Después de las entrevistas dadas por varias mujeres con Carmen Aristegui (que amo y es la única mujer por la que me volvería lesbiana, está bien, con Britney Spears también, y bueno… Mónica Bellucci), ya no entendía nada. Según yo, soy feminista, pero tenía un par de dudas: Si ella cedió, ¿fue violación? Si consiguió fama a cambio, ¿está mal denunciar? Si por fin habla del tema, después de años, pero no dice el nombre, ¿para qué lo dice? 

En ningún momento cuestioné al agresor. Cuestioné a la víctima. Me puse a pensar el por qué cedió ante la presión de un hombre poderoso cuando ella no quería nada con él. Por qué no dijo no: “No entras a mi habitación, no me toques, no quiero el papel.”  

Le creo, si una mujer dice que fue abusada, le creo, no hay duda al respecto, entonces, ¿Por qué tenía tantas dudas? Si una mujer es invitada, no una vez, si no dos veces a un programa y se siente acosada, ¿por qué regresa? ¿Por fama? ¿Por qué acusar ahora a alguien que impulsó tu carrera, pero en su momento, no hiciste nada? 

Recordé algo. Fui abusada sexualmente por un familiar a los diez años. Lo denuncié años después con mis padres, porque ya era muy tarde para hacerlo en un ministerio público, pero lo sorprendente fue que, por circunstancias del destino, hasta viví con él, ¡más de cinco años! Y no solo eso, él me mantuvo, ¿fui cómplice de ser abusada?  

Y me enojé. A Karla Souza la abusó un director de cine y a mí me abusó un don nadie, o sea a ella le dieron una película y series y a mí lo único que me dieron fueron silencios incómodos en navidad. ¡El mundo es tan injusto! Estaría bueno que pudiéramos escoger a nuestros abusadores, digo, si ya va a ser un común denominador, que por lo menos sea alguien chingón. Luis Miguel, si lees esto… sigo esperándote.  

¿Por qué aceptamos cosas con gente que nos lastima o nos ha lastimado? ¿Por qué aceptamos ser víctimas? En un especial de comedia, Dave Chapelle habla sobre un libro escrito por un pimp, de cómo mantenía a sus prostitutas a raya. Primero las golpeaba con un gancho, las sangraba y dejaba malheridas y después las metía a una tina a darles mimos. El mismo agresor las cuidaba después de maltratarlas. ¿Suena familiar? Es un asunto más psicológico, sistemático y poder, que otra cosa.   

Entré al CEA, escuela de actuación de Televisa, ya sabía decir no y defenderme, según yo, y al salir de la escuela, el primer casting fue para un productor llamado Emilio Larrosa. Pidió que todas las mujeres fuéramos en bikini al casting. No solo accedí, me fui a broncear y me compré un bikini. Y ahí estábamos en un salón, con mucho frio, más de treinta mujeres en bikini; entaconadas, maquilladas y con pelo postizo, ¡no había un solo dialogo para la escena! Solo tenías que caminar frente a él y su jefe de reparto. Ahí estaban mis nalgas expuestas, moviéndolas con un bronceado perfecto, pero eso sí, con su cuota de celulitis. Eso sí que era el movimiento naranja a su máxima expresión. Y, ¿saben que fue lo peor? El papel era de una secretaria, ¡qué ni hablaba!  

Debí decir: Oigan tengo piensos, leí Shakespeare, no se pasen de verga. Pero no. Me quedé callada y tambaleé mis nalgas. Realmente quería un papel, una oportunidad, dinero, poder ser independiente y en este medio (como en muchos) nos enseñan que el cambio de moneda es nuestro cuerpo. Otra anécdota con este productor: Una amiga hizo un casting, en bikini, para otro personaje, claro, y le dijeron que se quitara un tatuaje enorme en la espalda. Tenía una semana. Fue con un médico, barato, pues no tenía dinero, se quitó el tatuaje y a la semana le avisaron que le habían dado el papel a alguien más. Mucha gente pensará, ¿Por qué accedió hacer algo así? ¿Por qué fue tan tonta? A veces tu sueño puede más que tu autoestima.  

Una de las entrevistadas con Carmen “mi chingona” Aristegui, puso en su cuenta de Instagram que estaba feliz de ser una de las pioneras de este movimiento y ahí si difiero con mi compañera, este #mitote no empezó con el #metoo, no nos colguemos cosas que no son nuestras, vivimos en privilegio al poder hablar gracias al sacrificio de muchas mujeres que durante años lucharon por tener igualdad, por romper un sistema, ¿y lo más fuerte? Que ni siquiera pudieron ver el cambio, solo lo esperaban. ¿Qué me dicen de Sor Juana Inés de la Cruz? Una autora que debió enfrentarse a convencionalismos de su tiempo, que no se veía con buenos ojos que una mujer manifestara curiosidad intelectual e independencia de pensamiento, ¡gracias comadre! Que sin ti no hubiera tenido la libertad de escribir en mi blog lo que me diera la gana. Rosario Castellanos, pionera del feminismo en México, que sin ti no pudiera expresar una sola de mis ideas sin leerme histérica, ¿qué sería de nosotras sin tus escritos e ideales? Frida Kahlo, Nahui Ollin. ¿Cómo olvidarnos de la mujer que lucho por nuestro voto, Elvia Carrillo? Hermilda Carrillo, primer congresista en México o Esperanza Brito de Martí, una de las grandes feministas mexicanas contemporáneas. Directora de la ‘Revista Fem’ durante los dieciocho años en que se distribuyó, es recordada sobre todo por su férrea defensa del derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, encabezando en los años 70 las primeras manifestaciones por las muertes de mujeres en abortos ilegales y demandando ante la cámara de Diputados en 1982 una Ley por una Maternidad Libre y Voluntaria. Y así muchas. Como verán, este movimiento no empezó la semana pasada ni lo que pasó en Hollywood, esto apenas es una ola gigante después de muchos años de mar en relativa calma  

Hace poco, mujeres mexicanas marchamos en nombre de Mara porque fue violada y matada en Puebla por un taxista. ¿Queremos llamar la atención o será que ya estamos un poco hasta la madre de ser asesinadas, acosadas y abusadas? 

Qué curioso que pedimos que esas mujeres que denunciaron, hubieran dicho que no, ¿lo haces tú con tus gobernantes corruptos? ¿Lo haces con tu paga de impuestos y dices no al no recibir una educación pública decente o una atención médica gratuita? Es tu derecho, están abusando de ti, ¿estás haciendo algo al respecto? Porque veo que te la están metiendo y casi casi les pasas el lubricante. ¿Haces algo por la pobreza de tu país mientras muchos gobernadores se roban todo tu dinero? No decimos nada, no hacemos nada, abusan de una manera tan cruel y a la vista de todos y nadie hace nada. 

No es cuestión de género, es aprender a decir no cuando alguien abusa de nosotros, y al parecer, ninguno en nuestro país sabe hacerlo. Así nos sentimos las mujeres todos los días. Me da miedo ir a la tienda después de las siete de la noche, porque puede que la siguiente sea yo.   

¿Cómo grito si alguien me tapa la boca? ¿Cuántas tienen que morir para que se entienda que no somos feminazis? ¿Cómo denunciar si tú como víctima serás juzgada? 

Y esto va para hombres y mujeres por igual: Agárrense, porque no habrá un siglo más de misoginia, patriarcado u opresión. A lo mejor ya no nos toque verlo, pero bueno, si hacemos bien las cosas a lo mejor en unos años se hable bien de nuestra generación. La generación que dijo a toda clase de abusos: NO.  

“Hoy, las mujeres están en pie de lucha y se escuchan sus voces. Se necesitan más voces de mujeres para que no se escuchen tanto las voces masculinas, sobre todo de la jerarquía eclesiástica y de los provida del feto pero no de las mujeres. Las mujeres se pueden morir, ¿a quién le importa la vida de una mujer? A las demás mujeres, a las mujeres feministas”. (Párrafo final del último artículo escrito por Esperanza Brito en la revista ‘Fem’, el 3 de abril de 2007).

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