No recuerdo cuando fue la primera vez que le dije a un hombre “te quiero”, pero sí recuerdo al último que le dije “te amo”.

Lo recuerdo porque después de él, cada que mencionaba un “te quiero” a mis nuevas parejas me preguntaba si había sido sincero, real, de corazón, honesto.

Este cuestionamiento acrecentó con los años, no por comparar mis nuevas relaciones con la pasada o por extrañar a mi ex, sino más bien por mi nueva habilidad desarrollada después de vivir seis años al lado de alguien.

Ahora sé olvidar con facilidad, se me quita la pasión con rapidez, dejo ir sin padecer, les muestro sus alas a los ciegos aprensivos y amo la libertad, la soledad absoluta, así como la soledad por decisión o en compañía. Ahora sé que nada nos pertenece por completo, y eso es encantador, nada es eterno y eso me genera paz. Sé que los enamorados son compañeros de vida y no prisioneros.

Me enseñó la vida que un hombre que se va y vuelve cuando quiere no lo hace porque te ama, sino porque sabe con seguridad que puede volver cuando le vaya mal o quiera, pues tu dependencia lo recibirá.

Entendí que los silencios son fabulosos cuando se sabe amar y determinantes cuando se sabe que todo está jodidamente podrido.

El que quiere estar en tu vida estará en tu vida, así de fácil

Asimilé que la manera más fácil de complicarnos la vida es quedarnos dónde no somos felices, que la gente no cambia, pero cuando te aman se esfuerzan por moderar algo. Que no debemos esperar a que nos nieguen tres veces para entender que nos traicionarán. Que nadie es indispensable y que nadie muere por amor.

Me sorprendí que deje de sufrir cuando alguien me decía adiós o cuando yo decidía marcharme, pero sé, con certeza, que si alguno de esos que ya no están les dije un “te quiero”, fue sincero y real, la diferencia de los pasados es que ahora sé cuánto valen y quién no los merezca, no los volverá a recibir de mi boca.

Deje de mendigar amor, de rogar cariño, de sentirme menos que alguien, de dejar que me achiquen, deje de esperar a que cambien, deje de permitir que otros manejaran mi vida y la estrellaran con sus carencias emocionales.

Aprendí a dejar ir a aquellos y aquello que me demuestran que no quieren estar, o que mis sueños y felicidad les molestan o asustan. Deje de conformarme, tengo una sola vida y quiero lo mejor en ella para mí.

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