa me ha perseguido por tanto tiempo que a veces no he podido conciliar el sueño y otras se me ha revuelto el estómago hasta dejarme sin hambre por días, también he llorado a solas, he gritado y reventado platos en la pared.

Es duro decir sí te amo, pero ya no te quiero a mi lado, si me quedo te quitaría el derecho de ser amado como lo necesitas, como lo mereces y al mismo tiempo me privaría del mismo derecho, sí eres tú y también soy yo, yo que no supe como lidiar con mis demonios y contigo.

¿Sabes Andrés? Recuerdo mil cosas que nos pasaron, cosas que extrañaré irremediablemente, cosas que serán mi paz en las noches duras y mi infierno en la soledad, pienso ¿Y si me equivoco? A lo mejor no es como yo creo, ¿Y si te pierdo para siempre y una grieta el fondo de mí se abre un poco más hasta dejar el espacio suficiente para que yo caiga al abismo y no me salve nunca? Entonces tiemblo como niña asustada, pero luego recuerdo una vez que hablábamos de todo y de nada y te dije: ¨Si un día crees haber encontrado al amor de tu vida y decides irte, estaré de acuerdo, a lo mejor pasan dos años y regresas porque te equivocaste, entonces abriré mis puertas para dejarte pasar otra vez, así es el amor que te tengo. Pero si no vuelves, entonces, después de un tiempo de profunda tristeza voy a alegrarme por ti, porque sabré que quien yo amo es verdaderamente feliz, aunque no sea conmigo como dice Bumbury¨

Y era cierto, así pienso, creo que lo sabes, por eso me doy permiso de irme a estar sola por un tiempo para andar conmigo, porque me hace falta, porque en ésta filosofía mía de que la vida es corta, no encaja un sacrificio sin sentido.

Y si me equivocó o no, igual estoy pagando el precio y no es poca cosa. Aun así te digo que te amo porque así es, te amo, no como yo quisiera, ni como te hace falta y que ganas de matar al azar por no favorecernos,  pero te amo y por eso me voy;  porque si me quedo puedo aprender a odiarte y eso Andrés, no me lo voy a permitir nunca.

Porque la vida a veces es un maldito misterio y porque soy demasiado pequeña para entenderlo todo, hasta nunca y hasta siempre amor de mi vida.

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Tu Camila

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