¿Por qué hay tantos corazones rotos?

En cada esquina hay alguien con dolor crónico causado por pérdidas amorosas; ¿será porque no definimos qué queremos del otro? o ¿qué queremos para nosotros mismos?

¿Para qué me quieres?

No me digas que me vas a llamar si lo que quieres es jugar.

Para jugar, los dos deberían saber las reglas.

No subestimes mi capacidad de lidiar con una relación que no tiene un “y vivieron felices para siempre”.

Que tú seas un potencial “amor de mi vida” no quiere decir que me voy a aferrar a algo que no funciona. No me subestimes.

No me hagas creer que te gustan las mismas cosas que a mí para ganar puntos y lograr lo que quieres.

No me digas que me quieres sólo para que sienta que puedo confiar en ti.

No me prometas el cielo cuando ni siquiera pretendes llamarme mañana.

Te prometo que yo dejaré de ver señales en donde no hay.

Recordaré que hay veces que un atardecer es sólo un bonito paisaje, que un hola no es un te quiero, y que un te quiero no es un te amo ni un quiero estar contigo toda la vida.

Tal vez es nuestra culpa por idealizar y poner en el otro todas nuestras expectativas, por no ser claros, por no exigir claridad. Dime la verdad, aunque no la quiera escuchar.

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