En el silencio de lo dicho, palomas grises llevan el mensaje.
¿Cómo puede ser que tanto dolor y valentía quepan en una vida? A veces quiero cerrar los ojos y descansar, pero no me deja dormir la mirada constante de mi inseguridad. 
Vida mía, tengo miedo.
Miedo de morir sola.
Miedo de vivir loca.
Miedo de solo sobrevivir.
Quisiera la mano de un amigo, un desconocido, el abrazo de mi amor bailando en la oscuridad mientras susurra: Calma ñiña, estoy aquí.
No encuentro la empatía ante la desgracia del ser humano, ¿Cómo encontrar compasión ante alguien que ha hecho tanto daño?¿Cómo encontrar cariño hacia mi enemigo y sobre todo, amor hacia mi? Mis poros ya no pueden de tanto sentir.
La risa que alimenta el alma quebrada, porque al final, no entendemos nada. Mirar a los ojos, sentir con fuerza, amar sin medida, tomar aire, decir palabras lindas. Cosas tan simples que pueden salvar vidas. Todos en nuestra constante, corazones rotos en la profundidad.

Diamantes vistos desde un avión ante la neblina incesante, eso blanco en la cima de la montaña que te invita a tomarla, pero no alcanzas. Ese diamante, que al amar a alguien, quieres poseer. Lo mejor de nosotros, nuestra esencia, nuestra alegría, tristeza, la noche, el día, la voz, la música, las ganas de vivir.
Mi diamante está ahí, suelto, sin pegamento. Cae y rebota ante cualquier estímulo de amor, no me juzga, no señala, sólo pide a gritos que tome y lo valore. Muchos han jugado con él, diamante igual a todos, pero único, pues es mío. Diamante olor a playa hecho en Acapulco. Ese momento exacto cuando fui creada, con cielo naranja y mar esmeralda. El preciso momento cuando mis padres se amaban.
No sé si hago bien, no sé si hago mal, me muevo ante el poco juicio de mi nula sobriedad. Palabras constantes en mi cabeza, no saber ser adulto es la respuesta. Pesada como el tiempo exacto en el que estoy, en el que estuve y en el que estaré. Todo se esfuma, y no sé si estaré aquí otra vez.
La muerte y el amor, tan poéticos, me hacen recordar que soy tierra, pero no etérea. Que la marea es alta, el tiempo infinito y que van a seguir por siempre, aunque no este mi ser para que lo presencie.
Cuando me veo al espejo, ya no veo a alguien guapo o feo, solo veo a alguien existiendo.
Y aquí la vuelta de tuerca, ¿para que compartir? ¿para que amar? Todo se va a ir.
Diría algo cursi como “es lo único a lo que vine”, pero no. También hiero, hago sufrir, lastimo con palabras y acciones. Tengo ese gen asesino, mato todo lo que tiene vida, quiebro espíritus con pensamientos. Escupo diamantes que no quiero que brillen. Sin pensar que a la que hago sufrir, es a mí. Porque cuando apago diamante ajeno, el mío se desvanece pues no tiene sustento.
Ahora veo a un esposo tomarle una foto frente a la torre Eiffel a su mujer en silla de ruedas. Jóvenes los dos. Ella sonríe con esfuerzo, él le dice que se ve hermosa. El amor dista de ser fácil, es jalar esa silla de ruedas en calle empedrada sin luz de luna y sin velas en la noche.
Quién desea dar amor y ser amado, debe saber que no es película francesa. Post guerra, es lo que es. Vivimos en una época en la que hay demasiadas opciones para construir, pero el valiente se queda en esa ciudad desecha para colocar con cada ladrillo, cada caricia, un cuerpo herido, ser enfermera dispuesta.
Todos tenemos muertos en edificios siniestros.
El que nos ama; el amante, la familia, el amigo, sabe esto, algunos se van para aprender otros idiomas, otras caras, sensaciones. Los valientes, los amorosos (diría Sabines), se quedan a sanar, ayudar, para amar.
Lo sé y pienso en todos los edificios caídos por mi culpa, los heridos que dejé a mi paso sin importarme, sin voltear cabeza, sin dignarme a hablar.

“Mi tiempo en esta guerra terminó, iré a construir a otro lugar.”

Perdón por dejar lugares en penumbras, perdón a la gente que me amó y no supe amar. Perdón por no ser valiente y culpar a los demás. Perdón, porque el valor de amar está menospreciado, desvalorado, es un like.
Perdón por ser tonta e irracional. Por no saber abrirme adecuadamente y suponer que soy la única que sufre en un mundo de ego medieval. Perdón por no quedarme a ayudar.
Pero, si también me han dejado en penumbras en mi post guerra, ¿cómo saber que irme no era opción? No, no lo sabía. Sólo sabía irme. Ahora me quedo quieta, veo de lejos mi ciudad en ruinas, y pido ayuda. Grito ayuda. Suplico ayuda.

“Ayuda, estoy perdida, estoy en ruinas, estoy caída. Dame una sopa, calor humano, dame abrigo, amor amigo desconocido.”
Cada vez que creo encontrar el significado de la vida, lo vuelvo a perder. No lo hay. No hay misión, ni cielo, menos espera.

Sólo soy lo que doy.

No hay secreto, ni fábula, no hay texto, ni novela, guión ante el mejor escritor, no hay nada más que el hoy.
Esto es lo que es y nada podrá cambiarlo.
Puedo cambiar mi destino, las acciones determinan mi camino. Puedo, es una opción, no sentir ante nada ni nadie, que me bajaría a una frecuencia fúnebre al que sólo atraería seres así, pero veo mi naturaleza cuando un niño trabaja en la calle, sus ojos, su sonrisa, su inocencia, su diamante a plena luz para que alguien lo vea. Y no puedo, no puedo sostenerme.
¿Cómo somos tan hijos de puta? ¿Cómo somos tan desalmados? ¿Cómo somos tan indiferentes? ¿Cómo somos tan fríos, tan asquerosos, tan impunes? ¿Cómo dejamos a los oprimidos sin ser vistos? ¿Cómo los usamos de burla ante nuestra sociedad clasista, cínica y capitalista?
Alguien me dijo hace poco que ahora vemos lo feo, esa oscuridad, porque empieza la luz. ¿Sientes el escozor ante la mugre? Es la luz que dice, no hay tiempo que perder, debes pensar en los demás.
Unas palabras resuenan en la cabeza: “Nadie te va a amar. Nadie te soporta.”

Me las dijo una persona que amo. Decido sentarme en mis ruinas, en esta guerra llamada vida, y a lo mejor tienen un poco de razón. Nadie necesita recordármelas, me lo digo todos los días. Me compadezco en mi edificio destruido, me convierto en víctima, esa persona tóxica que se regodea en su desgracia. Recuerdo los primeros auxilios y grito por ayuda.

¡Ayuda! Se cae lo que he construido. Ayuda, por favor, necesito amor, necesito abrazo, necesito sueños, necesito ciudad con buena señalización, con faros, un rio. Ayuda, no me abandones en mi post guerra. Sostén mi mano cuando se derrumba. Si también necesitas ayuda en la tuya, cuentas conmigo, construyamos juntos, nos soportemos o no, porque respeto tu identidad, tu vida en este mundo. Tus pasos al caminar están junto a los míos. Por algo nos tocó vivir en este momento, en los mismos espacios, los mismos años, no tenemos que hacerlo en soledad. Estamos unidos. Somos lo mismo. Uno.
Ayuda, ayúdame, dame amor para construir ciudad esmeralda con el diamante que logré encontrar debajo de un ladrillo donde el terremoto lo escondió.
Pido ayuda, aquí te espero, donde estés, recibe esta paloma mensajera, porque puedo construir sola, pero ansío tu eternidad.

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