Hace meses comenzamos a hablarnos. Hace años lo vi por vez primera, en persona; ya lo había visto, nos habíamos visto, pero se quedó en eso, en coincidir.

“¿Cuándo nos tomamos un café? ¿Apuestas? Avísame que día puedes para platicar, ¿unos tragos? Linda noche.” Mensajes como estos escribían nuestras manos con la intención de coincidir una vez más en nuestras ocupadas vidas, coincidir y saber si algo más que un gusto visual podría existir.

Hace meses que se dan estos mensajes tan directamente indirectos, mensajes que asoman un me gustas, un ¿te gustaría que nos conociéramos para ver si…? Mensajes, que solo quedan escritos, pero no consumen nada.

Pero ahora nuestras ocupaciones nos  hacen coincidir, un poco tarde para conocernos, para decirnos todo eso que algún día se leía entre líneas, tarde para bebernos una botella de vino y decirnos: ¡Carajo! Desde que te vi me moría de… esos labios.

Los mensajes no siempre son escritos, las indirectas también se dan inconscientemente cuando el consciente se enoja de ser silenciado, los abrazos de despedida pueden sentirse como una bienvenida a algo que se deseaba, los besos en la mejilla se pueden dar como si estuvieran besando unos labios con los que deseaban probar, los golpes de juego suelen surgir tras sofocar las ganas de acariciar y…

Así es algunas veces el destino, Dios, la vida, la suerte, las coincidencias, nos hacen toparnos con personas que despiertan “algo” en nosotros y nosotros no valoramos ese “algo” que no cualquiera siembra, ignoramos el momento mágico y queremos, que sea lo que sea que nos haya hecho encontrarnos, nos haga el favor  de volvernos a topar en un momento correcto, cuando el momento correcto fue justo el sentir ese “algo” con esa persona que se encontraba entre el millón de personas con los que cruzamos por nuestro camino.

Algo tenemos que hacer nosotros después de este suceso que se nos da, como decirnos: ¿te gustaría ahora mismo ir a caminar conmigo y dejar pasar el tiempo para ver si vale la pena compartirlo entre nosotros?

Algo, como cualquier cosa que no quede volando en el aire, algo que potencie la sorpresa de coincidir, algo que se nos regaló, algo que camine y no se estanque, algo, lo que sea, para que no digamos: ¿Por qué ahora que…? Porque el destino, la suerte, la vida, Dios, las coincidencias, son canijas, y vuelven a aparecer para decirnos: Ustedes pudieron.

¡Qué lástima! El hubiera sí existe y es de las cosas que más duelen. Cuando se menciona el hubiera, es la palabra que quedó cortada y lleva puntos suspensivos.

TWITTER: @LuzRramos

INSTAGRAM: luzrramos

7

promocarrie