Llevo una semana poniendo el despertador a las 8:30 a.m. para despertarme y empezar a hacerme de una rutina. Necesito un cambio de hábitos, necesito que la disciplina corra por mis venas.

Aunque a veces lo parezca, no soy una persona disciplinada, soy actriz y actúo como una persona disciplinada, pero no lo soy. La cosa es que necesito empezar a hacerme de una rutina que me permita hacer tareas diarias vitales (bueno no vitales, pero necesarias) antes de mis actividades de todos los días.

Hacer ejercicio.

Desayunar, (si queridos lectores, desayunar, puedo salir de mi casa sin desayunar y no probar alimento hasta las cuatro o cinco de la tarde. Ya sé, ya sé).

Pasear a las perras.

Y así puedo irme con una lista interminable de pendientes, aunque en mi lista de prioridades esto es lo primero.

Dicen que veintiún días de hacer lo mismo pueden generar un cambio de hábito, bueno yo llevo varios intentos y a veces no llego ni a dos días. Los pretextos más comunes son:

“No tengo tiempo”, “prefiero dormir estoy muy cansada” (que ya tocaremos el tema en otro momento, pero el descanso debería venir en la lista de prioridades) y la frase más recurrente, que también suena a pretexto es “no sé en qué se me va el tiempo”. Yo sí sé ¡en el celular! ¡Sí! ¡No digan que no! El celular es como un amante celoso que solo te quiere para él. Es como un enamorado patológico que no quiere que toques a nadie más.

Es como una mamá chantajista que se siente mal para que le hagas caso. ¡Sí señoras y señores! Ese es el celular.

Al principio parece ayudarte, porque ahora en el nuevo iPhone trae una alarma que dice “ve a la cama ahora para descansar ocho horas”, porque también ya te ayudó a poner el despertador… Y sí, parece que todo va bien.

Te pone cosas bonitas para llamar tu atención como esa app de ¿tienes siete minutos libres para ejercitarte? Y si casualmente tienes los siete minutos libres ¿Qué haces? (Léase como narración de película de terror):

Tomas el celular, respiras, te dispones a abrir esa app que tanto bien te hará para hacer ejercicio, te pones en un lugar cómodo para realizar siete minutos de ejercicio que cambiarán tu vida y cuando vas a empezar a hacer la primera sentadilla… llega una notificación de fb… lo intentas, pero es más fuerte que tú, rápidamente sin perder mucho tiempo decides abrir la notificación que solo te quitará un minuto… bah! Puedes hacer solo seis minutos de ejercicio mañana haces ocho… abres el fb y la notificación es de un amigo que posteo un video de la nueva lady… haces caso omiso, pero el título es “no te imaginas lo qué pasó después”… y así se te fueron tus siete minutos de ejercicio más otros quince y terminaste viendo videos de caídas sorprendentes que no te están dejando nada bueno.  Pero ya, logras perdonarte por haber perdido veintidós minutos de tu vida y ¡oh no! Ahora quieres hacer pipí y ¿sabes quién te va a acomodar al baño?

¡Tu celular! ¡Sí! Y ahí estarás sentada hasta que se te caiga la vejiga, punto para los hombres que tienen que sostenerse a si mismos para hacer pipí, aunque si son hábiles harán una cosa con una mano y otra con la otra y después cambiaran de mano, ¡cochinos!

Y así vamos perdiendo el tiempo en el celular. Sorprendente ¿no? Claro que no es sorprendente, lo sorprendente es que ahora no sólo necesitamos la fuerza de voluntad para la dieta y el ejercicio si no también para el teléfono. Que sí, gran herramienta, pero es una señora muy exigente.

Hoy desperté a las nueve, dormí mal porque mi hermano tuvo fiesta leve en el depa, hice pipí y tomé los diez minutos antes de las 9:30 para checar redes sociales, me recosté tantito y cuando vi eran las once de la mañana. Obvio sacrifiqué el gym para hacer lo que me faltaba en casa. Pero hace rato logré escapar. Terminé de desayunar y ahí voy otra vez a las redes sociales… bueno terminé comprando un brassier por internet, pero cuando iba a abrir otra aplicación para ver que está haciendo medio mundo y perder mi tiempo, decidí escribir esto.

¡Y mira que productivo! Casi tan productivo como el leerlo (claro no me voy a hundir sola, leer los post de mimosas no es perder el tiempo… es tiempo para la lectura). Así la batalla.

Creo que empezaré con el “solo por hoy” y checar con horario las redes sociales y demás maravillas que trae consigo este aparato. Y ya me voy por qué tengo que hacer una llamada.

Bye!

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