Este blog está a unos meses de terminar y me tomé la libertad de darme un mes para no escribir nada, y viajar, leer, vivir. Mujeres me escribieron después del escrito pasado para pedirme perdón por haberme juzgado, que se sentían identificadas conmigo, que todas hemos pasado por eso; una relación dolorosa. Otras me escribieron para que les diera consejos, ¿cómo dejar a alguien que te lastima? No tengo la menor idea, a mi me dejó la misma persona tres veces en tres años. Puedo darles el consejo de cómo no regresar con alguien, pero sería absurdo. No poseo información, no soy terapeuta y menos una experta. Sé que este escrito, como varios de este blog no pasaran a la posteridad, pero puede que algunos sí. Este no es uno de ellos. Así que estás a tiempo de dejar de leer.

Si sigues aquí, te tengo noticias: después de encontrar la felicidad, me sentí vacía. No vacía como antes, vacía de tenerlo todo, trabajo, amigos, amor, familia. Hasta uno de mis hermanos ya va a terapia. Mi papá, pidió desde lo profundo de su alma, perdón por haber sido machista tantos años. Un hombre bueno me quiere, respeta y apoya en mi carrera. Paso la mayor parte de mi tiempo en la Riviera Maya, el lugar que me vio crecer en mi infancia. Insufrible, eso estoy. Trabajo, shows, dinero. No me quedo sin ninguno de ellos.

Mi único problema real es que he subido un par de kilos. Soy una blanca insoportable.

Mis días en la contemplación de si quiero hijos o no. En ver a las otras mujeres, por ejemplo, la empleada doméstica de mi casa, pasarla mal y pensar como ayudarla: Sindicalizarla.

Poner NiUnaMenos en mis redes sociales y pensar que nadie más será violada, secuestrada o matada. Vivir en mi burbuja construida por mi ego absurdo. Vacía, pues el secreto no es tenerlo todo, es darlo.

Me explico sin tratar de sonar Yoda: Nos quejamos diario de nuestros problemas, lo que nos falta sin ver que le falta a los demás. Puede ser algo muy pendejo, como ese consejo sobre como dejar a alguien que te lastima y les digo lo que me funcionó a mí: Llorar, ir a terapia, llorar más. ¿Recuerdan la imagen de Diane Keaton en Alguien tiene que ceder? Esa era yo, pero todo el tiempo, todo el día. Cuando veía un story de algún “amigo comediante” en el que salía mi ex, dejaba de seguir al comediante. Cuando no tenía tiempo de llorar, lloraba en la regadera, lloré tanto que venitas de mi nariz se reventaron (no les miento), lloraba al escuchar una canción, que repetía para poder llorar más, lloraba dormida y al despertar, lloraba con mis amigas, pero sobre todo, en soledad.

Pero me tengo que ir más atrás para poder dar un consejo de verdad. Un día, decidí ahorrar dinero e irme a conocer París. Mi relación ya estaba muy mal, pero yo me prometí que nunca me agarraría la tristeza sin dinero. La primera vez que me terminó esa persona, llevábamos un año, yo no tenía un peso en mi cuenta y sólo le abría sus shows. Dejé en pausa mi carrera para apoyarlo a él, pues nadie lo conocía. Cuando me terminó, me eliminó de todos los shows en los que yo abría y me enteré por las redes sociales. No tenía dinero, ni para pagar la renta, menos para comer. Él lo sabía.

Le hablé a Manu Nna, que acababa de estrenar su especial en Netflix y le pedí en llanto que me dejara abrirle unos shows. Me dijo: “Nunca más dependas de un cabrón. Anota las fechas que me vas a abrir.”

Un verdadero amigo, me juzgó y me llamó pendeja, pero nunca me soltó.

Fui con otra amiga, Michelle Rodriguez a tomar un café. Le iba a pedir dinero prestado, pero no me atrevía. Solo le dije: “No tengo un peso.” Me miró con amor reflejado en su rostro y me dijo: “Yo sé que no crees en Dios, pero hoy en la noche, prende una vela y en la ventana de tu cuarto, pídele al universo que te mande lo justo para sobrevivir, no más, no menos, lo justo.”

Eso hice en la noche, escéptica, prendí una vela y pedí lo justo para sobrevivir. Al día siguiente, no les miento, una mujer me contactó por Instagram y me pidió dar show en su cumpleaños, faltaban meses para el show, pero al saber que era una fecha que yo podría estar ocupada, me depositó en ese mismo instante la mitad del show.

Justo la mitad que necesitaba para pagar mi renta.

El día del show, era mi cumpleaños también.

El universo escucha, pues eres tu misma, tú eres Dios, el universo, todo. Solo necesitas escucharte.

Regresé con ese niño, pero prometí nunca más depender de alguien. Y gracias a mi trabajo y a escucharme, no volvió a faltar. Junté dinero y me fui a París, mi sueño, pero sabía que mi relación no iba a aguantar que me fuera un mes. Y eso fue lo que pasó, una mañana, noche para él, me llamó borracho para terminarme.

Yo lo único que pensaba era regresar a México, verlo, y que me tomara de vuelta. Qué pendejas somos a veces, mis últimos días en París fueron rogándole que no me dejara.

Al llegar a México, él no quiso verme. Me cortó todo canal de comunicación, y cometí el gran error de mi vida.

Cabe mencionar, que una hace su propia tumba, se acuesta en ella y permite que le pongan la tierra encima. Para dar un consejo, debo vulnerarme lo más que pueda, así que contaré lo más vergonzoso que me ha pasado. Tengo un problema con el alcohol desde hace años, quince años para ser exacta, pero año con año, cada vez empeoró. Tomaba casi diario al grado de perder la noción, de no saber como llegaba a mi cama. Black out, le llaman. Me quería morir, así estuviera triste o feliz, el alcohol manejaba mi vida, se me hacía chistoso decir que era alcohólica, me veía como una mujer con problemas mentales que el alcohol adormecía. Mi verdadera esencia estaba perdida.

Y al cuarto día de estar en México y que este niño no me quería ver, después de un show privado, tomé a tal magnitud, que llegué a mi casa sola a seguir bebiendo. Un tequila tras otro, con lágrimas en los ojos le pedía que por favor me viera. Nada. Eran las cuatro de la mañana, e hice lo que nunca debí hacer. Ponerme en peligro.

Tomé un Uber y le mandé mensaje: “Voy para tu casa, vas a hablar conmigo quieras o no.”

Ahora que lo pienso, no quería hablar con él para terminar, quería que él me viera en víctima y me dijera que me amaba, que me pidiera perdón. Llegué a su casa y el policía de su edificio me dejó entrar. Toqué el timbre de su departamento y salió con un celular en la mano mientras decía: Sí, aquí espero.

Salimos a la calle, y ahí, borracha, tambaleándome, llegó una patrulla. Había llamado a la policía.

Les dijo que me llevaran y subió de nuevo a su departamento. Me dejó sola con los policías y ahí, temblé de miedo. Les dije rápidamente que ya me iba, llamé un Uber y me fui a mi casa. Al día siguiente no pude pararme. No había vuelta atrás.

Ese es mi secreto, el más oscuro, feo y humillante de mi vida. Lloré todo el día, pero desde ese momento no he vuelto a tomar una gota de alcohol. Dejarlo a él, al “hombre”, fue más difícil, me pidió perdón como siempre, pero no quería a volver a estar conmigo. Así que mis dos adicciones se terminaron para siempre.

Puede parecer una tontería, pero sí, el tiempo es sabio, y el cliché más grande de la historia es real: Si no te quieres, nadie lo hará por ti.

Mi consejo a esas mujeres que me leen, me escriben o me buscan es sencillo; ¿Un amigo te trataría con ese desdén? ¿Tú serías capaz de lastimar a alguien como esa persona te lastima a ti? Huye, llora, trabaja, sé creativa, implora al universo, a ti misma y la respuesta, la paz, llegará.

Pienso en el amor más puro, en lo que somos capaces de dar y ahí pude entender como se me quitaría el vacío de mi felicidad con culpa: Debo ayudar con lo que sé hacer, arte. Escrito, hablado, pintado, dibujado, con comedia, con drama, poesía, cuento. Con anécdotas, con un abrazo, un mensaje. Con mi historia, lo único que tengo que es mío. A lo mejor un alcohólico me lee y decide que no más. A lo mejor una adolescente que es abusada sexualmente decide denunciar a su agresor si me escucha en algún lado. A lo mejor una persona decide terminar con la persona que le hiere por estas letras. A lo mejor decides emprender el viaje más conmovedor y real que existe, el amor contigo mismo.

Mi vacío solo se aliviará si puedo ayudar un poco con mi oficio.

Y así, poco a poco, todos, desde esa empleada doméstica que necesita que me mueva y la ayude a darse de alta, hasta tú, privilegiado, con el internet en tu casa, podemos hacer una red de apoyo, pues contamos unos con los otros para amortiguar esta cosa llamada vida, tan compleja y a la vez dolorosa.

Nadie sabe lo que estamos haciendo, estamos improvisando.

E improvisar es mi cosa favorita en el escenario.

Mi consejo final, si nada de esto funciona, es que sigas en Instagram a Erika Buenfil, que me pone de buenas, parece que su hijo la odia y aun así saca un canal en You tube de cocina, nos desea los buenos días y abraza su edad madura. He decidido que la gente que sigo por lo menos, debe desearme los buenos días. Me da ese abrazo de tía que a veces necesito. Ojalá mis escritos sean ese abrazo si tu alma está rota. No estás sola.

Somos todas, somos uno, soy tú.

 

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