Toda mi vida me han bulleado… ¿Qué pensaron? ¿Que esto sería comedia? Sí será, tranquilos. Sólo que, como buena comedia, se necesitó tiempo. ¿En que estaba? Ah, sí. Me han jodido toda la vida. Empezó cuando mis papás se separaron y nos quedamos con mi papá. Esto fue a principio de los noventa amigos, o sea, papá soltero estaba en su apogeo. Me interpretó Edith Marquez, y no se preocupen, no me voy a dedicar a cantar (alguien le debió decir eso a mi Edith). Mi pelo es rizado, ¡Oh gran shock para la gente que apenas me conoce! Es más rizado que el vello púbico. No tengo pelo púbico, pero mi pelo de arriba es como… bueno, entendieron el punto. ¡Hola a mis papás orgullosos de su hija! Mi papá, no pudo con mis rizos y a mis nueve años, me lo cortó como niño. Si le preguntan ahorita, dice que esto nunca pasó. Pero a los papás les da amnesia severa cuando envejecen; “¡Yo nunca te pegué!”. Nunca, papacito santo, luz de mis ojos.

Fui a la escuela al día siguiente, con el conocimiento que sería molestada. Hay que agregar que tenía orejas de Dumbo. De pequeña, lo ocultaba mi pelo, de grande las ocultó un fabuloso cirujano. Sin pelo y sin cirujano en aquel entonces, pues salían esas orejas sin miedo alguno las desgraciadas. Espero que si un día me caso y tengo un hijo, no las herede el chamaco o me van a demandar por falsa.

Me decían de todo: fea, antena, Topo Gigio, pero sobre todo, niño. No había día que no me dijeran niño. Que me cambiara de escuela porque esa era una escuela mixta y que no podía estar ahí. No sólo extrañaba a mi mamá todos los días, también tenía que lidiar con el hecho que no parecía niña. En secundaria, se intensificó. Me llamaban March de los Simpsons por mi pelo (ya largo), Dumbo por mis orejas (todavía sin operar), y hasta me llamaban imbécil, por ser introvertida. Gané una apuesta de la niña con la que menos tendrías algo romántico, pero gané la que seguro tenía una especie de retraso. A ver, en mi defensa, me molestaban todo el día, no iba a hablar para demostrarles que en verdad era medio imbécil. Mi refugio fueron los libros y mi mejor amiga, Dafne, que ya murió, (no, no la maté), pero tuve la fortuna que alguien tan fabulosa como ella viera algo bonito en mí cuando más lo necesitaba.

Es curioso, ahora que lo pienso. A partir de la pre adolescencia, no queremos otra cosa que ser igual a los demás, encajar y cuando te vuelves adulto, lo único que quieres es ser único, especial, pero ya estás tan moldeado a tantas personalidades, que volver a tu esencia es un reto. Ahí, llegan los terapeutas a sacarte todo el dinero de adulto. Vida, todo un misterio.

Preparatoria ya ni era yo, era como una chava “bebo mucho y según yo, me acuesto con todos para agradar”, pero la verdad era virgen porque nadie se quería acostar conmigo. Sí gente, perdí la virginidad a los veinte años. Después recuperé el tiempo perdido. Tranquilos.

Estudié actuación. ¿Cómo una persona tan insegura puede estudiar algo así? Les dije que sí era medio imbécil y que esa encuesta en secundaria tenía razón. Demasiado gorda, narizona, cachetona y ¿pelo rizado? Ni en fucking broma. Pongámonos carillas para los dientes, alaciemos el pelo, seamos rubias, no comamos. Al final, estaba exhausta de tratar de ser alguien que no era. Qué sea bajo mis propios términos, pensé, me daré trabajo a mi misma. Estudié creación literaria. Guión, cuento, novela, y desde ahí, mi amor por Borges. Pero claro, era objeto de todas las burlas: Reese Witherspoon en Legally Blonde de los escritores. Al carajo, ni quería estar con ustedes. Hice mi blog, Mimosas para desayunar, que no necesitaba de nadie ni de nada. Ya casi cumple siete años, de hecho. Y conocí, por la improvisación, años atrás, la comedia. Hice un video blog (que todavía existe) con una conductora de radio llamada Mónica. La idea, hablar de sexo divertido para las mujeres. Y así, desde mi computadora, nadie podía molestarme.

Un día fui a ver a Mónica a hacer stand up, pero ya llevábamos una mala relación de amistad. Era de estas amigas que “te bulleaban jugando”. Y vaya que había conseguido hacerme llorar varias veces. No me malinterpreten, yo también soy así, pasiva agresiva y varias amigas de años me han tenido que poner altos o me han mandado a la chingada por ser pesada. Pero yo no sabía que el amor, entre pareja o amigas, se basa en el respeto. Voy a verla a un show y mi ex novio me dice: deberías hacer stand up. Pensé: jamás, ¿Sola en un escenario? Es justo lo que he tratado de evitar, que me juzguen. Después descubrí que la gente del público serían los que menos me juzgarían, los duros críticos de mi persona han sido mis “colegas”.

Entré al medio con la mano dura del chingón Gus Proal, la ayuda disfrazada de Mónica y el bondadoso Villita. Sí lector, se van a decir nombres, ¡qué emoción! La oscuridad que todos tenemos, el hacer daño a uno y a los demás, viene por no enfrentar las cosas de frente. Pero primero viene mi nombre: Marcela Lecuona, su oscuridad vino de su inseguridad, siguieron las adicciones, la agresividad, el miedo, el quererse matar.

Quedé en Comedy Central la primera vez que me subí al escenario. Y sí, mucha gente vio algo en mí. A veces pienso que si fuera estrella pop, sería como mi Britney Spears. Empezó y todos dijeron, “¡Mira! Que rubia más dulce y talentosa, puede que sea la nueva… ok, no, Britney no, suelta eso… ¡Se rapó!” Así yo, sólo que no tengo los huevos de raparme.

Marcela, y ¿la comedia? ¿No quedaste al principio que me iba a reír? Sí lector, ahí voy. El bullying empezó gradual. Primero era la sensación, la niña nueva y, a diferencia de toda mi vida, varios (no todos) querían tener sexo conmigo. Pocos me lo dijeron de frente, y los que no, lo hacían discretamente. No puse freno a los rumores aunque fueran mentira, pero claro, no sabía ni quién era yo; la introvertida, la imbécil, la lectora, la actriz, la gorda, la alcohólica, la dumbo, la niño, la legally blonde, pensé que era todo eso, menos la guapa del grupo.

No, me equivoqué. Aquí no era la guapa. Era la puta. Porque debí haber sido la más puta para hacer stand up tan rápido. Y, ¿saben quién empezó el rumor? Mónica. No sólo de mí (¿recuerdan, amigas comediantes, el mail que nos llegó y todas sabíamos de quién era?), pero supongo que no sólo a los padres les da amnesia, varias se quedan calladas y siguen dando show con ella. Muchas por miedo. Todas lo sabemos, pero hay silencio pues hay poder de por medio. Oscuridad, chicos.

De ahí, como pólvora, no cesaban los rumores. Yo en mi casa con mi novio argentino tomando mate, (les digo, cero personalidad) y al parecer era la más puta del condado. Entre más proyectos llegaban, no sé como podía siquiera caminar, pues al parecer llegaban de tanto sexo que tenía.

Me llegaban mensajes de comediantes, ahora con especiales en Netflix, haciéndose los chistosos, recibía invitaciones de “trabajar” mi material y pensé… espera ¿me están tirando la onda? No. Uno gritó en un bar hace poco que me había dejado mi ex por cocainómana. Así, de la nada, haciéndose el chistoso. No le entro a la cocaína. Perdón amigo, pero, espera, ¿lo dices por llamar la atención?

Otra inventó (curiosamente amiga de Mónica) que en un viaje a Los Ángeles me metí al cuarto de un comediante. Mentira, pero era muy comentado que yo no merecía estar ahí. Otro comediante, que yo estaba en una lista de acosadoras sexuales. Lista que inventó… ya deberían saber quién.

Llevo cuatro años en el stand up y durante los primeros tres, lloré mucho.

Ibrahim, un comediante, un día me pintó dedo por como iba vestida, me dijo que traía zapatos de puta. Me hizo llorar. En su defensa, me pidió perdón y me dijo que no llorara, que todo lo que sintiera, lo hiciera arte. Aquí está mi arte. Fredy el Regio me agarró una nalga en un camerino, pero esa historia ya la sabemos, el tipo regresó al bar dónde acosó muchas veces, pero da igual, hablemos de cómo Marcela se embriaga en ese bar.

Cuando empecé, comediantes iban a mi show y se sentaban hasta adelante con los brazos cruzados sin reírse, sólo para intimidar. Empecé una relación dentro del medio, donde todo mundo tenía algo que decir al respecto; todo el tiempo le decían al susodicho en cuestión que me dejara porque lo iba a lastimar, pues por ser bien puta. Y entre mejor me iba, más hablaban y después, todo se desmoronó. Cesaron los shows, mis ganas de escribir, mi pseudo carrera, mi relación, me quería morir. Esa oscuridad que siempre tuve se desbordó (¿recuerdan mis posts?)

Una vez un comediante me dijo: No estás loca, nos daba gusto cuando te iba mal. Te pido perdón, porque yo también hablé mierda de ti.

Me hice feminista, qué felicidad me da decirlo, porque hay una Marcela antes y después (creo que ya lo era, pero no me había dado cuenta, pues también era machista, muy machista) y me hice varias preguntas gracias a esto, porque algo no estaba bien en la ecuación. ¿Por qué no paraban? ¿Por qué me odiaban tanto? ¿Por qué me llamaban puta?

Y más bebía alcohol, ¡con ellos en un bar! Sabiendo que me odiaban, otra vez era la imbécil del salón. Pero quería pertenecer como esa niña de trece años de nuevo, quería ser una de ellos con todas mis fuerzas.

Fui a terapia para bajarle a mi problema con el alcohol o encontrar el por qué de mi adicción y le conté todo esto a mi terapeuta. Recuerdo haberle dicho: estoy harta, todo el tiempo me joden, toda la vida me han bulleado, estoy fastidiada que en mis treinta, esta gente tenga el poder de lastimarme, abusar de mí, hablar de mí como si me conocieran. Inventan cosas que no sé como parar.

Esto, obviamente mientras yo lloraba desconsolada.

Me miró y dijo: “Marcela, no eres una víctima.”

“¿Perdón? A lo mejor no escuchaste bien terapeuta que le estoy pagando: ME HAN JODIDO TANTO EN EL STAND UP QUE HE PENSADO EN MATARME.”

Me miró de nuevo y dijo: No, no eres una víctima, la que está mal aquí eres tú.

Y todo lo que pensaba de mí, la gente que me odia, esta vida, mi infancia, las personas que joden a los demás, el mundo, el amor, la maldad, la felicidad, la sociedad, se fue a la mierda.

 

Esa es la comedia.

 

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