Madre sólo hay una.  

Bueno, yo tengo dos y hoy por fin quiero reconocerle a mi madre biológica el papel que le toca, ese de haberme dado la vida, una cosita de nada, un favorcito chiquito nomás, una nimiedad pues.

Así que progenitora, donde quieras que estés, ¡Muchas gracias por darme la vida! Porque gracias a eso he podido experimentar cosas muy hermosas, ¿la más bella? el amor de mi mamá, esa mujer extraordinaria que me cambió los pañales, me abrazó cuando lloraba, me llevó a la escuela, hizo conmigo la tarea, la que amo más que a nada en el mundo, esa con la que me escribo diario por el whatsapp para contarnos todo, la que me presta sus tuppers y se enoja si los pierdo, esa mamá que me enseñó lo que era el amor, la que me adoptó cuando yo era una bebé muy indefensa (muy hermosa) pero, indefensa.  

Y de verdad, que me hubiera gustado agradecerle a mi progenitora el hermoso regalo de la vida con una manualidad o con algún bailable regional en el festival de la escuela, pero pues como me dejó en la puerta de un convento una noche lluviosa, ¿qué es esto? ¿El Privilego de Amar? Ok, me dejó en un en un DIF.  

Total, que no he podido agradecerle todo lo que ha hecho por mí al no haber estado a mi lado. Así que ahí voy, le quiero agradecer por esta genética que hasta ahora no me ha fallado, por esta carita tan chula que heredé y sobre todo porque gracias a su genial decisión mi mamá pudo ser mamá, bueno, por primera vez porque luego llegó mi hermano y me quitó el trono y la mitad de la herencia, y a lo mejor hasta un poquito más de la mitad, porque él es hijo biológico, ¡Osh! ¿Cómo se atreve? En fin, gracias progenitora, en serio, sin sarcasmo, fue una decisión genial, no te juzgo, seguro no fue fácil y hoy, como mujer adulta, entiendo que era tu derecho tomar esa decisión y la del resto del mundo, respetarla.  

Les confieso, que me gusta ser adoptada porque puedo fantasear con que soy la hija de Beyoncé. Ay bueno, está bien, de La Chupitos, ¡Ay cómo son, de veras! No me dejan soñar en paz. Por otro lado, respecto a mi progenitora, también me imagino cosas, porque no sé cuáles fueron sus circunstancias, no sé si me extraña, si me piensa, si me espía por facebook, un momento… ¿estoy hablando de mi progenitora o de mi exnovio de la prepa? 

También hay veces en que pienso que si pudiera volver el tiempo a ese momento, a ese preciso instante en que mi mamá biológica me iba a dejar, hoy le diría: “¡Ay ya déjame! ¿Qué no ves que me espera una vida feliz y llena de amor? Suéltame ya mujer, no seas dramática. Ah y ese timbre no se va a tocar solo eh… ¡Y córrele que ahí viene el padre! (Ah no, que tampoco es “Marcelino, pan y vino”), ¡Córrele que ahí viene la trabajadora social! En serio, ¡corre!, corre a tu vida, sé libre, no te culpes, no te juzgues y sé muy feliz porque has tomado la decisión correcta.”. 

Si te moriste en el parto… -silencio incómodo- ah caray… pues, ¡gracias, igual! y te veo luego, (espero, en mucho tiempo), pero, te adelanto que todo salió bien, tuve una vida bendecida, tengo a los mejores padres que alguien podría desear, una familia increíble, encontré mi vocación: la comedia, vivo con el hombre de mi sueños, tengo en la vida por quién vivir, amo y me aman… ¡Cante conmigo amado lector! 

Soy feliz.   

Todo comenzó cuando llegué a mi destino o sea a los brazos de mi mamá a las pocas semanas de nacida. Fue algo así: Un día llegó mi mamá al DIF, ella muy progre en los ochentas, con su diminuta cintura y gran corazón, y muy al estilo Angelina Jolie dijo: “A ver, me llevó a esa niña vietnamita.” Y yo: “¡Oiga, señora! Tengo los ojitos un poquito rasgados, pero…” ya me iba yo a poner toda intensa, cuando pensé que probablemente era mi única oportunidad de una vida digna y feliz, así que me calmé, me hice pipí en el pañal y como si nada pasara sonreí tiernamente y el resto es historia. Una historia que no siempre fue fácil. Llegar aquí no fue nada sencillo, fueron años de terapia, de charlas con mis papás, con el resto de mi familia, con mis amigos, después me convertí en comediante, hice una rutina sobre mi adopción, un proceso muy catártico, por cierto, y todo ha sido mejor desde entonces. Sin duda, un camino largo de perdón, agradecimiento, aprendizaje, de mucho amor y humor para poder decir que por estas dos mujeres soy quien soy y estoy muy agradecida, a una por darme la vida y a otra por darme todos los días una razón para vivirla. 

Toda mi admiración a las mamás primerizas (como muchas de mis amigas) que se cuestionan si lo hacen bien, a las que tienen más de un hijo y se dividen en mil para cuidarlos, o las experimentadas que dan consejos y apoyo a las demás, a las mamás que han perdido a sus hijos, a las tías que aunque no ha parido, son una segunda mamá para sus sobrinos, a las hermanas que les ha tocado hacer de mamá y criar a sus hermanos, a las que añoran embarazarse, a las que son mamás biológicas y dan en adopción a sus bebés para que tengan una vida mejor, a las que adoptan bebés y generan una conexión mágica e insuperable con sus hijos, a las mujeres cuidan a los bebés hasta que son adoptados, a las enfermeras y doctoras que dejan su vida en salvar pacientes como si se tratase de sus propios hijos, a todas las que son mamás en cuerpo o espíritu, desde el fondo de mi alma toda mi admiración. Y en especial a la mía, porque eres lo mejor que me ha pasado, gracias por cambiar mi vida y hacerme sentir amada y apoyada siempre, te amo, Yolis.  

GRACIAS a todas las madres por enseñarnos el propósito de vivir: EL AMOR.  

 

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