Hoy empecé a dieta por enésima vez en mi vida, segunda en el mes, y quinto intento en lo que va del año.

He hecho tantas dietas que podría ser bariatra con la mano en la cintura, (o donde debería existir), quise decir nutriologa, pero eso de combinar proteínas con verduras e hidratos nunca me ha salido, en cambio pregúntenme por las pastillas, geles, fusiones, polvos, productos naturales y antinaturales que existen en el mercado, y todos los he probado, bueno casi, porque algunos son exageradamente caros, y cuando los he tenido de frente, milagrosamente tomo la decisión de bajarle a los tacos y creo firmemente en que el día de mañana (mejor dicho el lunes), tendré la fuerza de voluntad para bajar de peso por mérito propio. Ay ajaaaaaa, entonces se me atraviesa un puesto de elotes con extra queso, unas alitas al carbón con salsa maggi, limón y tajín, las hamburguesas de la esquina con doble carne y tocino, o unas papitas mega crujientes sabor jalapeño y digo: “Ok, al cabo mañana empiezo la dieta, esto es la despedida de la comida chatarra”, y ¿qué creen?, al día siguiente pasa el de los tamales y caigo en la @*#!€=| tentación de tragar de nuevo, el caso es que esto de “intentar” bajar de peso es un cuento de nunca acabar.

Hace unas semanas el querido Facebook tuvo la amabilidad de recordar un post que hice un año atrás, en donde muy segura de mí misma anuncié que había tomado la decisión de no volver a escribir “Bajar de Peso” en mi lista de propósitos de año nuevo, y no supe si reír, llorar, o preocuparme, entonces mejor salí de “un día como hoy” y entretuve mi cabeza en otra cosa, o seguramente fui por una salchicha al refrigerador (me conozco).

Pero debo confesar que el día de ayer, oh Dios, el destino hizo que me topara con unas imágenes de hace tres años en donde (debería darme vergüenza contarles) tenía un poco más de diez kilos abajo (mejor no les digo cuántos), y fue como echarme un balde no de agua fría, si no de hielo puro frotando mi cuerpo, como cuando vas a la hieloterapia y sufres y reniegas por unos minutos mientras sientes cómo se congela cada centímetro de tu volumétrica panzota, pero sabes que ese ardor es por tu bien y mejor te aguantas. No saben el shock que causó verme en otro cuerpo completamente diferente al de hoy, pero sobre todo el impacto emocional que tuve al ver a Mariana como en toda mi la vida he deseado ver (glup), y corrí a comer unas papas que había en la alacena para pasar el trago amargo, es broma, la verdad es que se me llenaron los ojos de lágrimas y entré a mi álbum de fotos para sufrir más a gusto recordando lo delgadísima que estaba y lo bien que lucía absolutamente todo lo que usaba. No me crean, pero fueron fácil dos horas buscando en Facebook e Instagram esas imágenes que me dijeron “tú puedes”, ya has estado así y sabes lo que debes hacer (casi casi al estilo de la rosa de Guadalupe), entonces guardé algunas fotografías en mi celular y las dejé muy a la mano como recordatorio de los resultados que trae el esfuerzo. Obviamente las reenvié a mis hermanas y a algunas amistades, primero para decirles que quería morir por haber perdido lo que ya había conseguido, y segundo, para suplicar que me ayudaran con mi “fuerza de voluntad”.

Y es que si algo he aprendido en tantos años de amor con la comida, es que está bien cabrón dejarla, (así con mayúsculas y negritas), y creo que es muy necesaria la ayuda de quienes nos aman, ya sea uniéndose cuando salimos a comer, pidiendo una pechuga a la plancha como nosotros, o mínimo dando apoyo moral diciendo que se les “antoja” muchísimo la enorme cama de lechuga con espinacas y una lata de atún desabrida que nos estamos comiendo.

Pero ¿saben qué es primordial?, el amor Propio, es triste aceptar una realidad tan fuerte, y no quiero decir que no me amo, al contrario, amo ver como luzco en el espejo sobretodo con este trasero que me cargo, pero cuando analizo que toda mi vida me la he pasado intentando dieta tras dieta, algo me dice que no estoy conforme por completo, y si soy más sincera, no creo que mi colesterol, triglicéridos (y cuanta cosa se afecte por el sobrepeso) estén bien, y si no le he dado importancia a la salud, eso, aquí y en China se llama falta de amor, ¡ups! En fin, hoy decidí quererme más y demostrarlo a diario, volviendo a esa dieta que hizo el milagro en mí, y al final del día pude poner una ✔ en el calendario que apenas comienzo, y eso me hace muy muy feliz.

Facebook: Mariana Vargas

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