¿Cuántas veces nos hemos dicho esto? Y en infinidad de ocasiones, momentos, errores, etc. Que no vuelves a hacer eso que te trajo consecuencias no deseadas. Va desde salirte vestida como si anduvieras en la playa cuando ya viste que anda haciendo un frío del demonio y andas haciendo el ridículo titiritando todo el camino de regreso a casa, ponerse hasta las chanclas para despertar con una cruda que te hace sentir un roce muy cercano con la muerte, o relacionarte con gente que sabes que nomás no te conviene. Éste último punto es el que más dolores de cabeza me ha causado, sí más que mis múltiples crudas, y nada más no veo cuando aprenderé. Claro que no soy la misma de hace unos 5 años, he aprendido de mis errores y he mejorado ciertas cosas, pero sigo metiéndome a la cueva del lobo bastante seguido, y lo peor de todo es que ya la identifico perfecto, sé cuándo estoy metiendo mi patita donde no debo pero hay una cierta calidez en esa cueva, que me sigue atrayendo. Empiezo a platicar con alguien nuevo, un desconocido y algo sucede, como si un imán interno me jalara a buscar más, sucede cuando veo un destello de dificultad, imposibilidad, complicación…en otras palabras: sufrimiento a la larga. Haz de cuenta que nos fascinara lo prohibido, lo que nos quitará horas de sueño y tranquilidad, y creo que hay muchas cosas positivas que también tienen éstas cualidades, seguir un sueño o trabajar por lo que quieres, seguro costará trabajo y algunos corajes pero es diferente, sabes que habrá una luz al final de camino. En cambio, en la cueva del lobo sabes que jamás verás la luz, tal vez te dejas engañar un rato por una fogata atractiva pero no será para siempre. Desde el principio sabes que el tipo no será ningún príncipe azul, es más es lo opuesto: el anti-príncipe, pero ahí estás esperando la llamada o mensaje para volverlo a ver y cuando lo vuelves a ver todos sus posibles defectos desaparecen por arte de la ceguedad amorosa y empiezas el círculo vicioso. Después de unos días juras que no lo volverás a ver porque ‘no te hace bien’ y además no llegará a ningún lado, hasta borras el contacto del celular para evitar errores en la peda o en esos domingos solitarios, pero al primer whatsapp (y obvio ubicas el número) te haces la difícil y te tardas en contestar pero no duras más de una hora y ahí estás tan casual y cool como nunca preguntándole que ¿cómo está? y hasta pones más ‘jajajaja’´s de los necesarios a sus comentarios porque quieres verte feliz y despreocupada, peor aun cuando ahora él se tarda en contestarte y empiezas a dudar de tu decisión, de haberte esperado a contestar, te maldices y no paras de checar el celular y lo que escribiste. En otra visita a ese oscuro lugar, me encontraba un poco peda y alegre y me dejé llevar por la emoción del momento prometiendo cosas que al día siguiente me hacían enterrarme en las cobijas para no salir jamás, invitando a un desconocido total a mi casa y a comer al día siguiente para que conociera a mis papás y es más hasta le dije que mi papá le caería de perlas y hasta le daría consejos sobre la vida….aghhhhh que oso me doy! No lo vuelvo a hacer jamás!!! No dejar de tomar… sino controlarme….como si eso fuera posible, no? También me ha sucedido el caso opuesto al anti-príncipe, pero tampoco es como que sea el príncipe azul, sino una especie de clon (se parece, pero sólo en la forma) que llega con todas las buenas intenciones pero no hay esa chispa, ésa chispa que sólo se da con el príncipe ( con el anti-príncipe es una ilusión de chispa, no se dejen engañar!) y en vez de ser súper sincera contigo y con él, le sigues el jueguito nomás por no dejar y porque ‘quién sabe que pueda suceder’ y acabas metiéndote en situaciones de lo más incomodas, yendo a planes que ni se te antojan al cien, dando explicaciones demás y de nuevo te repites a ti misma: ¡No lo vuelvo a hacer!

Ir a un lugar que sabes que no debes, tomarte ese décimo shot, responder ese mensaje a las 8.40am, salir 5 minutos más tarde de tu casa, comerte esa tercera porción de chilaquiles, llamar aunque sabes que no responderán, no haberme llevado una chamarra, haberme desvelado cuando al día siguiente tenía llamado a las 8am y así una lista interminable a mis 25 años. No se trata de hacer lo correcto, es parte del aprendizaje, te equivocas y te levantas, es más se vale que te caigas varias veces y hasta en el mismo lugar, pero cuándo ya hasta dejaste marca en el piso creo que es señal de que algo no anda nada bien y te andas lastimando a lo pendejo, disculpen mi francés. Últimamente me he tropezado con piedras viejas pero con apariencia distinta y entrado a esa cueva familiar, creyendo que será distinto ya que ahora soy más madura y lo sabré controlar y manejar de otra manera.  Hasta he experimentado un deja-vú extraño como de ‘es lo mismo pero no es lo mismo’ y ahora  me doy cuenta que a veces me he caído por costumbre, por seguir un patrón y pues ya es tiempo de cometer nuevos errores, de que mi próximo ‘No lo vuelvo a hacer’ sea en serio y no se lo lleve el viento, y entendiendo que el lobo sigue siendo el lobo y el príncipe azul… espero que siga siendo el príncipe azul una vez que lo encuentre.

Luciana