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Marcela Lecuona

Marcela Lecuona

LA LLAMADA A MI EX.

Hola, ¿Cómo estas? ¿Estabas dormido? Perdón, de repente sentí la urgencia de hablar contigo.

Sí, otra vez te llamo peda, ya sé, pero no te preocupes… estoy consciente, mañana me acordaré.

¿Cómo va el trabajo? ¿Tienes mucho? No, en serio, cuéntame, sí quiero saber… Te llamo como una amiga, no como una ex.

No te enojes, sé que te molesta que te despierten, ¡Si lo sabré yo!

Porfa, no cambies tu tono de voz, no te molestes por favor.

¿Eres feliz sin mí? ¡Qué pregunta más tonta! No pregunto porque te ame, te pregunto para saber si estás sonriendo o si sigues durmiendo.

Bueno, te hablaré de mi, ¡Tengo trabajo nuevo! No es mucho, pero es suficiente. Sí, ya lo sé, nunca quisiste que fuera así, pero ve, bastaba con que confiaras un poquito en mí.

A lo mejor si me hubieras dado un poco de aliento, con demostrarme tantito afecto o decirme de vez en cuando que tenía talento.

No, no te enojes de nuevo, no es reclamo, es solo lo que siento.

Se me acabó el vodka, ¿me esperas un segundo?

No cuelgues, te juro no tardo, solo es vodka en las rocas, ni siquiera tengo que llenarlo.

¡Oye! Me dijeron que estás muy guapo. ¿Qué que viene al caso? Nada, nomás haciéndote la plática.

¿Qué crees? El otro día fui a la playa a la que fuimos juntos, ¿te acuerdas de ese viaje? Fue único.

¿Bueno? ¿Sigues ahí?

No quiero llorar te lo juro, ya sé que estas harto de mi, pero es que esto ha sido demasiado duro.

¿Y mi futuro? ¿Te acuerdas cuando nos conocimos?

Tu siempre callado, me dijiste te extraño a los dos días de conocernos. Sólo pensé “qué tipo más raro”. Pero no olvidaré tu sonrisa.

¡Sí! No me lo tienes que repetir, ya sé que eso quedó en el pasado.

Y, la pregunta obligada…

¿Cómo está ella? ¿La amas?

¿No se te hace curioso cómo la vida cambia tan rápido? Hace unos meses tú y yo seguíamos juntos,

Ahora, con ella compartes tus palabras y miradas. Pero no me voy a deprimir. Lo único que importa aquí, es que tú seas feliz.

A veces me gustaría cambiar el pasado, no hacerte enojar tanto, sólo dedicarme a hacerte sonreír.

Peleas tontas que teníamos, ¿recuerdas? Que si tu ex novia, que si los celos, que si no estábamos juntos éramos capaces de volarnos los sesos…

Extraño hacerte el amor.

¡Sí! Lo dije… cállate, ¡me vale!

Al fin no te tengo, ¿qué mas da? Lo que daría por uno de tus besos.

Ya, olvídalo, te vas a empezar a enojar. Siempre a la defensiva conmigo. Siempre viviendo dormido.

¿Quieres pretender que nunca existimos?

Adelante…

¡Salúd por tu amnesia!

¡Carajo! Se me cayó el vodka en la mesa…

Hay palabras que nunca se deben de decir,

Sí, no te preocupes, ya me voy a despedir.

Sólo quisiera que un día me miraras como me viste en el ayer.

Adiós…

Oye, y gracias por escucharme,

Como una amiga y no como una ex…-

TWITTER: @marcelecuona

INSTAGRAM: marce_lecuona

Marcela Lecuona

YO DESEO.

Tengo tanto que decir, que las palabras galopan en mi garganta, tengo tantos sentimientos, que el corazón corre desde la mañana. Todos los días trato de entender a qué vine, cuál es mi misión; y es fácil contestarme: “A nada. No eres tan especial, tu existencia no equivale ni a medio segundo de lo que ha existido la humanidad.”

No me lo puedo creer, mis lágrimas se atascan en mis ojos como el metro en la ciudad de México a las seis de la tarde. ¿No vine a nada? Pero, ¿Y mi familia, mis amigas, mis amores, no significan nada? Silencio. El tan ponderado y temido Dios se queda sordo ante lamentos. No nos escucha, a veces le chupa un huevo los sentimientos.

Robots en un mundo calculado, que viven en un Matrix simulado, solo importa cuánto valemos si sabemos cuánto tenemos. ¿Cuál es la diferencia entre gente de hace un siglo, de hace miles de años o la de hoy? Nada, todo gira en torno a lo mismo: No seas realmente quien eres, escóndete entre máscaras y ropas, no opines, no comentes, no respondas, no pienses. ¡Ah! Ese es importante, no pienses, porque si los queridos robots pensaran, no habría gente como los sacerdotes o como los presidentes, poco dignos representantes de la gente. No habría hambruna, ni maldad, ni modelos anoréxicas en las revistas. Lloraríamos la muerte de periodistas e ignoraríamos estúpidas noticias. No citaríamos a gente brillante, nosotros escribiríamos nuestras propias ideas.

Alzaríamos nuestra voz y clamaríamos justicia.

El amor, en mi época, anda escaso igual que los sesos. Muy pocos robots saben lo que significa ser honesto. Puedes brindar tu mano, pero no pretendas un intercambio, pues varios están perdidos en el aparato. Aun así, no pierdo la esperanza, le sonrió hasta al extraño que pasa, uno nunca sabe, puede que un día, ese sea mi hermano.

Todas las noches, antes de dormir, una ansiedad llega a mí: Un día me voy a morir.

Pero, ¿Por qué me preocupa? ¿Por el hecho de no haber tomado las mejores decisiones? ¿Por qué no soy “exitosa”? ¿Por qué me cuesta vivir en el ahora y estoy en el futuro o en el pasado? No, creo que el asunto radica en que he perdido tiempo con gente que no me quiere lo suficiente, con amistades poco sinceras, con amores que no han valido la pena, con situaciones que no me eran cómodas, por no ser yo, por permanecer cerrada, por no ser abierta. Por preocuparme con lo que piensan, por no tener el valor de que me de igual, porque la vida solo te ofrece lo que hay, el trabajo es tuyo, tienes que luchar.

Y ahora, a la mitad de mi vida en la cual he sido un robot, ahora que he abierto los ojos y rehusó ser una más, cuando cierre los ojos ante la inminente muerte y luces tenues que me ofrecen un deseo, pensaré en la gente que me amó, en las personas que perdí, las que amé y en las que quisieron permanecer. Exhalaré ese último suspiro de un mar resplandeciente y amor será lo único que pasará por mi mente:

Yo deseo,

Róbame el alma, quítame de tus lamentos, sóbame la espalda, ámame en silencio.

Arrópame cuando tenga frío, súdame con estrellas, bebamos en hora buena, tenme en tus memorias, cobíjame en tu presente, con mi tequila y cigarro ardiente.

Sígueme, sin prisas, sin miedo y sin envidias. Lávame el sufrimiento, lámeme hasta el tuétano. Seamos compañeros de vida, amantes o grandes amigas.

Regálame una tarde, cocíname y engórdame bastante, por favor, nademos desnudos en el aire. Cantemos, sin medida, sin tono, ni forma, sin claves, seamos libres en tierra salvaje.

Y cuando muera, libérame, sáname, lléname, no me dejes partir, porque si vivo en tu mente, viviré hasta el fin.

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Marcela Lecuona

EL CONSEJO.

Este blog está a unos meses de terminar y me tomé la libertad de darme un mes para no escribir nada, y viajar, leer, vivir. Mujeres me escribieron después del escrito pasado para pedirme perdón por haberme juzgado, que se sentían identificadas conmigo, que todas hemos pasado por eso; una relación dolorosa. Otras me escribieron para que les diera consejos, ¿cómo dejar a alguien que te lastima? Leer post completo

Marcela Lecuona

LA MIERDERA FELICIDAD.

Un año más. No puedo creer que van casi ocho años de escribir cuentos, poemas, mis anécdotas, de ficción y reales, pero sobre todo, de sacar luz con las palabras, el dolor profundo lo he penetrado con letras que me hacen sanar. He escrito cosas de las que me arrepiento, pero ahora trato de ser honesta, libre de prejuicios al relatar y sobre todo, ya nunca más desde el lugar de víctima. Leer post completo

Marcela Lecuona

LA MALA FEMINISTA.

Nací sin saber a qué mundo venía.
Uno en el que no está planeado si tienes vagina.
Mi madre, una mujer inexperta
No tuvo opción.
A los veinte años tuvo que dar a luz y su destino cambió.
No sabía, que con el tiempo, su hija se cuestionaría el por qué las mujeres tienen que ser como les marca la sociedad.Leer post completo

Marcela Lecuona

LA LLAVE.

¿Sabes? Llevaba años con ganas de salir. Me tenías secuestrada en este sótano inhumano. Sin luz, sin velas, negro absoluto. En algún momento me viste con cariño o puede que nunca me hayas tenido en cuenta, pero me sentiste, de eso estoy segura. Aquí estuve años, en este cuarto oscuro, con miedo, llanto, apretada en un espacio cuatro por cuatro, ¿qué te hice para que me trataras de esta manera? Tuve miedo que nunca abrieras la puerta, que pasaras más años sin saber de mí.Leer post completo

Marcela Lecuona

CONTRATO DE AMIGAS.

Cuando una es soltera, su apoyo más grande no es la familia, bueno sí, pero las que realmente te sostienen son las amigas, porque ellas empiezan a cumplir el rol del novio. Por ejemplo, ahora con ellas vas al cine, estas echada en la cama un domingo, vas por un café, te vas de fiesta, te pedorreas, ríes, lloras, te emocionas, te enojas, lo único que les falta es  tener sexo contigo para que el garabato con carne colgando sea completamente reemplazado.

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Marcela Lecuona

EL ESPACIO VACÍO.

Sonó el despertador. Siete de la mañana. Tu amiga flojera invadió tu cuerpo, era hora de empezar el día, tus deudas no se pagaban solas. Pero primero, entraste al Facebook. Nada interesante, lo mismo de siempre, éxito de algunos, parejas y compromisos nupciales, bebés. Todos parecían avanzar, menos tú. Aun así pusiste de status: “Plena y realizada, ¿Qué más le puedo pedir a la vida?”

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Marcela Lecuona

EL PARAÍSO.

¿Saben ese sentimiento de soltar a alguien, pero odiarlo? ¡No existe eso, mentirosos! Maldita maldición. Ahí estoy, haciéndome la fuerte “ya no lo amo, ya no pienso en él, pero ojalá que le de muerte de cuna”, bueno, no tanto como muerte, pero sí tantito dolor, que el karma llegue a su puerta y le de una cachetada fuerte, maciza, a la mexicana. Respiro y pienso, “Marce, tú eres mejor que eso, piensa que todo lo que crees, creas. Si deseas el mal, se te pudre el tamal”. ¿Qué pensaron? ¿Que estaban leyendo Aristóteles? No amigos, esto es Marcela Lecuona.

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