Desperté sudada con un terrible dolor de cabeza.

Tuve la peor de las pesadillas. Lo vi a él acostado junto a mí respirando tranquilamente y supe que todo había sido parte de mi imaginación. Me acosté en su pecho y volví a dormir, alerta, pero en paz.

Al día siguiente volvimos a nuestras actividades; él se fue a trabajar después de ponerse el traje, le hice el desayuno y con un beso me dejó sola en la casa. De repente cosas que no puedo explicar comenzaron a ocurrir.

Me puse a escribir, estaba cursando un diplomado en una escuela de escritores llamada SOGEM. Nunca había estado segura de lo que quería en la vida, y descubrir en la escritura mi pasión, fue algo inaudito porque jamás me sentí particularmente lista.

Mi computadora estaba prendida, una hoja en blanco esperaba mientras la rayita negra para teclear las primeras letras parpadeaba. Corrí al baño pues llevaba más de diez minutos sentada y aun así no se me ocurría nada. Al regresar y sentarme frente la computadora lo vi; un mensaje, una sola oración:

“Si lo hice, y eres tan tonta que te perseguiré por siempre”

No más, no menos.

Sentí como mi espalda se engarrotaba. Miré a mí alrededor para cerciorarme que no hubiera nadie. Nuestro departamento era pequeño, así que con una sola mirada podía verlo todo. Nada, ni un rastro de algún ser humano.

Al llegar él, le conté lo sucedido. Me dijo que era mi imaginación, que tanto tiempo de ociosidad me había perturbado la cabeza.

Pero pasaban los días y cosas más extrañas pasaban.

Al caminar hacía la escuela, sentí una extraña sombra atrás de mí. No se describir como era o como se movía, solo la sentía, una presencia fuerte y poderosa que me cortaba los nervios de un solo tirón.

En casa, las cosas se movían solas, él no se percataba de nada, pero se abrían las ventanas y un helado aire entraba congelando todo lo que hubiera en el interior. Es más, puedo decir que hasta lo más banal pasaba; cuando me pesaba en la báscula como todas las mañanas, pesaba unos normales sesenta y dos kilos, y en cuestión de segundos se volvían ciento veinte como si alguien más se subiera a la báscula conmigo.

La sombra estaba cada día más encima de mí. Apenas y podía respirar. Mis nervios eran devastadores y él me dijo que no podía más con la situación, que llamaría a un doctor.

La semana siguiente estaba con el psiquiatra, dijo, casi juicioso, que necesitaba antidepresivos. Tomaba dos al día, a veces hasta duplicaba la dosis. La sombra o fantasma no desaparecía. Yo hablaba con ella, le pedía de favor que me dejara en paz, que quería vivir tranquila, que haría lo que me pidiera, pero no me escuchaba.

En las noches se acostaba encima de mí. Presentí que era lo que algunos llamaban “se te sube el muerto”. Aplastaba mis costillas e impedía que pudiera respirar. La situación se había vuelto insostenible para mí. Despertaba llena de rasguños en mis brazos; tenía mensajes como Moriras conmigo o púdrete.

Cuando él quería hacer el amor, lo rechazaba, no porque no quisiera hacerlo, sino porque no podía. La sombra me había vuelto un ser inerte, sin expresiones, yo simplemente había dejado de ser mujer.

Todos estaban preocupados por mí; mi madre, mi familia, mis compañeros del diplomado, mis amigas. Empecé a faltar a clases y dejé de escribir. Pasaba los días en la cama viendo el infinito, esperando el día de mi muerte.

Y la sombra, encima.

Un día, llegó él de trabajar, me vio recostada en la oscuridad y me besó. Un beso como aquellos que nos dábamos cuando empezamos a vivir juntos. Recordé esa ilusión; cuando compramos las cosas del departamento, cuando lo empezamos a buscar, ese olor de las cosas nuevas, de la aventura que sería compartir con alguien, vivir con la persona amada, un nuevo camino.

Mis lágrimas no pudieron esconderse en ese negro cuarto, la sombra, o el fantasma, me apretó con más fuerza, parecía que el amor que yo sentía por él hombre que estaba arrodillado ante mí, le molestaba.

Un lunes, lo recuerdo con perfección, vino mi madre a darme de comer, el departamento era frio y desolador, no se parecía nada al lugar que meses atrás, él y yo, habíamos encontrado.

La sombra me estaba matando. Había bajado unos diez kilos, no dormía, no me alimentaba y ya no tenía fuerzas para nada.

Mientras mi mamá estaba en la cocina, me metí a bañar en la tina. Mi madre entraba a checarme de vez en cuando para cerciorarse que todo estuviera bien. La gente cercana a mi tenía miedo que me matara al no soportar la presión de la sombra.

Salí de la tina y me sequé lentamente, pero de repente, vi algo nuevo en el espejo. Al lado de mi imagen demacrada, estaba una nota adherida por el vapor.

Apenas podía deslumbrar que era. Escuché una risa al lado mío, era la sombra. No quería acercarme a ver que era, pero la sombra me empujó y vi la nota claramente.

No era una carta, no eran palabras, era el recibo de un motel.

La nota del motel, el catorce de febrero, él con una mujer, una compañera de mi salón, sexo, sexo sucio y traicionero, mi alma destrozada, él pidiéndome perdón, yo sintiéndome sola, regresando…

Tomé el recibo con fuerza y recobré el aliento. La sombra se volvía visible ante mis ojos, era ella, con la que él se había acostado, todo el tiempo encima de mí, el fantasma era mi pasado.

Me paré como pude y le dije a mi madre que era hora de irme a la escuela. Que por favor empacara mis cosas, que me iba de ese departamento, que huía de esa sombra.

Caminé con el aire tibio de la tarde con ella persiguiéndome, pero cuando llegué a la escuela y me puse a escribir, voltee…

La sombra se desvanecía ante mis ojos.

El fantasma y mi pasado, morían junto con ella.

 

NOTA: Mis Mimosas, a veces uno carga fantasmas del pasado, o caemos en depresiones de las cuales creemos que nunca vamos a salir. Todo es temporal, todo es pasajero. Son esos momentos en los que tienen que mostrar de que estan hechas. Las quiero.

 

DEDICADO A GERARDO DE LA TORRE, NO HAY NADIE TAN GENEROSO COMO ÉL. GRACIAS.

(Si tú como Mimosa, tienes una historia que contar, mándamela a mi mail mamipa84@hotmail.com y pon de título POST. Pon tu nombre y una foto para que se promueva el post y si tu historia es buena la subiré al blog, serás mimosa por un día… ¿Te atreves a salir en el blog? ¿Te atreves a que te lean nuestros 20 mil lectores al mes? ¡Haz la diferencia y mándame tu material! Yo me encargo de lo demás. MIMOSA MARCE)

 

@marcelecuona

 

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