Querido, no hay día que no piense en ti.

Eres parte de mi pasado que no quisiera repetir, pero diario, a cada minuto pienso, ¿y si lo busco? Nadie se va a enterar, solo yo. Marce, ¿vas a contar? Yo no. Que sea nuestro secreto.

Las aventuras que pasamos juntos. Son innumerables. La playa, la noche, mi cuarto, mis años más bellos los pasé contigo. Tú no me buscas, pero estás presente, créeme. En cada conversación, con amigos, familia, mientras me subo a un avión, antes de dar un show, no sales de mi cabeza. No te equivoques, sé que era una relación enfermiza, sólo me da nostalgia, pensé que estaríamos juntos toda la vida.

A ver, soy feliz sin ti, las cosas empezaron a fluir para mí, ya no me siento triste, ya pocas veces me enojo, no soy volátil, por decirlo derecho: ya no me dan ganas de morir. Sí querido, me daban ganas de no haber nacido cuando estabas conmigo.

¿Por qué si sabemos que algo o alguien es malo para nosotros no podemos dejar de amarlo? ¿Por qué esa necedad de estar atados a algo que nos asesina lentamente? Que se siente como amor, se siente calor, el abrazo necesitado de la infancia, pero es la patada de la huella de dolor.

Que melancólica, alejarme de ti fue mi decisión, lo acepto, basado en tu poca manera de quererme, pero sí, pude irme por fin. Pude bloquearte de mi sistema, hasta tengo cosas tuyas en mi casa, y al verlas, ya no siento nada.

Ahora que me atrevo a escribirte, te digo, me vale madres cómo estés y con quién, estás con todos y todas y a la vez con nadie, eres traicionero, incómodo y te aprovechas de la gente a tu alrededor, el chiste es sacarle provecho al mejor postor, si no te conociera bien, creería que hasta eres bueno, pero no, tu lado oscuro lo conozco mejor que eso. Eres mierdero.

Prometes risas, diversión, un mundo lleno de oportunidades, tener imágenes extraordinarias bajo cualquier circunstancia. Sí las hay, pero viene con lágrimas, dolor, el desapego más difícil con el que he tenido que lidiar y me despedí de mi madre cuando tenía siete años. Aun así, decirte adiós no se compara, tú fuiste de las cosas más dolorosas de mi existencia.

Quisiera, si me lo permites añadir, una noche más contigo. Sentirte en mi boca, olerte, sentir tu calor en mi cuerpo, bañarme en ti. Que esa noche no terminara jamás. Reírme contigo o de ti, da igual, querido amor tóxico, sueño con esa última noche, pero tuvimos tantas despedidas igual que promesas de intentar llevarnos bien, que ese deseo sé que lo desperdicio cuando veo una estrella, hay un 11:11 o el juego de la pestaña.

Extraño la alegría que giraba en torno a ti, falsa, obvio, pero me hace falta. Siento como si me hubieran quitado un brazo, ya no sé relacionarme con la gente de manera superficial si no estás a mi lado. Me hacías más artificial para sobrevivir a este mundo falso. Qué se pudran todos, mi coraje ha llegado al máximo.

Hay momentos que por tu culpa, ya no confío en la gente, esa que está contigo apoyándote, que me lo restriegan en la cara: “¡Hey! ¡Yo sí puedo convivir con él porque no estoy tan enferma como para enamorarme, estúpida! Estoy con él un rato, míralo en videos, en persona, en fotos.”

Sí, mi error más grande fue enamorarme de ti, creer que no podía vivir sin ti. Mi peor error fue conocerte mejor que nadie. Me pisoteaste. Mentira, me pisoteé sola, porque se necesitan dos para una relación tóxica.

Me decías al oído que pensar, que hacer, hice locuras por estar intoxicada de ti. Desconfiaba de cada fibra de mi ser. Era un ciclo sin fin, me hacías sentir bien y después era sortear la decadencia ante la decisión de estar contigo.

Pero tocamos fondo, ¿recuerdas?

Muchas veces tocamos fondo, pero la última, gracias a años de terapia, pude verla de frente, pude ver ese futuro asqueroso que me esperaba a tu lado. Gracias al destino, pude ver ese monstruo en tu cara perfecta, me diste asco por fin.

Desperté después de una noche horrible, había estado demasiado tiempo contigo, años, lloré, era un miércoles. No ser godín me deja mucho tiempo libre, pienso en la existencia y de cómo no hago casi nada de mi vida. Eso, querido, es lo más complejo, llevar una vida, pues es la única si no existe la reencarnación, con cosas y personas que amas para no sentirla vacía, y lo básico para poder hacer eso, es amarse primero a uno mismo y a tu lado, era imposible. Ya no podía hacerme pendeja. Era ahora o nunca.

Lloré, como lloré semanas después al tratar de olvidarte, en mi cama en posición fetal, lloré por nuestro pasado, por nuestras noches, por la playa, por ti, lloré porque me hacías tanta falta.

Lloré porque el mundo como lo conocía llegaba a su fin, lloré porque siento que nunca me pude despedir bien de ti. Lloré porque te odio, porque no sé cómo permití años que gobernaras mi vida. Lloré por ti, por lo vacío que conlleva estar contigo. Lloré por mi infancia y mis heridas más profundas pues de ahí venía mi co dependencia hacía ti. Nadie tiene la culpa, más que yo, pues entendí que hay orden en el universo y yo soy Dios, artífice y creadora de mi propia vida.

Nunca pensaría que meses después, dejaría de llorar por ti, te sufro, te extraño, todo mi cuerpo me pide buscarte, pero soy feliz, por primera vez desde que era niña, vivo en paz.

Pero ese día que tomé la decisión de alejarme, le llamé a una amiga, me contó cómo ella dejó su adicción, me paré de mi cama y fui a sanar.

Fui a alcohólicos anónimos.

Alcohol, querido, mi amor, mi relación tóxica, te amo, pero púdrete. Sólo por hoy puedo decir, no te voy a buscar.

 

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