Alejandra absolutamente sensual recorre con la mirada el espacio, su vestido negro ha hecho bien el trabajo, las miradas de extraños la tocan incesantes, música suave llena los rincones de la enorme sala, charolas repletas de copas vuelan sobre los invitados vaciándose al instante, la fiesta dio inicio hace un par de horas, el mejor momento para estar ahí ha llegado, sus pensamientos se vuelven emocionantes, quizá sea como lo espera, una noche simple para volver a empezar, para olvidar a Héctor definitivamente, quizá encuentre en una buena conversación la puerta para estar entre las sabanas con una piel que no la ame y entonces vuelva a ser frívola y libre.

Se siente fuerte, ya han pasado dos años desde que desapareció de la vida de Héctor por completo, está noche es de aniversario, habrá que festejar a la fuerza de voluntad con sexo desenfrenado.

Alejandra es un incendio entre hombres, conversa, ríe, baila, se divierte, se entretiene inventando pequeñísimas fantasías con ciertos elegidos, fantasías que no duran más de una canción y se desvanecen para darle paso a otra copa de vino. De pronto, como un imán algo la llama, una mirada penetrante la atraviesa, la detiene en el tiempo, su cuerpo está lleno de electricidad inexplicable, los latidos de su corazón se agolpan, siente que se desvanece, no es capaz de ver de quien se trata porque ya lo sabe, Héctor está frente a ella.

¿Qué hacer con el instante, con el reencuentro, si se ha dado solo como sucede la verdad en el mundo?

Héctor sonríe con un extraño gesto, es como si fuera el más feliz y el más desdichado al mismo tiempo, la abraza y entonces lo saben, no ha terminado nada, viven en un mundo paralelo en donde el tiempo es irrelevante y siniestro.

– ¡Te encontré, por fin!

– Héctor, yo…

– Alejandra te amo.

– Esto es imposible

– No lo creo, míranos, estamos aquí en medio de todo lo que no importa queriéndonos tanto como el primer día, me quieres, lo sé, tus ojos no han aprendido a mentir.

Alejandra piensa en la noche que conoció a Diana, la esposa de Héctor. Piensa en todo lo que hablaron en el trato que acordaron y en como desapareció sin ninguna explicación y sin dejar rastro, para que nadie más saliera lastimado. Piensa en todas las noches que no pudo evitar extrañarlo, en todos los días que lloró a solas por un hubiera que no debía ser. Piensa en como se aferraba a la idea de que Héctor y Diana merecían ser felices porque se amaban y piensa en ella, en su derecho de amar a quién se le dé la gana, en su necesidad de ser amada como la amaba Héctor, sin embargo un trato es un trato, ¿Qué tipo de persona sería si no tuviera palabra?

Cuando Héctor llegó cambió su vida, luego ella cambió su vida otra vez para alejarse y ahora, pase lo que pase, su vida cambiará profundamente porque ya no puede seguir mintiéndose, ella sabe que esto es lo que es, que es real y que es inevitable. Entonces lo mira y decide perderse en sus ojos, ir a su universo sin prejuicios ni palabra de honor.

Un beso irrefrenable sucede, se estremecen juntos, sus cuerpos autónomos orgánicamente se funden, se confunden, se aprietan, se respiran, se aquietan, se mojan, se incendian, se olvidan del mundo, nacen a su propio universo.

Amanecen juntos sin entender bien como pasaron de una fiesta a una cama. Ambos están desesperados por el otro, ninguno quiere hablar, ninguno quiere regresar al mundo, tienen amor y tienen miedo y se miran desnudos a los ojos, sin pensar, solo se miran y se entienden, dejan que el tiempo pase de largo se hacen el amor otra vez y es perfecta la quietud, es perfecto el placer, es como debe ser entre dos monstruos liberados que se saben los secretos.

Suena el celular, es un mensaje de Diana, Héctor se tienen que ir.

– Alejandra, sé que lo sabes, sé que todo esto parece estar equivocado, yo me siento egoísta y cínico, pero te amo, te amo y no puedo evitarlo y…

– Lo sé, a ella también la amas, de una forma diferente a como me amas a mí, esto no se trata de ser exclusivo ni de engañar a nadie, yo no voy a esperarte ni a dejar de amarte, voy a seguir mi camino y a enamorarme de otro, quizá hasta me case con el amor de mi vida, yo no puedo ser tu mujer, no quiero serlo. Pero sé también que te amo y que no quiero dejar de amarte, que no puedo. Así que ve a tu vida y sé libre, no sientas culpa.

– Si creyera que esto no nos rebasa, que depende de nosotros, te pediría la promesa de un reencuentro, sabes que me haces falta profundamente, que yo tampoco puedo evitarlo, mi cuerpo te ha dicho ya que te amo mas allá de mi comprensión.

Sucede otro beso, uno de despedida para decirse hasta siempre jamás.

 TWITTER: @NancyVillalo

INSTAGRAM: NANCYVILLALO

13931609_10157186119905332_536864832_o

 

 

promocarrie