Hace mucho que no escribo; y no porque no tenga nada que decir (las mujeres nunca nos quedamos sin palabras), sino que, han habido tantos cambios en mi vida que no había querido tomarme el tiempo de sentarme a hacer lo que tanto amo. A veces nos alejamos de lo que nos mueve, lo que llevamos dentro, nuestra esencia por estar perdidos, y es justamente lo que debemos hacer, regresar a la raíz.

Perdida en el sentido que no sé qué es lo que quiero. Tengo trabajo, me va bien en stand up, a veces me sorprende que solo llevo un año y unos meses, pero aun no logro tener el respeto de algunos compañeros. Una vez me dijeron que soy el Charlie Sheen del stand up; tomo demasiado, soy fiestera y tengo una actitud de que nada me importa. ¿Realmente nada me importa? Al parecer es todo lo contrario y eso me hace tener hasta colitis. A lo mejor tomo demasiado porque no sé cómo enfrentar los problemas. A lo mejor solo tomo porque soy alcohólica.

Estuve en un concurso de stand up el cual ya solo me faltaba entrar a la final. Tenía que hacer ocho minutos de rutina. Concursaba contra tres hombres, pero había uno que todos decían era el favorito.  Nunca pensé tener posibilidades de ganar contra ese comediante. El día del concurso, pasé e hice mis ocho minutos, y sabiendo que me pasaba de tiempo, dije una frase: “La gente cuando me conoce por primera vez, piensa que soy pendeja…”

No es un chiste, no es una moraleja, no es nada, es simplemente una frase cortada que uso cuando termino los shows. Me pasé cuatro segundos del tiempo permitido. Cada minuto sobrante eran dos puntos menos. Cabe recalcar que solo era un concurso. No hay que tomarse las cosas más allá de lo que son. Tuve cuarenta y cuatro puntos. Mi contrincante fuerte tuvo cuarenta y tres. Me quitaron mis dos puntos; perdí. Perdí cuando había ganado. Perdí por decirme pendeja.

A mí me dio risa todo el asunto; a mi gente que estaba ahí apoyándome, no. Después entendí que ha de ser frustrante tomarte tiempo, dinero, energía, en ir a apoyar a alguien que se auto boicotea siempre. Porque eso creo que hago; me auto boicoteo pensando que no me merezco ganar, no me merezco el cariño de alguien, no me merezco la atención, no me merezco que alguien vaya a verme a un show, porque, ni soy tan buena. No me merezco una vida normal, una familia normal, tener hijos, casarme, no lo merezco porque me voy a cansar y eventualmente abandonaré todo.

Espera, ¿Cuándo pasamos de ganar un concurso a ser madre de familia? La cosa es que todo me da miedo. Las mujeres ahora tenemos tantas opciones en la vida, que ya no sé cuál es la respuesta correcta. Quiero reconocimiento como artista, pero si me caso y tengo hijos, eso va a terminar. Pero si ahora no tengo una familia, puede que en cinco años ya no pueda. Quiero viajar y conocer muchas personas, hombres incluidos, para no tomar una decisión apresurada (¿Apresurada? He tenido miles de novios, ya no es ningún secreto para mí que hay en una relación), me refiero que hay muchas opciones en cuanto a hombres. Pero, si encuentro a alguien único e importante ¿no es mejor ya quedarme ahí?

Quiero aprender, adquirir conocimientos de lo que sea, tomar cursos, tomar terapia, ir a yoga, meditar, pero me levanto tarde, todo me da desidia, me da flojera incluso respirar. Una amiga me dijo que eso es síntoma de que estoy deprimida. No lloro ni nada, no estoy triste, solo me da hueva la vida. No sé para donde voy, estoy completamente perdida.

Acaso las mujeres, con tantas opciones, ¿nos hemos perdido? En el stand up, el medio es muy machista, misógino, no creen que las mujeres somos chistosas. Es verdad, hay más hombres que te hacen reír que mujeres. Hay una Sofía Niño de Rivera que gana lo que quiere por un show de cuarenta minutos, pero el mejor pagado sigue siendo hombre.

Ni siquiera veo a las mujeres de este medio apoyándose, solo algunas, en su círculo o con sus amigas. No hay igualdad. No hay hermandad. Incluso la comediante más “feminista”, solo hombres le abren su show. ¿Feminismo disfrazado? Y buscamos todos los pretextos para sentirnos víctimas: No me invitan a shows, no me toman en cuenta porque soy fea, no me toman en cuenta porque soy gorda… etc, etc. Me han llegado a decir que yo tengo shows porque soy “bonita”, cosa que, hablando desde mi auto boicot, ni siquiera me siento. Y no es por hacerme la humilde, si me vieran recién despertada sin una gota de maquillaje, entenderían de que hablo.

Pero entiendo el punto, soy rubia (natural), ojo claro y blanca. Y aquí en México machista si tuviste la desgracia de nacer mujer, más te vale ser de tez clara. Sí, es una patada en los huevos que no nos tomen en serio, sí, es una pesadilla no salir vestida como yo quiera por miedo a ser violada (en el mejor de los casos), es un infierno no ganar más que un hombre, o tener miedo a ser irreverente por el que dirán, el sentirnos a veces invisibles o que nos vea con prejuicio.

Es triste tratar de encontrarle una solución a esta vida. A defender lo indefendible.

Y en mi cabeza solo suena la palabra auto boicot. Porque el tiempo es relativo y a lo mejor toda nuestra vida se resume a esos ocho minutos. Tú sabrás si le encuentras el gusto, te conformas con ese tiempo o te pasas cuatro segundos.

Solo asegúrate que tu última frase no sea: “Soy una pendeja”.

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