Como creadora, tengo un personaje favorito, Marcela. Para escribir un buen personaje, necesitas conocerlo a la perfección: Marcela es de piel blanca, ojo claro, pelo negro (pero se lo pinta de rubio), alegre, extrovertida, depresiva, dura, fuerte, confrontativa, le gusta transgredir y retar a la gente. La hice así porque al crear su pasado, le puse una huella de dolor fuerte y está a la defensiva para que no la lastimen. Así sé que mi personaje tiene herramientas para enfrentar cualquier situación.

Duerme con la luz prendida, pues le da miedo la oscuridad, con música de piano en su celular y da las gracias por las cosas bonitas que le pasan en el día. Le gusta estar con sus amigos, pues le dan energía.

A mi personaje le va bien después de muchos años de luchar por tener una carrera, no es rica, pero no es pobre, tiene mucho trabajo, pero viaja y puede estar en pijama todo el día pues es comediante. Va a terapia, es feminista y pareciera que es empoderada.

Hace unos años, a pesar de todas las cosas positivas que le he dado, tomó malas decisiones. No podía pasar de capítulo. Todo comenzó a la mitad de la historia cuando dejó a un hombre que la amaba por otro que no.

Mi personaje es tan básica.

En el mundo del stand up aumentó su alcoholismo, que en varias ocasiones ya le había escrito situaciones para que dejara ese vicio, pero no solo mi personaje es terco, también le gusta el auto boicot. En algún momento la dejé sin trabajo y sin dinero para ver qué hacía. No cambió su comportamiento. Quise darle un sueño; coprotagonizar una serie de comedia. Acomodé capítulos anteriores de su vida para que todo se confabulara y se quedará en la serie.

Aun así, llegaba tarde a los llamados, a veces en vivo o lloraba todo el día por el tipo que no la quería y grababa las escenas con los ojos hinchados de tanto llorar. Le di dinero que tanto me pidió. Lo uso para irse un mes a Europa. Conocer París era otro de sus sueños.

Lloraba por el mismo tipo todo el día cuando estuvo allá. Tomaba hasta dormir llorando o fumarse una cajetilla de cigarros entera en el frío.

Como su escritora, estaba desesperada, ¿qué carajos iba a hacer feliz a mi personaje? Le daba todo lo que quería y varias muestras para que dejara al tipo que la hacía infeliz: Mensajes a otras mujeres, infidelidades, traiciones, deslealtades, y no lo dejaba.

Creí que había hecho a mi personaje más fuerte que eso. Antes que se fuera a París, el tipo dormía a su lado, ella tomó su teléfono y vio de nuevo mensajes que había visto durante meses pero con otras mujeres.

La standopera más famosa del país le preguntaba al tipo si Marcela y él eran novios de nuevo. La pregunta concreta fue: “¿Regresaste con Marcela? ¿Qué no te puedes coger a otra?” A lo que él respondió: “Es mi amiga, no somos novios.” El lector pensaría que mi personaje fuerte, como le conté al principio, lo dejaría, pero no. Leyó más mensajes. Ahora a una ex novia. El tipo le ponía: “Oh, Dios mío, eres hermosa”.

Marcela lloró en la madrugada, pero quiso seguir con él, pues se me olvidó crearle algo a mi personaje: Amor propio.

En París, me tenía harta. Le di otro sueño y pensé, si no lo aprovecha, le doy una vuelta de tuerca, que significa, un sacudón en la vida. Un JAQUE. La mandé a Dinamarca, pues una chava que apenas conocía, la invitó. Unos días antes, el tipo en cuestión, le mintió de nuevo. El tipo fue a Acapulco y le dijo que se la pasó dormido. Marcela después se dio cuenta que él había salido con varias personas al antro, y que una vez más, trataba de verle la cara, otra muestra más que no la amaba. Le escribí esto a Marcela para que disfrutara su estancia en Dinamarca, pero no. En el primer día, el tipo la llamó borracho y le dijo: “Quiero terminar, no te soporto Marcela, eres más grande que yo y ni así te soporto. Nadie te soporta, vas a terminar con un cuarentón que seas su última opción”.

La mejor amiga de Marcela estaba frente a ella cuando Marcela recibía esas palabras por teléfono, y su amiga le preguntaba: “Ay, que lindo tu novio ¿Ya te extraña mucho?”

Marcela asintió y ahí empezó la tristeza profunda.

Dije, y tienen que entender que soy su creadora, no quiero su mal, pero Marcela ya me tenía hasta los huevos, “Ojalá que Marcela por fin se de cuenta que este tipo no la ama, y se de la oportunidad de salir, de conocer, de ser feliz”.

Pues no, mi personaje es muy pendejo. Debo confesar que cuando escribí a este personaje hice que su mamá no tomara ácido fólico y debo hacerme responsable de esa decisión.

Marcela regresa a México y en el fondo deseó que él pasara por ella. No lo hizo. A los dos días muere el primo del tipo, y Marcela ya estaba en el velorio. Tenía un mes de no ver a su novio de tres años, ex novio, pues ya la había cortado por teléfono. Pero ella lo abrazó y besó en la cara por horas, pues eso sí, la hice amorosa a madres.

Después de eso, el tipo le dijo que no quería regresar con ella, que ella lo había abandonado cuando se fue a París un mes.

Marcela tomó alcohol, mucho alcohol de tristeza, tomó tanto que tocó fondo. Entendió por qué tomaba en realidad. Para que alguien se hiciera responsable de ella, que la cuidaran, no sentirse sola.

Por fin, pensé, mi personaje estaba lista.

Le escribí varios jaques.

Jaque uno. Estreno de su serie en televisión nacional, el tipo en su celular hablando con su mejor amigo.

Jaque dos. El estreno de su especial de comedia, el tipo le dijo que un especial en Comedy Central no era un parteaguas en su carrera.

Cada vez veía a mi personaje más triste, pero le daba momentos increíbles, y ella quería incluir al tipo a fuerza, cuando era evidente que él no quería estar.

Jaque tres. Operan de emergencia a Marcela, apendicitis. Marcela le pide al tipo que vaya a cuidarla como cuando eran novios. Él le dice que sí, pero cuatro días después de la operación. Llega el día y le dice que sí puede verla otro día, porque estaba en el cumpleaños de la novia de un comediante. ¿Ya podía ser claro el mensaje para mi personaje? Necesitábamos pasar de capítulo por muy doloroso que fuera para Marcela.

El tipo le dijo: “Estoy alejado de ti porque tu realidad es una mierda. Te quiero lejos.”

Pero el tipo no se fue del todo. Marcela cumpliría pronto treinta y cinco años. Era ahora o nunca. Él la buscó en su cumpleaños, se vieron, y mi personaje le preguntó, con lágrimas en los ojos “¿Por qué siempre te escribiste con otras mujeres? ¿Por qué me negaste? ¿Por qué no te fui suficiente?” a lo que él contestó “Les escribía a otras mujeres para que vieras los mensajes y me dejaras, porque yo no tenía el valor”.

El tipo se fue de casa de Marcela, pero esa respuesta a ella no le bastó. Recordó quién había sido ella antes de conocerlo; él era el inseguro, la celaba, le rogaba que lo amara, que no lo dejara y cuando la tuvo, fue cuando la empezó a tratar de esa manera.

Marcela salió de su casa y le puse el último jaque. Parada en una esquina, se acercó una mujer de aproximadamente cuarenta años, tomó del hombro a Marcela y le dijo algo en el oído. Casi como un susurro. Marcela se sobresaltó. La mujer ya estaba lejos.

Era Marcela de cuarenta y cinco años que traje a la historia, para decirle que todo iba a estar bien, que soltara, que él no la amara, era lo mejor para ella. Que venía algo increíble, tan mágico, que después Marcela se iba a reÍr de todos esos años que no se sintió amada. Amada por ella.

Pueden pasar ese tipo de cosas en la historia de Marcela, pues creo que tiene terror, amor, realismo mágico, misterio.

Marcela volteó al cielo, pude ver su mirada fija en mí. ¿Un personaje que reta al escritor? ¿Dónde se había visto eso? ¿En qué relato?

Me dijo de una forma muy concisa. “Yo decido mi historia, y es una historia de amor”.

Me quedé fría, ya no pude seguir escribiendo, el teclado se averió.

Lo último que pude ver fueron las letras R, I, C, A, R, D, O desvanecerse de la historia para formarse la palabra “tipo”, pues Marcela en el momento que se amó de verdad dejó de pensar en él. Se acabó su amor por él cuando se amó a ella.

Yo sólo pude pensar el nombre del siguiente capitulo: JAQUE MATE.

 

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