“Cuando un hombre está poseído por fantasmas, solo puede hablar tonterías. De igual manera, todo aquel que se halle bajo la influencia de la naturaleza material debe considerarse que está poseído, y todo lo que hable debe considerarse una tontería.” Vaisnava.

 

Hace unos meses probé el sapo (busquen en Google), y es una de las experiencias más espirituales que he vivido. Mueres y renaces con tu tercer ojo abierto como cuando acabas de nacer (no, no estoy pacheca ni me metí ácido). Ese tercer ojo me hizo algo que no esperaba: tres semanas después de fumar sapo, caminaba por la Condesa donde vivía con el argentino, y las lágrimas brotaron sin darme cuenta. ¿Por qué?

Lo sabía, tenía que hablar con él. Cuando terminamos, nuestra relación ya tenía problemas, pero le mentí, engañé, empecé a mensajearme con el que después sería mi siguiente novio. Y desde el primer día que me fui de nuestro departamento que compartimos durante dos años, yo ya estaba con otro hombre. Hace poco que lloraba porque mi ex novio me dijo “Te dejé de amar y por eso terminé la relación”, que descubrí mensajes de él con otra mujer en la madrugada estando conmigo, no solo una vez, sino dos, que desde el día uno que terminamos no ha dejado de agregar mujeres, coquetear con ex novias, darle likes a mujeres semidesnudas al por mayor, que me bloqueó de todos lados, me preguntaba “¿Por qué a mí?” y recordé al argentino. Me di cuenta que no era una víctima, pues yo también hace meses fui culpa del dolor de alguien más.

¿Malas decisiones o karma?

Le mandé mensaje al argentino y quedamos de vernos para un café, lo vi y parecía que el tiempo no había pasado. Se sentó frente a mí y yo, con suficiente soberbia, abrí la boca: “Te cité porque tengo algo muy importante que decirte; quiero darte las gracias por todo lo que hiciste por mí, fuiste mi maestro, gracias a ti hago stand, soy una mujer independiente. Gracias por apoyarme todas las noches que tuve shows, por reír, por aplaudirme, por estar ahí, perdóname todo, fuiste un gran ser humano conmigo y te pagué de la peor manera. Solo quería darte las gracias.

Me miró en silencio y dijo: “Te odio y odio todo lo que te rodea.” ¿Podía culparlo? No. Me porté como la persona más desleal. Nadie que te ama o te amó te trata como yo lo traté. Los meses después de que lo dejé, aun me mandaba mensajes diciéndome que me amaba, videos cantándome, llorando. Me rogó que fuéramos a terapia. Y nada me importó. Solo pude decirle: “En verdad te amé”, me contestó: “Si me hubieras amado, no te hubieras ido.” Tenía razón, no había justificación de mis actos, no lo terminé porque lo dejé de amar, como me dijo mi último ex novio, lo dejé porque quería pasarla bien, porque me ganó el placer, un placebo que yo sabía tenía fecha de caducidad, pero que aun así la quería vivir. Si hubiera sabido cómo iban a terminar las cosas, lo más seguro es que no lo hubiera hecho, porque lastimar a alguien que te ha hecho tanto bien es sinónimo de una cosa: Eres una mala persona.

Al final del café lo abracé y le dije “te quiero”, no solo no me contestó, se alejó de mí lo más rápido que pudo. ¿Karma? ¿Malas decisiones?

Antes me atormentaba viendo con quien más coqueteaba mi ex novio en sus redes y me preguntó mi roomie: “¿Por qué te haces eso? Sabes que cada vez que te metes a buscar, encuentras una culerada, es como si te cortaras con un cuchillo para desangrarte una y otra vez ¿Por qué?”

Era obvio el por qué, quería sangrarme, castigarme por todo el mal que yo le había hecho al argentino y ahora lo pagaba al doble. Yo ya había pedido perdón, pero realmente ¿era de corazón? ¿Fue para que me perdonara o para hacerme sentir mejor? Yo sé que un día el argentino me perdonará, porque es un buen ser humano, pero no tiene la responsabilidad de mi karma o de la toma de mis malas decisiones. He tenido dos buenos hombres en mi vida: Rafael, que ahora está casado con una gran mujer, y el argentino… que me enteré que sale con alguien que lo hace muy feliz. Lo merecen y mi alma se llena de dicha por haber compartido con dos grandes hombres que no tienen que enfrentarse con cosas malas, pues ellos hicieron las cosas bien.

No importa que haga tu ex novio, si te traiciona una amiga o si tus padres te lastimaron en el pasado, hay personas que viven en la inconsciencia y merecen compasión, no lástima, compasión. Saber que obran mal, que después van a pagar las consecuencias, es suficiente para tenerles compasión.

Hace poco fui a un antro con mi roomie, salimos a la terraza, ella para fumar mota y yo para sacar el aguardiente de mi bolsa y no pagar alcohol adentro. Somos muy finas. Un hombre guapo; bronceado, rubio, ojos claros, bien vestido, se me acercó y me hizo plática. Al irme, me pidió mi teléfono, lo vi bien y pensé: ¿Para qué? No más malas decisiones. Mi corazón aún no está listo ni para besar a alguien más. No repetiré patrones, no actuaré por venganza. Me alejé y me subí a un taxi, me siguió y se subió al lado de mí, le tuve que decir de nuevo que no.

Llegué a mi casa sola, porque la soledad es como una perra, te ladra cuando más vulnerable estás. Me senté en la cama que tantas noches compartí con mi ex novio. Lo extrañé y lo dejé ir. Prendí un cigarro y miré por la ventana. Mi karma estaba limpio por fin.

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