Caro está acostada boca arriba en su cama. Permanece inmóvil con los ojos cerrados y únicamente los aprieta para escurrir las lágrimas que se le van acumulando en cada cuenco. Nunca se había percatado de con qué facilidad se puede producir tanta agua en sus ojos y de manera imparable. Hace todo lo posible por disfrazar sus sollozos con respiraciones profundas y calmadas, sabe que Jaime no soporta que ella llore, y para él, Caro llora demasiado. Las lágrimas vienen a consecuencia de una emoción desbordada, en el caso de Caro, son miles de peleas reprimidas las que pretende ahogar con sus ojos. Ha aprendido sobre la marcha que si quiere que las cosas estén bien con Jaime, le espera una vida de peleas ahogadas en lágrimas, que a veces tiene que ceder por el bien mayor.

Ella sabe que Jaime no sabe expresarse bien cuando algo le molesta, que se esfuerza mucho por ser un hombre ejemplar y que sin dudarlo daría la vida por ella, sabe que detrás de cada explosión, hay una emoción desbordada de frustración, y para ella, él explota demasiado. Se aman, todos los días se lo demuestran, aun cuando están peleados él se va a la cocina y prepara algo para los dos, ella va al súper y le compra esos chocolates rellenos de cajeta que tanto le gustan a él. Se aman, se lastiman, se curan sus heridas a solas y vuelven para amarse más.

Caro abandona la inmovilidad en su cama, cambia de posición, Jaime siente el movimiento y se acerca para quedar frente a frente. Se miran a los ojos y recuerdan en medio segundo tanto amor, risas, planes, tantas vidas juntos tanto todo. Tienen claro que no es fácil, y a veces piensan en renunciar, pero también saben que existen para estar juntos, que no hay mejor lugar para ellos que al lado uno del otro. Se toman de la mano y al tocarse regresa en ellos la fe. Respiran y cierran los ojos para dormir.

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