– ¡Marcela, Marcela! – gritó Lucía como loca histérica mientras entraba a mi recámara.

– Lucía son las seis de la mañana, ¿Cuál  es la urgencia? Por cierto ayer desapareciste del bar, ¿dónde andabas? –.

– ¡Eso es lo que te tengo que contar! Me fui con Antonio, mi ex novio. Me lo encontré en la barra y como no quiero “hacer el amor” o tener novio hasta que llegue mi hombre especial, pues pensé en repetir. Si repito no cuenta.

Esta sí se toma las matemáticas muy en serio.

– ¿Esa era la urgencia? Déjame dormir –.

– No, Marcela despierta por favor. Necesito tu ayuda –.

Desde que tengo el blog soy una especie de Laura en América. Me gustaría darles un carrito sandwichero a mis amigas y con eso terminar con sus problemas amorosos.

– ¿Qué pasa? Siéntate. –  quité mis almohadas y le hice espacio a la frenética desquiciada esa.

– Marce, estábamos haciendo el amor… –

– Lucía si quieres hablarme de eso a las seis de la mañana te pido de favor que no uses la frase “haciendo el amor” –.

– No puedo usar la palabra C.O.G.E.R., ya lo sabes –.

– ¿Por qué demonios deletreas si no hay niños? ¡Estamos solas! –

– ¿Ves Marcela? No sabes ser buena amiga… –

Siempre que mis amigas quieren algo de mí me salen con ese cuento. Saben que haré lo que quieran cuando me dicen eso. Malditas manipuladoras.

– Ya perdón, cuéntame –.

– Bueno, Antonio me estaba haciendo el amor, y cuando estaba a punto de culminar el acto más maravilloso me dijo: “Lucía, ¿no has pensado en hacer ejercicio allá abajo? No estoy sintiendo nada”, ¡Me dijo gorda marce! Me la vivo en el yoga, ¿me ves gorda? Ni siquiera pude disfrutar el final. Solo de pensar que mi grasa acumulada no lo dejaba ni pensar, ni sentir, ¿Qué hago Marce? Me siento fatal.

No sabía lo que la haría sentir peor, lo que él le dijo o lo que yo estaba a punto de decirle.

– Preciosa, ¿alguna vez oíste el nombre de Kegel? –  pregunté con sutileza.

– Ahí vas de nuevo queriéndome hacer sentir analfabeta. ¿Qué tiene que ver ese tipo conmigo? – Lucía estaba al borde de las lágrimas o a lo mejor le brillaban los ojos por el efecto del vodka todavía.

– El Doctor Kegel, desarrolló ejercicios para sus pacientes mujeres en los cuarenta como método para control de la incontinencia urinaria, o pa´que me entiendas, para que no se hicieran pipí –.

– Sé lo que es incontinuidad voluntaria. ¿Qué tiene que ver eso? ¡No me hice pipí! ¡No me estas oyendo! –

– Es incontinencia urinaria Lucía no incontinuidad voluntaria. En fin, esos ejercicios son destinados a fortalecer los músculos pélvicos, así que le descubrieron otros beneficios, como cuando das a luz… –

– ¿Sabes que Marcela? Ya olvídalo no quiero tu consejo. Voy a buscar a Alejandra. Neta no sabes ser una buena amiga –.

De nuevo la frase que me mortifica. No podía suavizarle más el asunto.

– ¡Yo creo que Antonio te sintió floja de ahí abajo y se refiere a esos ejercicios! –

Hubo un silencio eterno hasta que Lucía dijo con voz chillona.

– ¿Ósea como guajolota? –

No pude evitar reírme.

–  Sí, más o menos. O también ayuda mucho hacerlos cuando estás “haciendo el amor” – reí de nuevo – El chiste es aflojar y apretar durante y hasta después, te juro que sentirás mejor. No es mito, es en serio –.

– Y si me vuelvo vieja, ¿tendré una súper guajolota? – preguntó preocupada.

–  Claro que no, seguro ese tarado te quiso hacer sentir mal. Seguro la tiene chica y por eso no siente nada el animal–.

– ¿Entonces no estoy gorda? ¡Yei! Ya duérmete entonces. Perdón por molestarte –.

–  ¿No quieres saber cómo se hacen? Los estoy haciendo en este momento –.

– Marcela eres un asco, siempre pensando en sexo, me voy a dormir que tengo clase en dos horas… ¡Y yo pensando que estaba gorda! – salió de mi cuarto aliviada.

Me quedé sola en mi cuarto pensando.

Aprieta/afloja. Nadie quiere quedar “guajolota”.

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INSTAGRAM: marce_lecuona

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