Estos meses han sido muy difíciles y a la vez tan bellos; he aprendido tanto sobre mí que no lo puedo creer. Soy una persona muy chida. ¡Qué descubrimiento! Soy un ser humano lleno de amor, risas, sensibilidad… ¿esto te suena? Pues es que no somos nada diferentes, somos uno y a la vez todos.  

¡Qué payasada! Pero lo creo sinceramente. Aun así, algo pasaba que mucha gente a mi alrededor no pensaba lo mismo; empecé a recibir ataques por todos lados. Hombres criticaban mi forma de vestir (misóginos, claro está), me decían cosas como que iba desnuda a todas partes, que solo quería que los hombres me desearan (o sea que buscaba sexo), que nadie me tomaría en serio; mi ex novio tuvo el descaro de decirme que seguro lo extrañaba porque él era el único que me tomó en serio (risas); mujeres, nunca permitan que los “machos” definan su forma de vestir, actuar o pensar: ¡Sean ustedes! 

Pero eran varios hombres que lo decían y yo, solo me quedaba callada. ¿Por qué no me defendía? 

Cuando grabé mi segunda participación en Comedy Central, una “comediante” conducía el evento, es más, es una mujer que participó en los primeros videos de Mimosas para desayunar. Al presentarme dijo que yo tenía cuerpo de luchadora. Y tras bastidores se burló de mi rubio falso. Algo me detuvo en el pecho, no me defendí ¿Por qué? 

Mi ex novio me buscó porque no encontraba paz en su ser después de cómo me había tratado, se la di con los brazos abiertos, a los días de “intentar” algo, me dijo que no lo besara o tomara de la mano en público, aunque me lastimaba, no le dije que no… y al final, me dolía demasiado su indiferencia y nuestra relación terminó peor que antes. ¿Por qué no pude decirle que no desde que me lo pidió? Mi ex novio estaba de viaje con un comediante que, siendo él aun mi novio y estando enfrente, me tocó una nalga diciéndome “Bien que quieres”, ¿Por qué no me di mi lugar con mi ex novio y le dije que no me buscara? Si él no tenía dignidad siendo amigo de ese comediante, bien podría tenerla yo.  

Pero no la tuve. Y la gran pregunta era: ¿Por qué la gente pensaba que podía pasar sobre de mí? Y no paro ahí, comediantes boicoteándome shows, hablando mal de mí con productores o en shows privados para que no me contrataran. No, esta vez sí que no.  

No quería estar en el papel de víctima después de todo lo que he aprendido, me queda claro que algo estaba fuera de lugar. Sí, hay gente mala, ¡vaya que la hay! Pero ellos no tenían la culpa, era yo… ¡¿Por qué demonios no me defendía?! 

Y me cayó como cubetazo de agua fría: He sido bulleada desde niña; si porque vivía con puro hombre, que parecía niño de pequeña, me molestaban por mis orejas, mis dientes, mi pelo, mi cuerpo y pensé, ¿Por qué nunca me defendí?  

Cuando tenía diez años fui abusada sexualmente por un familiar, un hombre que sigo viendo “porque tengo que verlo”, porque tengo que normalizar un asunto tan delicado para no alterar a nadie. Cuando esto se supo en mi familia recibí comentarios como: “Pero no te violó”, “pero tú jugabas pesado con él”, “pero ya pasó”… ¡Claro! Debí defenderme de lo más básico y decir: Nunca más quiero ver a ese hombre así tenga que alejarme de la gente que lo frecuenta. Ni modo, así pierda a personas que amo.  

Poner un alto.  

Unas amigas me contaron sobre el yo cuántico, googlen porque es largo, pero básicamente, y en términos de una actriz, es lo siguiente: Yo puedo hablarle (rezando) a mi Marcela del pasado y puedo pedirle orientación a mi Marcela del futuro. ¿Quién más va a saber lo que más me conviene que esa Marcela del futuro? ¿Suena que le rezo a Dios? Pues es que es sencillo; yo soy Dios. Y esa Marcela del futuro me puede reconfortar con un: Vamos a estar bien. 

Y lo entendí, de niñas nos dicen que vendrá un príncipe azul y nos defenderá de todo lo malo. Pero no estaba ese príncipe cuando fui abusada sexualmente, ni estuvo cuando en primaria y secundaria los niños eran crueles conmigo, tampoco fue mi novio ese príncipe cuando le dije que alguien me había tocado la nalga sin mi consentimiento, todo lo contrario… Recibí de él cosas como: “¿No será que todos tienen razón de tu forma de vestir? Eres muy problemática, deja de pensar que todos están contra ti. Sales a cenar con directores, productores, claro que van a pensar de ti lo peor.”  

No, definitivamente él no era el príncipe azul. Ese príncipe no llegó a la mitad de la grabación de mi Comedy Central para decirle a la bruja: “¡Ya déjala en paz! ¡No te hace ningún daño! ¡Respétala!” 

El príncipe no llego en su gran corcel y espada a confrontar a esos hombres que demeritaban mi trabajo por mi forma de vestir o mi forma de tomar, porque claro, si un hombre es borracho, está bien, pero si yo lo soy, puedo hasta no llegar a un show según ellos. 

Ese príncipe tampoco llegó cuando comediantes trataron de quitarme trabajo o me boicoteaban, y de verdad no entiendo ni el por qué, pues tampoco es como que soy Amy Schumer. La gente puede odiarte o no, pueden amarte o ser hipócritas, eso no recae en ti, sino en ellos.  

En unos días cumplo treinta y tres años, la mitad de mi vida (si no muero de cirrosis, de un accidente en coche o en una explosión de gas, perdón lo trágica, es mi mayor miedo, morir estúpidamente, si esto llega a pasar, guarden este escrito y digan que era psíquica), ok, eso también lo tengo que trabajar, pero antes de cumplir y celebrar, ponerme borracha y evadir muchas cosas…  

Creí que era apropiado visitar a alguien.  

Viaje en el tiempo. Era de noche, abrí la puerta y ahí estaba Marcelita de diez años, tapada hasta las narices, con mucho miedo; acababan de robarle la inocencia. No pude llegar antes porque eso era algo que ella tenía que vivir, aun así, me acosté a su lado, limpié sus lágrimas, la abracé muy fuerte y le susurré al oído: Todo va a estar bien princesa, nunca vas a volver a sentirte desprotegida, hay alguien que te va a defender toda la vida; aquí está tu príncipe azul.  

Yo soy tu príncipe azul.  

 

TWITTER: @marcelecuona

INSTAGRAM: marce_lecuona

 

NOTA: Para todas esas princesas que sienten que no pueden solas, que necesitan ayuda o coraje, crean, todo está en ustedes. Sean guardianas. Sean sus propias guerreras.  

Les dedico el Himno al amor, mi regalo para todas ustedes.

promocarrie