Uno de mis propósitos de este año que está por terminar, era correr un maratón, digo “era” porque a estas alturas del año el único maratón para el que estoy preparada es el maratón Guadalupe-Reyes.

Hacerme el hábito de despertar temprano salir a correr aunque sea 100 metros o salir a pasear con mis perras más de media hora, es sumamente difícil. Lo más que puedo correr es de un extremo al otro de la ciudad y eso en coche.

Tengo malos hábitos de alimentación y es verdaderamente complicado hacerme una rutina ya sea de ejercicio o para hacer cualquier actividad doméstica. Me di cuenta que uno de mis hábitos más fuertes es “una chaquetita y a dormir”, que digo antes de dormir, durante el día.

No puede pasar el día sin que mi cabeza intente traicionarme por lo menos una vez.

Es impresionante la velocidad que pueden alcanzar los pensamientos de una mujer y lo persistentes que pueden ser ¡Ojalá así fuéramos para todo!

Dicen que a las mujeres no nos para la boca, que algunas parece que ni respiramos para hablar de tan rápido que lo hacemos, sobre todo cuando es de algo que nos apasiona, o de alguien a quien traemos entre ceja y oreja… Inocentes, si supieran la velocidad de nuestros pensamientos, se volverían locos.

Tardo más en hacerme una taza de té en el microondas que en hacer o deshacer una historia de amor con alguien a quien no he conocido y que seguramente nunca encontraré.

Alguna vez en mi adolescencia tardía (ocupo el término “adolescencia tardía” para no decir, hace un par de años  y mostrar mi recargada inocencia) conocí a un muchachito, empezamos a platicar, regresábamos juntos de clases, “chateábamos” todo el día por Messenger (puede ser que tenga más de un par de años que pasó esto), me contaba de su familia, yo de la mía, íbamos juntos al teatro, me contaba que sus mascotas eran víboras, cuantas tenía, cómo se llamaban y por supuesto, yo ya me hacía casada, tejiendo chambritas (para las víboras) y cuidando víboras. Qué vergüenza, no hablo de cuidar las víboras, si no de esta historia que estoy contando.

¡Qué impresión! Cuantos pensamientos pasaban en ese entonces por mi cabeza, ¿será que me gusta?, ¿qué le gusto? ¿qué haremos buena pareja? ¿víboras? Aunque parezca una bobada, son miles los pensamientos que ocupaban mi cabeza en ese entonces y eso que no era un tema delicado.

Cuando tengo que hacerme estudios de algo, ¡uy! Agárrense, desde el momento en que el médico dice que necesito hacerme estudios o que yo decido hacer un check-up para ver como ando,  mi cabeza empieza una carrera contra sí misma para ver que tantas enfermedades puede desarrollar en mi imaginación y bombardearme de imágenes que van desde: Doctor saliendo del consultorio diciéndome que tengo tres horas de vida (como en las telenovelas), hasta las peores enfermedades habidas y por haber a las cuales ni siquiera podría ser propensa, incluso me imagino el velorio, la familia y los amigos llorando, o peor, protagonizando un episodio con doblaje espantoso de “enfermedades extrañas” de Discovery Channel  ¡Qué loca!

Es maravillosa la manera que tenemos de boicotearnos, ¿Qué tal cuando se trata de hablar de nosotras mismas? Que si andamos buscando pareja; “¿Qué va a pensar de mí?” “seguro cree que soy una “loser”, “claro ahora va a pensar que soy una facilona” “que tonta, pero ¿en qué estaba pensando cuando salí con este tipo?”

¿Una audición? ¡Uy! Ni que decir, si llegaste a la audición ya es ganancia, porque en el camino e incluso días antes se te atravesaron mil y una razones por las cuales eres la peor opción que podrían escoger “claro, canto espantoso” “pero ¿a qué vine?” “ me veo fatal” “súper falsa mi actuación” y  seguir pensando mientras canto la canción y hago la escena “ vámonos, vámonos, vámonos, vámonos” y al terminar, salir corriendo como si de verdad me hubiera preparado meses para el maratón que quería correr.

Podría hacer una lista interminable de ejemplos, es verdaderamente impresionante la cantidad de chaquetas mentales que nos hacemos durante todo el día, de cualquier tema e incluso de varios temas a la vez.

Estoy segura que las mujeres tenemos el punto G en la cabeza, porque parece que este tipo de actividades nos resultan placenteras,  con razón somos multiorgásmicas, si todo el día estamos estimulando esa pequeña mentecilla macabra.

Llega la noche y después de salir del baño, de desmaquillarte y mirar una y otra vez como vas envejeciendo, lo único que quieres es descansar, estas cansada de tanto y tanto pensar, te pones el pijama, te recuestas y antes de cerrar los ojos decides echar el ultimo vistazo a tu celular, abres Facebook y aparece una foto de tu ex, tu prospecto abrazando a alguien más, alguien pidiendo que le manden buena vibra para quedarse en un proyecto y una foto tuya de hace seis años donde tenías tres tallas menos.

Apagas el teléfono, das la vuelta cierras los ojos y como por arte de magia, empieza de nuevo el bombardeo de pensamientos y ahora sí, solo una chaquetita y a dormir.

 

TWITTER: @michihart

INSTAGRAM: michihart

2015-12-02-02-21-38-299

 

promocarrie