“Recordó que los sueños de los hombres pertenecen a Dios y que Maimónides ha escrito que son divinas las palabras de un sueño…”

Borges. El milagro secreto.

 

Estaba incómodamente sentada en su cama, su cuarto estaba un poco desordenado, era la primera vez que me dejaba entrar. Me moría de nervios porque sabía lo que iba a pasar.

Se paró a desvestirse, pero no por completo, se dejó la ropa interior puesta. Era muy alta y delgada. Pude ver su piel completamente blanca, era tan transparente que se asomaban sus delgadas venas debajo. Sus caderas eran tan voluminosas que contrastaban con su finísima cintura y sus pechos no muy grandes, pero redondos. Sus pezones eran dos botoncitos rosas tenues apenas visibles por la tela ocre del brassier.

Quería estar con ella más que nada en la vida, me daba la impresión de haberla estado esperando toda una eternidad.

Pude apreciar que mi adorada tenía muchas cosas en la cabeza; revisó cosas en un escritorio, no supe distinguir si eran papeles o su celular. Me dio la impresión que era diseñadora porque alcancé a ver bosquejos de personas. Creo que adivinó mi pensamiento porque se sentó conmigo en la cama diciendo: “Perdón, pienso en mil cosas, pero sabes que soy toda tuya.”

Yo estaba muy callada, no sabía que decir y eso es difícil en mí. Me acostó en la cama y me abrazó. Olí su pelo largo, lacio y castaño un par de minutos, quería que esa noche no acabara nunca. Oímos ruidos fuera de su cuarto y se sentó de nuevo, era su compañera de cuarto. No sé qué tanto me dijo, yo lo único que podía pensar mientras veía su cara, no particularmente bella, pero hermosa a mis ojos era el cómo le iba a decir a mis papás que me había enamorado de Paula. Van a creer que es una nueva excentricidad mía, pensé.

Pero no, esto era serio, yo iba a pasar toda mi vida con ella, me iba a casar con ella. Por mi mente cruzó el asunto de los hijos, “Ya lo resolveremos.”

Mientras tanto ella seguía hablando ahí sentada, se le notaba triste, pero a la vez muy feliz de estar conmigo. El asunto del mismo sexo no es relevante, ni siquiera es algo que a ella le preocupe; sé que ha estado con otras, para ella es algo normal, para mí, es otra cosa.

Se volvió a acostar y sonriéndome me abrazó, pero esta vez con más fuerza. Es tan hermosa. Nos reímos con fuerza por cualquier tontera mientras le hacía cariñitos en el pecho “Es como estar con tu mejor amiga… pero mejor” y justo cuando me atravesó ese pensamiento, me miró con sus enormes ojos café asintiendo “¡Dios mío! ¡Esta mujer sabe hasta lo que pienso!”

Nos tocamos unos instantes más cuando era evidente que no podíamos seguir postergándonos. Besé todo su aperlado cuerpo y justo cuando mis labios rozaban sus rodillas, tomó mi cara con fuerza. Las lágrimas se acumulaban en sus ojos grandes, sentí un amor que no se escribirlo en palabras, nunca antes había experimentado esa clase de amor, no de una madre, no de un padre, no de un hermano, menos de una pareja. Ese amor no era humano, Paula era etérea.

¿Será un ángel? Paula me sonríe, mi idiotez le da gracia y tranquila comienza diciéndome: “Te amo tanto, la gente me ha lastimado mucho y cuando creo que voy a romperme, llegas tú.”

La entiendo, ahora por fin la veo. Sé de qué gente habla, ahora entiendo ese amor que he sentido desde que la conozco… Espera, ¿desde cuándo la conozco? De toda la vida, no, no, estaba en su cuarto al principio; no sé. La abrazo con fuerza y cierro los ojos; yo te voy a cuidar, yo te voy a amar, te amaré como a mí misma, no dejaré que nadie más te lastime.

Una migraña espantosa carcome mi cerebro. Abro mis ojos y solo veo negro.

Tardo mucho en reconocer el espacio en el que estoy, pero una bola de imágenes llegan a mi cabeza: yo en el balcón rogándole a Dios, al universo que cuide de un familiar que no puede dejar las drogas, pidiéndole en llanto que no abandone a mis padres ni a mis hermanos y que para mi ser: “Universo, hace mucho no me siento amada, sólo pido eso para mí, ser amada.”

Me levanté de la cama con un sobresalto, las palabras y cara de Paula retumbaban en mi cabeza; “Te amo tanto… la gente me ha lastimado mucho y cuando creo que voy a romperme, llegas tú.”

Vi mi reloj, eran las cinco de la mañana, escribí todo lo que estoy escribiendo ahora porque al cabo de unas horas lo olvidé, pero lo que no puedo olvidar es esa sensación de amor que he traído todo el día; ese mensaje, alguien me ama, alguien me escuchó y me respondió, esas ganas inmensas y necesidad que tengo de ser amadas me las dieron en un simple y sencillo sueño. No estoy sola, pide y se te concederá. Pero piensa bien lo que pides porque tus deseos se pueden hacer realidad.

Paula era yo.

Busque que significaba el nombre Paula: La más pequeña.

¿Pequeña? Claro; Dios, el universo, yo, el amor… ¿no tendríamos acaso el nombre más sencillo?

 

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