Lo que estoy a punto de contar les podrá parecer absurdo, inadmisible, irracional, hasta con cierto grado de necedad y flagelación, pero no me importa, a estas alturas de mi vida, me importa muy poco ser señalada y usada como objeto de burla.

Más si hablamos acerca de esas cosas que ustedes predican con tanta facilidad y aseguran que son fáciles de llevar.

Sencillamente no lo son.

La verdad dudo mucho que ese tipo de personas desvergonzadas y habladoras, hayan vivido o pasado algo como esto en sus vidas. Si fuera así, no hociconearian con tanto cinismo de algo que lleva su proceso. Entenderían que en esto, también existen las recaídas.

De eso mismo quiero hablar.

Hace casi un año terminé mi relación de cinco años y medio, tres días con dieciséis minutos y cuatro segundos.

No los voy a marear con la historia de todo mi duelo y sanación; solo les diré que hoy día, ya no lloro por él. Eso no quita que cuando lo veo por circunstancias de la vida provocadas por nosotros mismos, no recuerde cada año que vivimos juntos.

No puedo evitar intentar decirle con mis ojos el coraje que siento, no por lo que me hizo, si no por verlo exactamente igual, es decir: sin mejorar, sin progresar. Lamentar verlo y que siga siendo mi hombre, pero ya sin llorar por él.

He intentado salir con más hombres, he estado con ellos, les he abierto mi corazón. He confiado, me he arriesgado, me he dado la oportunidad con hombres que jamás pensé. En pocas palabras: ¿de verdad he intentado enamorarme y he llegado a sentir una gran ilusión por alguno? Sí. ¿Y qué pasó?

¡Pum! Me rompió el cachito de corazón que apenas estaba sanando y me derrumbó sin piedad mis ilusiones de niña. A mí ya no me gustan ese tipo de sorpresas, y menos de desconocidos.

Es aquí cuando entra el subconsciente de la costumbre, el corazón busca resguardarse, y ¿cómo lo hace?

Buscando al pasado.

Porque aun cuando llevo casi un año que terminé mi relación de cinco años y medio y tres días con veinticinco minutos y quince segundos, él siempre está ahí.

Por más que ya no llore por él, ni el por mí, estamos para nosotros, para nuestros recuerdos, para nuestros sueños truncados. Estamos ahí para nuestros hubiera.

Sé que no es justificación, y no sé si está bien o está mal, asegurar cualquiera de las dos, sería un tanto osado. Por lo menos con él se con seguridad, que terminará rompiéndome el corazón.

No se la razón del porqué, cierta parte de nosotros sabe con certeza que nos esperamos, y no para volver, si no para restregarnos con nuestra separación, que todo el mundo lastima, todo el mundo falla. La diferencia es que a ellos solo los conozco un mes, y al mes, ya intentan romperme. Nosotros nos destrozamos en cinco años y medio, cuatro días con once minutos y once segundos.

Yo ya no lloro por él quizá, porque sé que aún sigue ahí.

No sé si está mal o bien, pero es en la etapa de mi proceso de olvidar en la que estoy.

 

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@LuzRramos

 

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