Siento algo raro por las quinceañeras hoy en día, todo el tiempo con sus Iphones (porque al parecer ya soy la única mortal que usa BlackBerry) sin interactuar con los humanos.

Mi adolescencia fue muy diferente. Me la vivía en depresión con ganas de suicidarme, gracias a la influencia de Marilyn Manson, pero con ganas de vivir porque me gustaban todos los de prepa que ni notaban mi existencia.

En todos mis cuadernos de secundaria leerás la misma leyenda:

DANIEL ARVIZU Y MARCELA LECUONA.

Con millones de corazoncitos y sumando todas las vocales y consonantes para ver si éramos el uno para el otro. (Cabe mencionar que ahora Daniel está casado y es padre de familia, creo que nunca nos dimos ni un beso… pero ¡Ah! ¡Como lo amaba!)

Hoy quise hablar de los noventas, específicamente mi adolescencia, solo por una razón. El otro día me dijeron que estaría increíble que hubiera una mimosa quinceañera, una mimosa pinky.

Lo pensé por un momento.

Si, si esa adolescente tuviera inocencia estaría padrísimo, el problema es que, ahora, estas niñas están mucho más avanzadas que yo.

Yo, a esa tierna edad apenas había dado mi primer beso. Mi padre me había prohibido tener novio hasta los quince, pero no era necesaria esa restricción, no tenía el mas mínimo pegue en mi secundaria.

Mis chinos me tenían traumada (sí, soy más china que una africana ¡Benditas planchas!) así que me los relamía lo más que podía. Me vestía toda de negro y me ponía lipstick de color morado oscuro… no por hacer algún tipo de declaración con mi vestimenta, simplemente porque me creía muy cool.

Que por cierto, decir cool en esa época si era cool.

MTV si pasaba videos, videos muy fregones de hecho… esto fue antes de los reality shows  y que ser adolescente preñada fuera lo más interesante del mundo.

A mi generación nos tocó una época sin celulares, sin redes sociales… y ¡Siiiii! Aunque ahora sea impensable, éramos felices sin eso. Las formas de ligar eran más interesantes y los noviazgos más duraderos.

Si le gustabas a alguien, le dabas el teléfono de tu casa… no había más.

Una vez, conseguí el teléfono de un niño que me encantaba. Con mi mejor amiga a un lado, se nos hizo súper divertido marcarle y colgar… (Ese era el stalkeamiento de los 90’s, como no podías ver sus fotos en face, lo más sensato era marcar, oír su voz y colgar) pero no contábamos que mi amor platónico contara con lo más sofisticado en comunicación: teléfono con identificador de llamadas.

Me regreso la llamada y me dijo ¿Marcela?

Oso… en nuestra generación si hacíamos osos.

Como un día, viendo a mi vecino de 17 años (muy grande para mí en aquellos entonces) el pasando en su coche manejando y yo caminando por la banqueta, muy entrada viendo su parecido a cierto Backstreet boy, me estampe con un cable de luz haciéndome caer. Si, era torpe distraída desde aquellos días.

Ahora, ¿Qué osos pueden cometer nuestros adolescentes? Ponen unas fotos en sus face que… van más allá de mi imaginación, ponen que mueren de amor por cualquier Justin Bieber, y si… no hago menos su amor, porque yo lo pase por Robert Smith, el cantante de The Cure, pero… ¡Por favor! ¡Estas niñas ya entregan su virginidad al primer postor!

¡Que padre era vivir sin celulares en los 90´s!

Te sabias el teléfono de tu mejor amiga de memoria, de tu abuelita, de tu familia, de tu vecina… éramos chicos listos.

Si alguien te iba a invitar a salir, tenía que pedirte el teléfono de tu casa, anotarlo en una hoja o en su mano… ¡Si mimocitas! ¡En una hojaaaa!

Y entonces, comenzaba lo más emocionante de la adolescencia noventera, esperar que el tipo te hablara mientras oías a Fey y jugabas con tu dona de pelo que usabas como pulsera en tu muñeca.

Porque, los más “evolucionados” teléfonos tenían llamada en espera… pero no, no en mí casa. En mi humilde jaula, solo habían dos teléfonos, uno, en el cuarto de mi papá, que era impensable usar y otro en la sala… así que, cuando un tipo por fin me pedía mi teléfono, esperaba toda la tarde en la sala, y cuando por fin sonaba, tenía que susurrar mi platica porque tenía a los castrosos de mis hermanos jodiendo todo el tiempo diciendo:

“Apúrate, tengo que hablarle a Juanito para que me diga que hay de tarea.”

Juanito mis calzones. Había esperado toda la tarde mi llamada para que a los cinco minutos estos jodones quisieran hablarle a su mentado Juanito. No es que yo tuviera la plática más madura, todos los adolescentes calientes solo hablábamos de una cosa…

–          Este… ¿qué te pareció la clase de biología?

–          Mmm… súper difícil, no sé si me vaya a ir a extraordinario. (Mentira, eras una chingona en biología, pero no se lo ibas a decir, no estaba cool que tu ligue pensara que eras una teta o algo.)

–          Ah… ¡que padre! (¿Qué padre? Le acabas de decir que vas a ir a extraordinario.) Oye, ¿Qué te parece si este fin salimos?

Pero nuestras salidas eran las más inocentes y estúpidas del mundo. Dábamos vueltas en la plaza de moda y hacíamos, eso… dar vuelta como idiotas. Si bien te iba, te invitaba al cine, a ver a Julia Roberts o a Meg Ryan en “Un ángel enamorado.”

Que por cierto, casi me da un infarto cuando una adolescente, hija de una amiga, no sabía que había una película llamada así. No sabía que Meg Ryan murió andando en bici justo cuando Nicolas Cage acababa de convertirse en mortal por ella mientras sonaban los Goo goo dolls.

Me dijo: “¿Qué es esa cursilería de mierda?” mientras veía su Iphone.

No sabía si escupirle en el ojo, patearla o abofetearla.

Le mande un inbox por face… “Estas muy mal mi chava”.

Solo así, y solo así… puedes hablar con las pubertitas hoy en día.

No es que las odie ni nada por el estilo… me dan un poco de pena de hecho, porque, aunque tienen juventud divina, no tienen inocencia noventera, no saben aprenderse coreografías de Britney Spears, ni van a tardeadas… y si lo hacen, ya es con alcohol y tachas.

¿Qué afán de vivir tan de prisa? Siento que los noventas pasaron tan lentos y ahora todo es en chinga.

Por ejemplo, antes moría alguien famoso y pasaban meses hablando de ellos… tipo Selena, la princesa Diana o la madre Teresa. Sus muertes eran noticias durante meses. Ahora, se muere Jenny Rivera, hablan de ella unos días y a lo que sigue… ¿Quién se acuerda de esas cosas? Ya vemos tanto en las redes sociales que no nos sorprende ni la muerte de alguien.

Ahora, se pueden ver sus últimas palabras en twitter, sus últimas imágenes en face… ahora ya somos más morbosos, pero no nos atrae la noticia demasiado… solo unos minutos y te pones a stalkear a tu wey en face… eso es más interesante.

Antes, un niño te llegaba si le gustabas, no se andaba con rodeos ni jaladas. No era importante poner “en una relación” en ningún lado… le dedicabas la canción I DON´T WANT TO MISS A THING de Aerosmith y el trato estaba cerrado. Era tu novio e iba a tu casa y convivía con tu familia… como siempre decía mi padre, una llamada nunca sustituye una visita.

Las quinceañeras tienen que aprender un poco de nosotras, de las vividas mimosas…

Esta chido dar tu primer beso a los quince, perder tu virginidad a los veintes, no ser tan abierta, no mostrar en face tus mini tetas…

Las mimocitas deberían aprender a ser noventeras, a vivir su inocencia.

¡Que vivan los 90’s!

Marcela 3