Un año más. No puedo creer que van casi ocho años de escribir cuentos, poemas, mis anécdotas, de ficción y reales, pero sobre todo, de sacar luz con las palabras, el dolor profundo lo he penetrado con letras que me hacen sanar. He escrito cosas de las que me arrepiento, pero ahora trato de ser honesta, libre de prejuicios al relatar y sobre todo, ya nunca más desde el lugar de víctima. Después de años en depresión, hace poco desperté feliz. Genuinamente feliz. De esa felicidad que sientes en la infancia. Había tenido momentos felices estos últimos años, pero no en esta magnitud. Y no, no tenía que ver un hombre, no, no llené un estadio mientras hacía stand up, no, no fue un éxito la serie en la que actué. No, nada de eso, sólo me acepté. No fue un hecho aislado; fue terapia infinita, restablecer lazos sanos con mi familia, dejar el alcohol, alejarme de gente que me lastimaba, hacer viajes que me había prometido, acercarme a mi creatividad, eso que me llenaba de niña, ser artista. Asumirme como mujer independiente, fuerte, segura, aunque a veces tambaleo, me agrado pues soy buena amiga, leal, compresiva. Aceptar mis cualidades más que mis defectos, que son horribles, pero son míos y se pueden reprogramar para aprender y cambiar. Y eso hice, pero sobre todo: No dejar que mi ego me controle, levantarme todos los días con la misión clara; bajo ninguna circunstancia voy a dañar a otro ser humano de manera consciente. Se acabó el periodo de gracia. Despertar y pensar en ser bondadosa, no una santa, sólo bondadosa.

Eso se logra, queridos amigos, después de valer mucha madre. Era, o todo lo anterior o matarme. Fue un año de muchos viajes, de una operación, de perder la mitad de mis ahorros por ella, de que me rompieran el corazón de nuevo, que me lo rompiera yo misma al permitirlo y de entrar a un terreno nuevo para mí: Y ahora, ¿qué sigue de mi vida?

Me desperté y era feliz, y ¿con qué se come eso? Todo empezó a fluir. Recuerdo un viaje a playa del Carmen donde di show y llegué a dormir a un hotel precioso. Pensé: Cómo me gustaría compartir esto con alguien. Para después retractarme, “No, esto es mío, mis logros, no vuelvo a compartir mi vida con alguien que no lo vale”. Me senté y escribí, en mi absoluta y hermosa soledad, lo que quería en un hombre. Meses después llegó en un paquete estilo francés. Recuerdo cuando me cortó mi ex novio y me dijo: “Vas a terminar con un cuarentón que seas su última opción (ya lo platiqué en otro post)”, y sí, encontré a un hombre de treinta y nueve años, amable, amoroso, que ya ha vivido, viajado y decidió quedarse conmigo, pues para él no soy la última opción, soy la única. A veces hasta la gente que te odia puede decretarte cosas positivas.

Un día, en un concierto con una amiga, pensé, soy feliz, neta neta, soy feliz, pase lo que pase, encontré la base de la felicidad, todo depende de mí y lo que le ponga a mi realidad. Y bueno, haz de cuenta que la vida de lejos me escuchó y dijo: “¿Marcela dijo que es feliz? Detengan mi cerveza.”

El universo se encarga de entregarte la misma prueba varias veces a ver si la pasaste. Ya sabía que mi ex novio iba de podcast en podcast hablando de mí: nuestra vida sexual, lo mala que había sido con él, lo arrepentido que se sentía de haber estado conmigo… en fin, todo lo que un ex novio puede decir de ti, pero frente a miles de personas.

No veía ni escuchaba nada de esto, pues, otro remedio a la felicidad, es cuidar tu espacio, no dejar que nada, que sabes que te va a lastimar, entre a tu corazón.

Una tarde, iba a viajar a Oaxaca y estaba en el aeropuerto con Henry, mi novio y Martha, mi manager. Comenzaron a llegarme mensajes en twitter, Facebook e Instagram. Gente que no conocía me llamaban loca, tóxica, decían que ya estaba “vieja” para haber andado con alguien tan chico (mi ex Ricardo es diez años menor), pero sobre todo decían que “me bajara del carro.”

No tenía idea que pasaba y le dije a Martha. A lo que ella me contestó: “No te quería decir pero tu ex y Slobo fueron al programa de Mauricio (no tengo que poner su apellido si saben quién es, si no saben, eso habla bien de ustedes) y Ricardo dijo cosas de su relación. No dijo tu nombre, pero es evidente.”

¡Claro que es evidente! ¡Tiene trece años, soy su única ex novia de verdad!

No quise verlo, pero Martha me dijo todo lo que decían en esa entrevista. Y no, no podía creerlo. Bueno, sí. Es una persona con la que regresé tres veces e hizo cosas horribles, claro que fue a una entrevista a hablar mal de mí. Claro que no le bastaba lo que me hizo en la relación o que me tratara cómo me trató cuando sabía cuánto lo amaba. No. Tenía que humillarme más todavía.

Me subí al avión al borde de la histeria. Quería mandarle un mail, subir un tweet, poner cosas de Mauricio que sé (ya llegaremos a eso), quería ser arrebatada. Estaba harta, me alejé hace meses, un año diría yo, del medio, porque desde que entré me tacharon de puta, lo que me ponía de ropa, lo que tomaba de alcohol, se metieron en mi relación con Ricardo, es más, supe de un Roast hace poco en el que le hacen chistes a Ricardo sobre que le gusta cogerse viejitas. ¡En un roast en el que ni estoy! Jodiendo a la mujer por vieja, qué novedad. Andando con él un comediante me agarró la nalga frente a él, Sofía me insultó frente a él, le dijeron que le fui infiel en Los Ángeles y ¿qué creen? ¡Sí! No era verdad. Yo la más prostituta, seguro me cogía a todo Comedy Central porque me daban trabajo, seguro me la metían todos y si no era eso, era mi forma de tomar y si no era eso, era lo conflictiva que era y sino era eso era que no hacía reír. Me alejé del medio y tomé mi propio camino de la mano de una gran manager, que es Martha Pimentel. Y mandamos todo a la chingada. Todos están parados en la misma fila de las tortillas, pensamos, hagamos la masa en otro lado. Me fui de gira por todo el país con shows pequeños y con unos más grandes, pero trabajé mucho, al grado de no dormir, estar en terminales de camión sola en la madrugada, para que llegaran este par de parásitos a desprestigiarme. A veces sentía que desde que entré al stand up y tomé la decisión de andar con esta persona, entré a prisión y no sé cuando voy a salir.

Y así, los cuatro años más difíciles de mi vida, esa depresión profunda, regresaban en ese avión hacía Oaxaca y volteé a ver a Henry dormido, que estaba en la parte de atrás, ese hombre que había viajado desde Cancún (ahí vive), para verme por primera vez en vivo en un show. Volteé a ver a Martha, esa mujer que confía en mí y me vende como nadie. Y pensé: Fuck it. No van a turbar mi paz. No la merecen.

Entendí porque Ricardo había dicho lo que dijo, él mismo me lo dijo varias veces: “Me arruinas la carrera cada vez que regreso contigo, Mau, Daniel, Sofía (entre otros) no te soportan y no me invitan a nada por estar contigo”.

Pues bueno, ya lo invitan y soy el precio mayor. No por sentirme la gran cosa, soy común y corriente, pero hablar mal de mí, creen, que los hace superior. Amé profundamente a Ricardo, fue y pensé que sería el amor de mi vida, lo amé al grado de hacer, como dijo, muchas pendejadas, como no querer cortar aunque me fuera infiel o me negara ante la gente o me usara. Lo amé más que a nadie en el mundo, quería cuidarlo, mimarlo, que nadie lo tocara. No tengo que explicar lo del coche, no veníamos del cine, veníamos de un bar en el que me trató mal como de costumbre para poder ligar con otra. Y sí, me sentía vieja y fea. No quería bajarme del coche porque sentía que lo perdería. Después de ese incidente regresamos dos veces. Lo único que puedo compartir es que lo amé al grado de la locura, me rogó seis meses ser su novia y regresamos tres veces por algo. No lo secuestré ni le dije que llorara en mis brazos diciéndome te amo. Así como el tampoco me pidió que le rogara meses que no me dejara. Me hago responsable de mí y mis acciones. Y me dolió que dijera esas cosas a un hombre que me detesta: Mauricio.

Porque sé, que en el fondo, Ricardo, con todas sus carencias afectivas, con todo su dolo y monstruosidad hacía nuestra relación y a mi persona, me amó en algún momento, y cuando uno amó tanto a otro ser, queda claro, que aunque fuera horrible, duele perderlo. No fui una mala novia, no fui una mala persona con él y es ingrato que se exprese así de mi, pero lo que más me sorprendió, fueron los comentarios de mujeres: Ay Ricardo tan dulce, ay, Mau y él tan feministas, tan bellos. Ay, Ricardo quiero ser tu novia tóxica.

Pensé: Mujeres, está sentado hablando mal de su ex novia, borrachísimo.

Neta, mujeres, ¿qué pedo?

Llegué a Oaxaca, no vi el video y pasaron las semanas. Y ¿qué creen? Seguían llegando mensajes con el tema. Diario. Así que, antes de venir de mis vacaciones decembrinas, vi el video.

Mauricio, ese es el tema del que vengo a hablar. Un pseudo conductor que habla mal de todos, que tengo screenshots donde amenaza a un comediante gay, un hombre del que sé (y Ricardo también) que drogó, sin su consentimiento a una niña que acabó en el hospital (no es mi denuncia, no puedo decir quién fue ni en qué contexto, ojalá un día ella decida hablar), un tipo, dicho por Ricardo, que bebe porque se siente inferior por su clase social, un tipo que entró una vez a un bar gritando que yo era cocainómana (así, nada más, con la pura intensión de gritarlo y ya) para después pedirme perdón vacío. Ese hombre, dijo en la entrevista: “Que no se bajara del coche es acoso, también es acoso. Le hubieras dicho cosas que le dolieran como que no es chistosa, que actúa mal”.

Eso, de toda la entrevista, fue lo que más me hizo ruido. Recordé cuando empecé a hacer stand up y Mauricio con varios comediantes “con nombre” iban a los shows de los nuevos y se sentaban hasta adelante con los brazos cruzados para no reírse. Y recordé un libro que acabo de leer en donde dicen que los hombres hacen este tipo de comentarios para decirte entre líneas: “Aquí no perteneces, no haces reír, lárgate, no sabes ni actuar. Este no es un lugar para ti, desiste”.

Y Ricardo, en el video, rie ante tales comentarios cuando sabía, en el fondo, lo que me iban a lastimar esas palabras.

Pues no, no me voy a ir a ningún lado, asumo las consecuencias de mis actos y este año fue el más hermoso y liberador de mi existencia. Soy, existo, soy importante y a la vez soy nadie, soy una más, soy todos. Siento profunda compasión ante estas personas, sobre todo por las mujeres que ven este programa y creen que son “aliados”, por el contenido que hay en nuestro país, por la comedia que se realiza, puedo ser la peor comediante, pero intento, juro que intento, dar un discurso bonito y a la vez gracioso, porque todo este texto enorme, viene con algo importante:

Esto es una pendejada. PENDEJADA. Hay gente muriendo de hambre en mi país, mujeres siendo violadas, matadas. Hay gays siendo abusados verbal y físicamente, hay personas que de verdad tienen problemas, no que su ex fue a hablar mal de ellos, no, gente que es explotada en trabajos, gente con depresión crónica, mala de salud, nuestro planeta muere día con día, animales sufren en rastros sin tener calidad de vida. Y desde mi privilegio, trato de hacer conciencia, trato, eso que dije al principio. Ser bondadosa. Conmigo y con mi discurso.

No terminé de ver la entrevista, pero puedo decir que pasé la prueba con pensar al ver a Ricardo en la pantalla: ¡Cuánto lo amé y cuánto aprendí de esa relación!

Me conocí a mi misma al tocar fondo, conocí mi valor, mi fuerza, la vida hermosa que me quiero dar y que me doy. Lo amé, lo honro y lo dejo ir las veces que sean necesarias. Ahora, en Argentina, en el fin del mundo, un viaje pagado por mí, cuando hace tres años dormía en un cuarto de servicio en la condesa porque dejé a mi ex novio argentino y las comodidades para estar con Ricardo, me doy cuenta que todo valió la pena y aprendí a ser independiente y amorosa conmigo. Gracias a los maestros que se nos presentan en la vida. Mi amor por él ha sido mi gran maestro.

Regreso a ese día en Oaxaca, cuando bajé del avión y llegué al hotel, Henry me preguntó qué pasaba y le conté lo que me había contado Martha en el aeropuerto. Me miró fijamente y me dijo: ¿Aún lo amas?

No le mentí, le dije que era el amor de mi vida, por muy malo que ahora era, eso nunca iba a cambiar.

Quedó en silencio y me contestó: “Está bien, ¿te parece si soy el hombre de tu vida?”

Y se me hizo excelente plan, porque ahora que lo pienso, el amor de mi vida, soy yo, solamente yo. Y hay espacio para un hombre, un hombre de verdad.

Bienvenida esta nueva etapa, que el universo me siga lanzando pruebas, porque no tengo miedo, porque siempre habrán Mauricios, pero también siempre habrán Marcelas que no se callen, que tiemblen por dentro, pero que tengan una voz firme, que no tengan miedo de dejar cosas como la carne o el alcohol por sus creencias o por sus adicciones. Que no tengan miedo de mirar por dentro y piensen: Madres, cómo apesto.

Marcelas que piensen que deben mejorar, que cada día es un regalo y que merecen ser amadas.

Ahora creo que deberían haber más Marcelas en el mundo porque, sin ser arrogante, soy buena onda. No tengo miedo de decir que me quería morir, con todo y mis privilegios, quería morir y ya habrá tiempo para morir, mi vida debe ser al servicio de los demás pero sobre todo de las mujeres que no pueden hablar.

Si no bajarme de un coche es mi mayor pecado, estoy en paz. El amor hacia uno mismo para poder amar a los otros, es lo único que nos puede salvar. Nuestro camino por la tierra es tan corto y efímero, que es una belleza por fin encontrar la mierdera felicidad.

 

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