Hace mucho salí con el hombre perfecto; alto, güero, ojos claros, rico, bueno en la cama. Su único defecto: mujeriego.

 

Durante un tiempo no me importó. Como toda mujer independiente y muy moderna le dije: “yo solo quiero una relación abierta”

ERROR NÚMERO UNO:

Nunca le digas a un hombre que lo tiene todo, que puede tenerte en una relación abierta, porque lo único que tendrás siempre abiertas, son las piernas.

Ni siquiera tenía que pasar por mí. Nos veíamos en algún lugar y después de unos chupes nos íbamos juntos.

Me sentía la mujer más afortunada, de todas las mujeres con las que podía estar ¡Decidía estar conmigo!

Pasaron los meses, ¿y cuál fue mi sorpresa? Un día haciéndolo, él encima de mí, viéndome a los ojos me dijo: “te quiero”

Yo, claro, quedé en silencio. Solo me vine, es lo menos que podía hacer después de una declaración así de fuerte.

Me invitó un viaje romántico, fin de semana en la playa.

ERROR NÚMERO DOS:

Si un hombre rico te invita a la playa de viaje y esa playa es Acapulco, definitivamente no te quiere.

No es necesario decir que en el viaje la pasamos increíble, tuvimos relaciones mil veces y ahora no decía te quiero, ¡decía te adoro!

Mi paciencia estaba dando frutos.

Me dejó en mi casa después de tres días juntos.

Una semana sin saber de él.

Lo que sucedió unos días después lo puedo describir como: “el hijo de puta besándose con otra en el antro”.

Mi corazón se hizo pequeñito, ¿pero cómo? Pero él me dijo…

Pero nada.

Ni pedo.

Pasaron los años.

Nos volvimos a encontrar y me invito a su casa en Teques.

ERROR NÚMERO TRES:

Nunca te vayas de fin de semana con un tipo que te rompió el corazón, él solo quiere sexo. A menos que estés en una sequía, acéptalo, si no, mastúrbate y tendrás mayor satisfacción, y puede, que algo de dignidad.

Obvio dije que sí.

En el camino me decía que me había extrañado, que estaba más guapa que nunca…

Bueno, yo feliz…

Él estaba más hermoso que de costumbre.

Su casa enorme con todo el personal a nuestra disposición solo hizo que me sintiera María Mercedes o mejor aún, Rubí o una Teresa, ya me veía señora y patrona de todos sus dominios.

La segunda noche tomamos demasiado vodka. Él estaba enfermo del estómago así que decidimos no salir. Bailamos en ropa interior en la sala y agotados nos acostamos mientras el masajeaba mis pies.

Lo vi, ¡oh no!, lo podía sentir, el amor brotando de nuevo. Sentía sus dedos en las plantas de mis pies. ¡Maldita maldición! ¡No otra vez!

Dije algo chistoso.

Se carcajeó, su risa se oyó hasta el último rincón de la casa.

Y después, silencio.

Soltó mis pies y gritando de un lado a otro como un loco vociferó:

“¡Me cagué!, ¡me cagué!”

ERROR NÚMERO CUATRO:

Si estas enfermo del estómago no tomes vodka, porque te puedes cagar y no de risa.

En ese momento y para siempre, dejé de quererlo.

Simplemente dejó de ser perfecto.

 

@marcelecuona

 

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