Pensando como hombre

Lucía y yo ya estábamos un poco hartas de cubrir las cuentas de Alejandra. Cada mes era lo mismo, “no tengo dinero, no sean malas… préstenme… les prometo que el próximo mes si les pago… la renta subió bastante, no he quedado en ningún casting bla, bla, bla”

Las tres teníamos ocho años de conocernos, estudiamos juntas actuación pero la vida nos había llevado a lugares muy distintos en el ámbito profesional.

Yo me dedique a escribir (pero en realidad me mantenía mi novio), Lucía era maestra de actuación para niños de primaria y Alejandra era la única que seguía persiguiendo el sueño de fama.

A mi me tomo dos años darme cuenta que mi “actuación” no me llevaba a ningún lado. Iba a casting todos los días pero solo quedaba en personajes para la televisión tan pequeños que si parpadeabas te perdías mi gran interpretación.

Cumplí veinticinco y mi madre me dijo que no podía seguir de mantenida… así que busque otras formas de ganarme la vida. La escritura.

No tenia idea de lo que hacía, jamás tome clases de redacción ni de literatura, filosofía, letras y jamás fume marihuana en la UNAM… pero de repente trabajaba escribiendo guiones.

Si, tengo que reconocer que veía alguna novela y quería ser la mujer de la entrada… con el crédito en mi cara… MARCELA LECUONA.

Pero tenía que ser realista, ya había perdido la esperanza de estar frente a la cámara.

A Lucía también se le había acabado ese sueño… descubrió que no le gustaba la falsedad de la gente en la industria. Un día le gritó a un productor diciéndole comprado, asqueroso, generador de gente sin talento….

¡Uy! Y no hablemos de los actores extranjeros… si en el pasado querías hacer enojar a mí querida Lucha, lo único que tenias que decirle era que tal persona venida de Argentina tenía el papel protagónico en alguna película o telenovela. No porque los odiara, pero no quería estar en una industria donde preferían a gente de otro país por tener ojos claros (por citar un ejemplo) que a personas de su propio país.

– Malinchistas asquerosos. – la oías decir – Somos el único país que no aceptamos nuestra propia imagen y queremos ser como los demás… si no lo puedo cambiar por lo menos no quiero participar.-

Decidió pasar sus ideales y su talento a las generaciones futuras. Montaba obras en navidad dignas de cualquier teatro nacional… buena y amorosa definitivamente no me la imagino en “Ventaneando” peleando con algún reportero.

Ale resistió… pero con el paso del tiempo no solo su carrera iba en descenso. No conseguía una sola relación estable y nunca tenía dinero. Lo más sorprendente era que siempre estaba invitada a las mejores fiestas y eventos…

Alejandra era la típica actriz frustrada que honestamente creía que estando en reuniones con productores se volvería famosa. No entraba a cursos, no se actualizaba, no tenía un solo objetivo en la cabeza más que salir en el Tv Novelas. No importaba el costo, no importaba la manera.

Lo único que sucedió fue que se quemó con todas las personas que pudo. Cuando llegaba a ir a castings, todos los de producción la conocían, los jefes de reparto habían tomado tequila con ella… y unos cuanto se habían acostado sobre sus piernas. Todos la conocían, pero de la peor manera.

No queríamos desilusionarla, pero necesitaba trabajar en otra cosa… no podía seguir a sus veintiocho años sin un peso, así que le conseguimos trabajo de edecán.

Todas las “actrices” que no ejercen su profesión han sido “edecanes”.

Yo lo hice, Lucía lo hizo hasta la mas famosa lo hizo. Ahora era el turno de Ale.

Le conseguimos una expo, cuatro días igual a diez mil pesos. No tenía que hacer nada… solo verse bonita y bailar una tonta cancioncita.

Fue representando una gran marca de cerveza. La primera noche que regreso estaba feliz… no entendía como no había conocido esa profesión tan fácil y tan bien pagada.

La segunda noche nos dijo que había decidido dedicarse a la edecaneada por un tiempo hasta que ahorrara lo suficiente para poderse ir a Europa a tomar un curso de actuación.

Lucía y yo no podíamos creerlo… ¡que gran triunfo! Ale lo único que necesitaba era ganar un poco de dinero para volverse ambiciosa con sus sueños.

El tercer día regresó feliz de la vida. Ya quería que fuera el día siguiente para ganar el dinero prometido… nos dijo que nunca había sentido tanta energía, que le gustaría ser edecán para siempre, o mejor aún… tener una agencia de edecanes.

Había decidido que su carrera de actriz estaba terminada, que ya se había hecho a la idea y que estaba contenta y tranquila con ella.

El cuarto y último día estaba en su stand en la expo… feliz bailando y tomándose fotos con todos los hombres que la veían babeando cuando ocurrió lo inesperado:

Llegó Lidia Brillo.

Había estudiado con nosotras actuación y ahora era toda una celebridad. Protagonizaba todas las novelas, era venezolana o cubana y ganaba muchísimo dinero. Todo el tiempo que duró la carrera Alejandra se burlaba de ella (cabe mencionar que Ale ganó mejor actriz mientras estudiamos ahí, realmente era muy talentosa) y Lidia era una extranjera mas, con cuerpazo tratando de triunfar.

Lidia no solo iba a la misma expo, iba al stand de Alejandra a firmar autógrafos. Cuando Ale la vio casi muere de un infarto.

Ahí estaba Lidia, toda una estrella firmando autógrafos y mi querida amiga bailando al son de una salsa…

La famosa estrella solo se digno a darle una mirada de reojo… en la profesión injusta de la actuación no importa el talento, ni lo que lleves por dentro, lo que sepas sobre teatro… no importa si quiera si sabes quien escribió la Divina Comedia… a veces lo único que se necesita es ser una buenona extranjera.

Ale lloró toda la noche… su amor propio estaba golpeado.

La semana siguiente fue a todas las audiciones que encontró… consiguió un papel en una obra de teatro en la cual le pagaban dos mil pesos a la quincena.

No le alcanzaba ni para pagar la renta pero Lucía y yo decidimos poner lo que faltaba…

Porque alguien que aprende de sus errores, una mujer que parece tener todo en contra, la persona que no abandona sus sueños…

MERECE TODO MI RESPETO.