Él tenía ya antecedentes de mí, de esos que salen de bocas más sucias que la misma persona a quién se atreven a juzgarle la vida.

Sabía que lo nuestro, a los ojos de la mayoría de la gente, no podía suceder y yo también lo sabía, aun así, los dos nos dejamos llevar. Momento, no recuerdo haberlo juzgado nunca por decidir seguir saliendo conmigo a pesar de saber con quién había salido yo antes. Nunca pensé mal o que era algo enfermo ni nada parecido.

Él era un niño encantador a quién le habían dicho cosas de mí, de esas cosas que mencionan los cobardes, los misóginos, machistas, pocos huevos: “Ella es una puta, solo sirve para coger, así que no te claves.”

Puta. Lo dijo uno con el que salí algún tiempo, era soltera, en proceso de olvidar al que creí el hombre de mi vida por seis años, decepcionada del amor, pero sin poder estar sola, una mujer sola que salía con hombres buscando toparse con alguno que la cuidara.

Buscaba mal, la necesidad de cariño provoca lastima, y los hombres solo veían eso en mí. ¿Por qué solo me quieren para coger y ya? Me preguntaba llorando siempre que llegaba a casa sola, con la respuesta de la pregunta que atormenta a todos.

¿Salimos para algo serio o solo por salir?

– Me gustas, un chingo y eres muy linda, pero hasta ahí, no te veo como novia.

Entonces me alejaba, y cuando me sentía sola y me escribían, contestaba: Está bien, yo también puedo verlos solo para eso y ya.

Poco a poco me fui creyendo eso de que no era una niña para ser novia. Me convertí en quien no era, pensando que así jamás me romperían el corazón otra vez, pero cada día me lo rompía yo misma, con mis auto faltas de respeto y carencia de dignidad.

Puta no soy, me equivoqué y salí a conocer hombres cuando estaba soltera, hombres que solo son hombres porque tienen el género, no por que posean la educación, mentalidad o madurez.

A él ya le habían dicho eso de mí, intentó olvidarlo, pero no pudo. Su desconfianza desbordaba cada que me miraba a los ojos, cada día que pasábamos en este intento de relación madura donde los dos intentábamos demostrarle al mundo que sí nos amábamos, donde buscábamos perdonarnos por estar juntos a pesar de todo.

Asfixiada, por su inseguridad y dominada por no querer repetir patrones, contesté un mensaje de un moribundo del pasado, y con eso tuvo él lo que buscaba, el pretexto perfecto para llamarme puta e irse.

Le pedí perdón mil veces, acepté mi error, pero no escuchó, solo recordaba lo que hombres que engañan a sus mujeres le dijeron sobre mí. Me dijo que yo era la mujer de su vida, si fuera así, me hubiera dejado demostrarle que cometí una falta y que estaba arrepentida. Estoy lejos de ser lo que ellos dicen que soy y cerca de ser un ser humano que se equivoca.

Los caballeros no tienen memoria, es verdad, pero los cabrones, infieles, patentes, pocos hombres, sí, y es que cada día ellos con sus actos juzgan a los demás para limpiar sus culpas.

Puta no soy y lo sabes, quizá solo querías irte.

 

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