Como ya saben, soy actriz… estudié actuación desde que tengo uso de razón. Primero quise ser directora de cine, ya saben, la versión femenina de Woody Allen. Quería en secreto ser actriz pero no me atrevía a decirlo porque la gente a mí alrededor se iba a burlar de mí.

Así que la opción más congruente, según yo, era convertirme en escritora y directora para darme mi propio trabajo.

En segundo semestre de cine, me di cuenta que eso no iba a pasar. Para ser directora tenía que jalar cables, pasar hambres, y coordinar a muchas personas. Soy medio teta para hablar en público, cuando se trata de actuar no me da pena, pero siendo Marcela simplemente me pongo muy roja y no puedo pronunciar palabra. Temo al ridículo más que nada en la vida.

En fin, me propuse ser actriz de lleno. Entre a clases de teatro en la mejor escuela, a mi parecer, pero luego me ofrecieron entrar al CEA, escuela de Televisa… la empresa más grande en comunicaciones de Latinoamérica, no sé si les suena…

Ocho mil personas hacen casting al año, pero solo entran cincuenta. Yo, por medio de contactos, no hice ni fila. Lo acepto, sueno sumamente engreída.

Viniendo de teatro, me sentía la próxima Nicole Kidman, güera, entrada en mi papel… sentía que podía interpretar lo que fuera.

¡Oh error! Nunca creí que una escuela te podía bajar tanto la autoestima. Y créanme, ellos no tuvieron la culpa. Pero entras y ves a pura belleza, cuerpazos, acentos exóticos… y de repente el talento es lo de menos.

Una vez mi maestra de televisión me dijo que lloraba feo. Grabamos una escena y tenía que llorar porque mi hijo era drogadicto, ¡pff! Pan comido… Di la mejor interpretación, lloré a moco tendido. ¿Cuál fue mi sorpresa? Mi querida maestra dijo que lloraba espantoso, ¿Qué demonios era esa cara de sufrimiento arrugada cual pasa?

“No mi reina” me dijo “aquí la que llora más lindo es la que más gana, ve a Adela Noriega”

No podía creerlo, sin mi disque “talento”, yo no era nada. Mis compañeras tenían ventaja… más guapas, más buenonas, más simpáticas. Y ahí empezaron mis traumas.

Cirujano plástico al rescate.

Pero nada funcionaba. El problema era mío y de nadie más.

Llegué a odiar a esa escuela a la que todo mundo quería entrar. Pose, todos diciéndose “amorcito” al saludar (no por amorosos, sino porque nadie recuerda el nombre de todo mundo en realidad.)

Salí de la escuela y empecé a tener trabajo. Obvio, por contactos.

El primero, La Familia Peluche.

¡Oh sí! La fama había llegado a mí. Camerino para mi sola, con canastita de frutas y toda la cosa.

Todo el día estuve grabando, improvisando, riéndome… la comedia es lo que más me gusta así que me sentí pez en el agua.

Dieron cinco minutos de receso, un break para descansar.

Entré a mi camerino y le hable a mi mejor amigo y riéndonos le dije:

          Todo el día he estado grabando, no sabes las ganas que he tenido de echarme un pedo…-

(Si… las mujeres y las actrices también tenemos gases malolientes)

Y mi amigo botado de la risa me dice:

          ¡Pues vas!

Y ahí, sin más… en medio de mi privacidad, me puse a pedorrearme. Empezó como algo inocente, un pedito por aquí, un pedito por allá…. Hasta que termino en una hermosa sinfonía, digna de cualquier compositor.

En eso, tocan a mi puerta y escucho una voz.

          Señorita, que si nos puede pasar el micrófono que todavía lo tiene prendido por favor.

Sí, todos los de la cabina de audio oyendo mis porquerías. Nunca me volvieron a llamar… no sé si fue por mi mala actuación o por mi flora intestinal.

No paso a mayores, porque en menos de un mes ya estaba en otra producción, la novela RAFAELLA.

Era una enfermera que apenas y tenía diálogos, pero ¡ah, como me los memorizaba! Llegaba súper temprano a mi llamado y me sentía la primera actriz que México esperaba.

Un día, me ponen el chícharo (aparato para oír los diálogos de todos los actores y las instrucciones del director… un pretexto para que los actores huevones no estudien sus líneas a mi parecer. Somos el único país que lo usa) en fin, me lo pusieron aunque yo me sabía mi única línea de memoria. Tenía que entrar y decirle al protagonista, que era doctor, que había recibido la llamada de una fulanita… pero era tan importante mi diálogo que el doctor salía corriendo a buscar a la fulanita.

Pues la escena increíble, sale corriendo el doctor y yo esperaba el ¡CORTE! del director. Pero seguían grabando, y solo oí en mi chícharo… “ENFERMERA MUTIS”

¿¡WTF!? ¿Qué verg… es mutis?

Volvieron a repetir: “ENFERMERA MUTIS”

Mutis me sonó a muda, por mute en ingles… mírala que lista yo, así que me quede en silencio mientras me hacía idiota contemplando los papeles que traía en la mano.

El director vuelve a gritar “¡CARAJO, QUE SALGA LA PUTA ENFERMERA DE LA ESCENA!”

Si, “mutis” significa date la vuelta y vete.

Mi fucking ex maestra de tele me dijo que lloraba de la fregada pero no me enseño que significaba “mutis” la muy desgraciada.

No me volvieron a llamar.

Pero me valió, porque había conocido el teatro improvisado (que el ambiente es todavía más pesado y para muchos de los actores ahí era la niña boba del CEA) pero yo feliz de la vida… no soy monedita de oro pa caerles bien a todos.

La verdad si me ponía triste esto, al grado de llorar por las noches. Si me hubiera visto mi maestra de tele llorar ahí, le hubiera dado harto orgullo.

Pero un día, llegando a Televisa a un casting, me encuentro a una amiga… actriz de teatro, y me pide que la ayude a entrar a la empresa.

Yo sé, como actriz, lo difícil que es que te den una oportunidad. Así que me quise pasar de lista y le presté mi gafete, mi llave a la empresa a la que tantos osos le habían dado.

Me vetaron. Se dieron cuenta y me sacaron de la empresa.

Cabe recalcar que solo hay dos televisoras importantes en México. Me prohibieron acercarme a Televisa de nuevo. Mi carrera estaba terminada, y para acabarla de fregar, mi situación con el teatro improvisado iba de mal en peor. No podía hacer vínculos con casi nadie y uno de mis profesores me empezó a cerrar las puertas porque quise crear mi propio grupo de chavas improvisadoras.

Si, así es este medio, tele, teatro, cine… le caes mal al mero mero y puede arruinarte. El “maestro” decía que yo tenía mala actitud. Pobre marihuano sin cerebro, ser diferente a los tuyos no es tener un problema de actitud. Es tener personalidad.

¿Se nota que lo acabe odiando? No, ¡qué va!

Veía que todos mis amigos actores del CEA, iban juntos a pedir trabajo y empezaron a salir en la Rosa de Guadalupe… ¡NOOOOO! ¿Por qué a mí? ¡Yo también quería sentir el viento en la cara!

Y ahí, empecé a valorar lo que siempre había tenido, SUERTE.

Mi familia lleva años trabajando en Televisa, siempre había entrado desde pequeña. Miles de personas haciendo castings y yo hablando mal de la empresa, solo porque la gente era diferente a mí… ¡Me había convertido en el maestro marihuano que tanto criticaba!

Ayer, después de un año sin trabajo, un año sin actuar en televisión… recibí una llamada.

“Se te quita el veto, eres extremadamente talentosa y nos da miedo perderte”

Ok, no me dijeron eso… pero después de acosar a la mano derecha de Azcárraga durante 365 días, cedió.

El que persevera alcanza, esa fue mi lección.

Hoy volví a ir a la empresa que me dice que lloro feo, a la que me escuchó echarme un pedo, a la que me vio paralizada cuando debía hacer mutis…

Y aunque todos los jefes de reparto me dijeron: “No tengo nada para ti”

Hoy… ¡fui la más feliz!

 

Marcela 3