Y a ti ¿qué te hace volar? Leí esta pregunta en un espectacular luminoso a las dos de la mañana y casi choco, menos mal que alcancé a frenar o la respuesta hubiera sido: “A mí me hacen volar los espectaculares que te chingan las pupilas con preguntas surrealistas cuando vas manejando sobre el segundo piso del periférico a las dos de la mañana.”

Han pasado un par de semanas desde el incidente y creí que lo había olvidado, pero me dio gripa, una gripa de esas que te recuerdan que ya no tienes veinte. Para mí, las gripas son como las crudas, en mis veintes no me importaban, ni las sentía, pero en mis  treintas, me cuido de ellas como si fueran la peste. Sé perfecto cuánto alcohol necesito para tener los peores tres días seguidos de mi vida, tengo claro que si mezclo chela con  tequila no me voy a acordar de nada y que hay veces que es mejor saludar de lejos, comer guayabas y ponerse el suéter, aunque me parezca a la versión milf de mi tía Cuquita, tan sabia y tan soltera ella.

Me dan miedo, pánico las gripas porque me tiran en la cama por lo menos dos días y me vuelvo zombie de los feos; no me baño, no puedo trabajar, toso, escurro mocos, me quejo cómo la llorona, no soporto la luz, vomito; es como si me diera cáncer terminal un fin de semana, pero con gripa.

Soy dramática porque no me hacían caso de chiquita y por lo mismo, tengo mis contradicciones, entonces me inyecto sola. Me dan igual las agujas, es un súper poder que tengo, la verdad es que mi mamá tiene un poco que ver; ella estudió primeros auxilios y tuvo a bien inyectar el trasero enfermo de casi todos los vecinos, así que pude aprender solo viendo; además, un día me dijo que a una señora le habían tenido que amputar la pierna porque una enfermera tonta la inyecto como no debía. Mi mamá sabe cómo sembrar paranoia en su hija con mucha facilidad ¿Se dan cuenta? En fin, nadie me toca las nalguitas a menos que sea para darles placer.

Pero les hablaba de volar, ¿Cierto? Cierto. Ahora que se pasó la fiebre estoy lo suficientemente fuerte  para quejarme y decir que estoy muy débil; como los celulares que tienen energía para estarte chingando porque ya se les va a terminar la pila, pero no te  dejan hacer una mugrosa llamada, así me siento.  Y como nadie me soporta en este estado, reflexiono sola con mi té de canelita.

Hay muchas cosas que me hacen volar, además de las drogas quiero decir, tengo éste otro súper poder de aburrirme a los cinco minutos de todo, mi precocidad está en el interés; me pongo muy intensa y a los cinco minutos ¡Zaz! Ya terminé y nadie supo ni que pasó ni cómo.

Mi gran batalla, la más constante, ha sido mantenerme quieta; aprender a respirar cuando todo se pone difícil y tomar el reto que sigue con todo y mi miedo, que no es fácil de cargar ¡Pinche miedo! Tiene una relación amor/odio conmigo que desgasta; dice que ya no lo necesito, que se va para siempre y luego regresa arrepentido para meterse en mi cabeza. Creo que él me necesita más de lo que yo a él, sí, mi miedo me necesita. Lo sé porque cuando me atrevo a ocuparlo me hace sentir fuerte y además orgullosa, ese maldito me quiere. Pero que ni crea que lo voy a llevar a todos lados, no;  solo a los importantes para que salgan mejor las cosas. Un reto sin miedo, es una broma.

Soy una voladora que va, soy un jet  militar, un caza supersónico de propulsión a chorro F-4 Phantom II  ¿Les dije que cuando me da gripa a veces también me da diarrea? Creo que ya tengo fiebre otra vez ¿En que iba? Ah sí,  volar. Es fácil tener ganas de volar lo difícil es dar el salto y saber que tu mamá no va a cacharte en el aire, que solo te va a mirar mientras te la rompes y luego, si es una buena madre, te va a animar para que subas otra vez a ese árbol y saltes todas las veces hasta que ya no te caigas y entonces va a sonreír porque ella siempre creyó en tus alas. A veces un “te lo dije”, es un siempre “creí en ti”.

Pero las mamás luego ocupan unos tonos muy misteriosos que logras descifrar hasta que ya eres mamá ¿Y a donde las agarras para decirle gracias por dejarme caer, no sabía que las micro fracturas volvían más sólidos los huesos y el alma? No puedes porque ya es viejita con lagunas mentales o está muerta y ya no, aunque llores y te arrepientas, entonces volar, ¿verdad?

A mí me hacen volar las cosas simples, leer un  buen libro, una carcajada compartida en un café a las seis de la tarde, bailar una cumbia de los ochenta en la comodidad de mi cocina mientras lavo los trastes, el suspiro que me deja un beso inesperado, una bolsa nueva (mi parte materialista también disfruta volar, déjenme), la sonrisa del Bruno cuando me da los buenos días, caminar sin rumbo un par de horas hasta encontrarme, cosas simples, que no podrían ser posibles si no hubiera saltado de ese árbol para en lugar de volar caerme tantas veces y las que faltan.

Porque no puedo parar, ni de volar ni de caerme ese es mi  otro súper poder, ya sé, tengo muchos “¡Que afortunada!”, no me voy a detener porque necesito volar, aunque no quiera, aunque me caiga y duela, aunque me canse, me frustre o me harte. Las razones para intentarlo cada día puedo inventarlas si quiero, no importa.

Yo nací para volar y si no puedo volar, mejor me muero.

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