¿Sabes? Llevaba años con ganas de salir. Me tenías secuestrada en este sótano inhumano. Sin luz, sin velas, negro absoluto. En algún momento me viste con cariño o puede que nunca me hayas tenido en cuenta, pero me sentiste, de eso estoy segura. Aquí estuve años, en este cuarto oscuro, con miedo, llanto, apretada en un espacio cuatro por cuatro, ¿qué te hice para que me trataras de esta manera? Tuve miedo que nunca abrieras la puerta, que pasaras más años sin saber de mí.

Hay un cuento que dice, no recuerdo dónde lo escuché, que un hombre estaba en un cuarto oscuro y buscaba una llave.

Cuando creías que en el exterior podías sobrevivir sin mí, te equivocabas. Soy esa que te hacía vibrar cuando sentías que había algo mal en tu vida, cuando el ego te abandonaba, cuando la inseguridad te invadía, soy eso que te abrazaba cuando dormías en la cama con la cara repleta de lágrimas y te perdono, te perdono que me usaste de vez en cuando, que me tenías en ese cuarto lleno de humedad sin poder salir. ¿Cuántas veces te dije que sin mi no podrías seguir? Te lo cumplo y te lo cumplí. Lo veía en el vacío de tus redes sociales, en tu necesidad de aprobación, en tu coraje falso. Me da pena pensar que te sentiste abandonado sabiéndome a tu lado.

No podía ver nada, se agachaba, hacía corajes de no encontrarla, hasta que un día, abrió la puerta del cuarto y en el pasillo había luz. Salió al pasillo y busco la llave ahí.

Recuerdo la vez que me encerraste en este sótano, seguro fue más doloroso para ti que para mí. Encerrar algo tan hermoso como yo, debió requerir mucho esfuerzo de tu parte, aceptar que te volvías una especie de marginado al realizar tal aberración, porque sí, el día que me encerraste, te encerraste a ti.

Alguien se acercó y le preguntó ¿qué haces? Buscando una llave que perdí en el cuarto, pero no hay luz y no la encuentro, contestó.

Pasabas meses sin darme de comer, días sin darme de beber, a veces me sentía desfallecer, pensaba que nunca me vendrías a buscar, me hice a la idea que jamás te cruzaba por la cabeza. Tú, más débil sin mí, yo más en los huesos. Hasta que un día, la esperanza se asomó en este oscuro umbral. Alguien te lastimó y pensaste en morir. Lo pude sentir, te grité desde el fondo del sótano ¡Déjame salir! ¡Yo te puedo ayudar! Pero hiciste oídos sordos, creíste que matarte era la opción. Traté de mandarte señales, pero cada vez era más inminente: Si tu morías, moría yo en esta oscuridad pues nadie me iba a poder liberar. Sólo tú tenías acceso.

Y una noche, mientras dormías, oíste mis gritos a lo lejos, en una especie de susurro: Aquí estoy, déjame salir.

¿Y que haces buscándola en el pasillo? Aquí por más que haya luz, no la vas a encontrar.

Despertaste, te levantaste de tu cama, tenías muchos días ahí acostada, corriste, bajaste las escaleras y abriste la puerta del sótano. Ahí estaba yo, desnutrida, ojerosa, pero más viva que nunca. Tomaste mis manos sobre tus ojos, te quise abrazar, me dio miedo como fueras a reaccionar, llevabas muchos años sin verme.

Te dije “Hola, cuánto tiempo querida mía, soy tu esencia, tu amor propio, ¿me recuerdas? Nos perdimos en la infancia, cuando te viste indefensa por la falta de uno de tus padres, cuando te molestaban en primaria. Te hice falta en la adolescencia, te juro quise salir, pero ahí fue cuando me encerraste con llave aquí. Quise decirte que tu cuerpo era hermoso, que tu cara estaba bien, que tu ser era perfecto como era, quise abrazarte cuando te rompieron el corazón por primera vez, cuando empezaste a permitir cosas por no estar sola, porque fue el inicio de ahora tu dolor profundo, pero la buena noticia es que aquí estamos juntas de nuevo”.

La llave se encuentra en el cuarto oscuro.

Sonreíste, querida, te vi feliz. Encontraste la llave que habías perdido años atrás y que sin saber, tanto buscabas en lugares incorrectos. La llave del sótano siempre estuvo en ese cuarto oscuro, pero hay que ser suficientemente valiente para estar en la oscuridad y seguir con la misión sin dejarte llevar por la luz falsa del pasillo.

Nunca más estarás sola, la llave soy yo, tu amor propio. Estamos juntas por fin, y te prometo un amor para toda la vida.

Hemos estado juntas desde entonces, tiraste la llave, pues ya no hace falta, qué bello es poder por fin, ver la luz del sol.

 

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