“La enredadera feminista, se hace de muchos nudos y de muchos lazos, que se tienden imperceptibles para los ojos controladores del ojo patriarcal.” Marcela Lagarde.

Han habido muchas discusiones de hasta dónde es correcto ser feminista y en dónde cae en la exageración. Una amiga me dijo el otro día: “Creo que las mujeres hacen cualquier cosa un problema, cuando ya no lo hay.”

En efecto, ya podemos votar, ¡Bravo! ¡Muchas gracias! De hecho, la mujer mexicana pudo votar por primera vez en 1955. ¿Qué pasa? ¿No nos conformamos con eso? ¿Parecemos “locas” como nos llaman algunos hombres (y hasta algunas mujeres) por pedir equidad? ¿El feminismo ahora es solo una moda?

Es traumante no salir a la calle vestida como una quiere por el miedo a ser violada, no es justo que un hombre gane más que una mujer, un tipo desconocido (el que sea) tiene derecho a gritarte obscenidades en la calle aunque te provoque miedo. Pero creo que eso no justifica, para algunos, el que las mujeres “la hagamos de pedo.” Ahora, vayamos al extremo: Se calcula que hay ciento veinte mil violaciones al año, o sea el 44% de las mujeres de este país han sido abusadas sexualmente. Y esas fueron las que denunciaron. Seis mujeres al día son asesinadas en México. En seis años se ha disparado en un 600% la trata de personas, solo en nuestro país. La mayoría, mujeres y niñas.

Y estas mujeres no tienen voz, no pueden gritar o defenderse. Imagínate estar en un cuarto, en un país desconocido, sin dinero, teniendo que acostarte con cincuenta hombres al hilo, con la moral tan baja que no puedes ni pensar.

Hace poco fui a Tijuana y Mimosas, debo confesar algo horrible; no, no tuve relaciones con un burro (en Tijuana hay un mito de ese estilo, no de mí, de los burros… ese no es el caso), el punto es que todo mundo nos decía (a mi pareja y a mí) que fuéramos a Hong Kong, un table dance muy famoso. Con lo celosa que soy, lo que menos quiero es ir a un table, pero todos los amigos de mi hombre dijeron que ellos iban a veces con sus parejas porque era algo inusual y turístico. A ver, no es como que Tijuana tenga la Torre Eiffel, si los lugareños me dicen que su máximo lugar turístico son mujeres bailando, les creo.

Fui a regañadientes, pero con la intención de ver.

Odio el maltrato animal, de hecho, no como ni cerdo, pollo o res, así que ir a los toros se me hace la cosa más imbécil del mundo (perdón, pero no perdón a los que les gusta). Un día me invitaron y fui, nunca había ido y dije: Si voy a criticar, más vale que vea de que se trata. Me largué de la plaza de toros a la media hora, era como estar en el Coliseo muchos siglos atrás. Fui a ver a los estúpidos humanos regocijándose ante el sufrimiento de un toro que no tiene ni cómo defenderse, porque si la pelea fuera justa, ¡Uy! La putiza que les mete ese toro.

Lo mismo pensé en el table, si voy a criticar, tengo que ir. Había ido a un par de tables hace años en la ciudad de México. Había ido con amigos, de hecho, una vez fui con puros hombres y a una amiga que le encantaba ir al table (ahora una disque muy respetable madre de familia), y uno de mis amigos le pagó a una teibolera para que nos enseñara a mi amiga y a mí a bailar en el tubo. Mi amiga y yo estábamos más interesadas en la vida de la teibolera que de bailar. Mi amigo se enojó muchísimo. Aun me da placer recordar su cara al vernos platicar como comadres en medio de la pista.

En eso sí podemos generalizar; a todas las mujeres nos encanta la chorcha (el chisme) así seamos prostitutas, panaderas o amas de casa.

Estamos en Tijuana. Pagué cien pesos para entrar, y lo que vi, no sé si pueda ponerlo en palabras, era como un Disneylandia retorcido. Lugar de tres pisos, luces neón en todas partes, hombres sentados en sillones o parados con una cerveza en la mano y mujeres en ropa interior caminando, sentadas en las piernas de algún tipo o arriba de la barra rodeando los famosos tubos. Pero entre más me adentraba al lugar, más me sentía en uno de los infiernos de Dante: En una de las barras, que era más una mesa, habían dos mujeres llenas de espuma, una lamiendo la vagina de la otra.

¿Alguna vez vieron la película Requiem por un sueño? ¿Vieron la parte donde Jennifer Connelly está encima de una mesa rodeada de hombres siendo penetrada por un dildo? Esa fue la siguiente imagen que recibí. Al llegar al segundo piso, dos mujeres completamente desnudas, una le metía un dildo en dudoso orificio (pues no me queda claro si era la vagina o el ano) mientras los hombres estaban sentados, casi babeando de satisfacción.

Fue como ver una escena de cerdos disfrutar la degradación más grande de dos seres humanos. No por satanizar el sexo, el sexo es hermoso, fue ver la parte más triste de mi género, no estamos para entretenerlos haciéndonos menos, ¿Qué historia debían tener esas mujeres para que eso fuera su pan de todos los días? Yo solo quería quitarme la chamarra y ponérselas encima, decirles que hay más opciones, que no tienen que hacer eso. Una amiga me dijo que hay mujeres que les gusta y que entran a esos lugares a trabajar con todo el conocimiento y libertad. Pero, ¿Cómo distinguir las que están ahí en calidad de trata de personas? ¿Cómo permitir que esos lugares estén abiertos?

Era como ver pornografía en vivo, y todos hemos visto pornografía así que me hice la pregunta: ¿Estoy siendo puritana o feminista? ¿Uso el feminismo cuando me conviene?

Solo puedo decir que en ese lugar me dieron ganas de llorar, y mujeres, ese lugar estaba lleno; habían gringos, asiáticos, mexicanos; hombres de todas clases sociales. Ahí van nuestros hombres, pero, ¿nosotras debemos vestirnos sin escotes para que no se enojen o se encelen o simplemente no ser violadas? Doble moral, todo cae en la doble moral, en el patriarcado que nos dijo que está bien o está mal. A lo mejor si esos lugares estuvieran organizados por mujeres, que estas mujeres tuvieran voz y voto de como fueran las circunstancias del establecimiento, para empezar no se cobrarían cien pesos en la entrada, estoy segura.

Pensé en los lugares para las despedidas de solteras, la contraparte, donde los hombres bailan; nadie se desnuda, mucho menos tienen relaciones entre ellos. Pensé en “Lady Coraline” que fue satanizada en las redes sociales por un beso, pensé en las veces que me han llamado puta por acostarme con alguien, o que me han llamado “fácil” por no usar brassier (odio usar brassier), o pensé en las veces que me han tocado una nalga sin mi permiso, o que me han gritado cosas ofensivas en la calle. Pensé en las veces que han dudado de mi talento o inteligencia por ser mujer, por no “estar tan fea” o por no ser “recatada”. Pensé en las veces que he conseguido trabajo y han dicho que seguro fue “porque me acosté con alguien.”

Pensé cuando fui abusada sexualmente de niña. O recordé un caso en la India sobre una joven que fue violada en un camión por estar a las ocho de la noche en la calle. Fue al cine con un amigo después de asistir a la universidad, pues ella les dijo a sus papás que el dinero que habían ahorrado para su dote, prefería usarlo en estudiar.

Y no solo la violaron, le metieron un palo, y al sacárselo, le sacaron los intestinos y la dejaron tirada en un barranco, con todo de fuera.

Viva.

Para después morir en el hospital.

Así de grafico lo escribo, porque así de grafico vi cómo estás mujeres eran el lugar más turístico de Tijuana y así de grafico lo pongo para que, ya seas hombre o mujer, antes de decirle a una mujer exagerada o loca o puta, te lo pienses dos veces, pues de esas seis mujeres asesinadas al día en México, no sabes cuál será la siguiente; tu amiga, novia, madre, hermana, esposa o hija.

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