Les cuento; tengo treinta y cinco años, vivo en la ciudad de México (por ahora), soy casada por segunda vez (Ya sé, soy de las que pueden probar y decir no me gustó, mejor quiero ese otro, así  cínicamente). Soy mamá de un hijo y no más para mí, gracias. Me dedico a hacer Stand Up Comedy porque al parecer la noche y yo somos uno mismo y todo lo que en ella se encuentre me gusta hasta de más, incluyendo la cama con sus múltiples usos.

Y estoy en un punto de mi vida en el que ya me gusta el café sin azúcar, en el que los momentos a mi lado son excepcionales, únicos e irrepetibles ¿Y qué tiene de malo? No me juzguen, yo entendí por fin que la vida es muy corta y que lo que venga después de la muerte va a ser distinto a esto; el cielo, la reencarnación, la nada, no lo sé no lo sabe nadie, la fe no hace ciertas las cosas, así no funciona.

La naturaleza urbana por ejemplo, me gusta, disfruto las grandes avenidas llenas de autos, los negocios siempre abiertos, el ruido, las prisas, las aglutinaciones y luego el silencio de mi casa, que para cualquiera que no viva en la ciudad no es silencio. Vivo en un caos interminable y me siento bien, nací en el caos, crecí en el caos, aprendí en el caos y fluyo  en el naturalmente. Antes era distinto, pero una aprende.

Como cuando tenía doce años y tomé clases de natación, primero todo era miedo a morir ahogada, luego disfruté las sensaciones dentro del agua con miedo de no saber qué hacer ¿Y si hacía algo mal y entonces me ahogaba? Miedo de que se burlaran más de mi (Porque de por sí ya es humillante tomar clases  en un curso de verano junto a niños de dos años porque eres pobre y a ti no te avisaron que eso se aprende desde antes) Tenía mucho miedo, de ese que no te deja aprender.

Luego descubrí que no es el miedo sino lo que haces con él. Hay personas que se paralizan, otras gritan y corren y otras lo ocupan para reaccionar, como una fuerza de empuje; así de útil es el miedo.

Lo descubrí en la última clase de natación; un día antes había aprendido a lanzarme a la alberca dando un paso hacia delante como cuando te lanzas al vacío con calma, porque ya te dieron alas, estaba feliz porque no me había ahogado y creía que era una chingona. Disfruté la última clase como si no hubiera un mañana, no quería salir, me sentía libre nadando en el carril de en medio con los ojos cerrados, en una alberca de esas que son la mitad bajita y la otra mitad de tres metros de profundidad.

De pronto abro los ojos y me doy cuenta de que todos se están saliendo, no me importa, de hecho solo quedo yo y está bien ¡Cinco  minutos más por favor! Pero no noto que  también quitan las boyas, no tengo de dónde agarrarme para descansar, es un recorrido olímpico de cien metros y me detengo justo a la mitad, trato de tocar el suelo y la punta de mis pies resbala hacia lo profundo, la adrenalina me invade ¡Me voy a morir ahogada! Manoteo, grito y nadie responde todos se están yendo, estoy sola y me voy a morir a los doce años, me voy a morir sola y pienso ¡No quiero! Pero igual me hundo, olvido todo lo que aprendí y me hundo frenéticamente, a nadie le importa, mi mamá no está conmigo, me lleva mi tía (la rica) Junto con mis primas que son expertas nadadoras (gracias mundo  por humillarme más), a esas alturas seguro ya se están bañando mientras yo me muero (cuando siento que me voy a morir me porto muy dramática, disculpen), entonces pasa algo importante: Pongo atención y veo el fondo oscuro, arriba hay luz, una luz cristalina que cada vez es más lejana, es como estar justo entre el cielo y el infierno y me quedo quieta, extendiendo los brazos y muevo las piernas suavemente hasta que puedo salir. La primer bocanada de aire es tan refrescante como ninguna otra y nado a la orilla y me salvo. Sin testigos, sin que se asustara nadie y sin salva vidas.

Y eso es la vida, sí, estás sola y sí, a nadie le importa (es un decir, no se azoten), pero está bien porque eso te hace libre y si pones atención puedes aprender mucho, incluso si solo miras. No es un drama, yo me intereso por mucha gente y los amo, por mi humanito de cuatro años estoy dispuesta a todo, pero también entiendo que al final del día me quedo conmigo, de hecho yo soy la única persona que no deja de estar conmigo nunca, aunque  a veces no me escuche o no me considere y haga otras cosas como dejar de respetarme haciendo lo que no pienso y aceptando lo que no quiero, porque este es un camino complicado, sé que puedo obtener de cualquier situación la mayor de las ventajas o el peor de los fracasos, porque solo va a pasar lo que yo quiera que pase.

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