tres bodas y un funeral

“Quizá no nos besaremos o quizá nos agarraremos a besos locos… ¡Quién sabe! Quizá sea el principio de algo… quizá el final de todo.”

 

 

Hace unos días salí con un hombre maravilloso. Dicho sea de paso, yo propicie esa salida, sabiendo de antemano que era un hombre famoso y que tenía reputación de mujeriego.

Es actor de cine, teatro y un poco de televisión… pero lo que más me atraía de él era que es mayor que yo, seguro sabía todo de la vida, seguro me enseñaría.

Podía ser un amor platónico nada más… un maestro, un amigo, alguien con quien pudiera compenetrar.

Los de mi edad ya me tenían un poquito harta, y a decir verdad, tenía ganas de soñar. Llegó el momento de fijar una hora y día para vernos, se iba a hacer realidad… el pasaría a mi casa, y así, sin más… solo podía esperar.

Él dijo que seguro me decepcionaría de él, no sé porque, por mis expectativas tal vez, yo… yo solo no quería parecer idiota ese día, no parecer muy emocionada, ni una groupie ni nada… solo conocerlo ¿Quién sabe? Las mejores historias se escriben con los sucesos inesperados, solo necesitaba un momento, un solo encuentro.

Tenía su celular, su whatsapp y de repente le mandaba mensajes chistosos… Tal vez le agrade mi sentido del humor. Sé que no soy la más bella, pero si un hombre así, como el, gusta ponerle humor a sus días ¡Que mejor que se los de yo!

Y llegó el día esperado, pasó por mí a mi casa… si señores y señoras, mi amor platónico, el hombre que admiraba estaba afuera de mi casa. No podía con los nervios, prendí un cigarro y empecé a fumarlo. No sabía si salir o dejarlo ahí.

¡No! ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué importa si es mujeriego? Yo solo quiero conocerlo.

No sé porque pasa, que cuando alguien te gusta mucho pero sabes que no es para ti, tienes y quieres tenerlo… no importa si los días siguientes te vas a sentir miserable al no saber nada de esa persona, da igual.

Así es esto del arte de amar.

Fuimos a cenar, en realidad solo cenó el, yo solo lo pude observar. Hablamos de todo, de sus padres, los míos, del amor, de la fidelidad, de películas, de mi carrera, de la suya… y pude observar algo maravilloso… él es igual que yo, teme a ser reconocido en su carrera por solo una cosa en particular, ama a sus hermanos, admira a su mamá, odia a la esposa de su papá, hablamos del porque nunca se había casado y sus ganas, algún día, de tener hijos. En ese momento le pregunté lo que tanto temía preguntar:

“¿Tienes novia?”

Su evasiva me dio la respuesta, para al final decirme… “No soy de nadie, pero si tu pregunta es si tengo chica, si… tengo chica”

Edad: 26. Más joven que yo.

Ahí me di cuenta de las diferentes expectativas que teníamos en cuanto a nuestra cita. Vio mi cara y lo entendió diciéndome: “No te preocupes, entiendo que no quieras nada, aun así, soy el mejor de los amigos y te ofrezco mi amistad.”

Si, que sea mi amigo nada más. ¡Pero que ganas de besarlo! Tiene novia, no se puede, porque ante todo debo ser leal… Leal a mi género, claro está.

Pero me sentía en una película de Woody Allen, una comedia romántica difícil de descifrar, y después de varios mezcales, me ofreció ir a su casa.

Créanme, mi cerebro no quería y a la vez si… tenía que saber el final. Platicamos en su sofá, y si, ahí… nos comenzamos a besar.

Iba más allá de mis sueños, yo, en su casa, besándolo y el diciéndome lo bonita que era, lo bien que besaba, que le encantaban mis pecas… todo era un gran espiral.

Definitivamente estaba en una película, ya no importaba cual, el soundtrack de fondo… ¡Qué maravilla! ¡Qué irreal!

Dicen que cuando nos enamoramos oímos a Puccini en nuestras cabezas.

Realmente no es que estuviera enamorada, pero quería estarlo, con esa persona en particular, en ese momento y en ese lugar. Es el mito que si pasas una buena noche con alguien que te encanta, platicando hasta las ocho de la mañana… es amor.

Ya sea un mito o una manipulación, todos nos queremos enamorar ¿Por qué? Porque esa experiencia nos hace sentir completamente vivos. Cada sentido se intensifica, cada emoción aumenta, nuestra realidad diaria se hace añicos y entramos al paraíso.

Puede durar solo un momento, una hora, una noche, pero eso no disminuye su valor… porque nos quedan los recuerdos que atesoramos toda nuestra vida.

Yo sabía, que en el momento que él me dejara en mi casa, no sabría más de él. Aun así, lo aproveche. Le hice cariñitos en las cejas, mientras hablábamos de películas y me dijo: “Tienes que ver Tess de Roman Polanski” a lo que dije que sí. Él no me conoce, pero yo estaba segura que ese mismo fin de semana la vería.

Me dejó en mi casa a las ocho de la mañana. No, no tuvimos sexo… y fue, creo, mágico por ello. Solo alcancé a decir: “Que bonito eres” y lo creo en realidad.

Porque para él, fui una mujer más, una cita común y corriente… que en sus cuarentas, ha tenido esa y muchas más. Pero a mí me regalo una noche única con un ser que es muy difícil de explicar.

Sabía que no tendría otra cita con él y que no me mandaría mensajes nunca más.

Entonces, ¿Por qué si sabemos que no ser correspondidos va a doler, nos arriesgamos en nombre del amor? Fácil… porque el tiempo que dura, por muy poco que sea… ¡Se siente de huevos!

La película que me recomendó ver, trata de una muchacha joven llamada Tess que es seducida por un hombre mayor, pero este solo la usa. Después, ella conoce a un joven de su edad llamado Ángel que realmente la ama. Ella le confiesa su pasado con el hombre mayor y Ángel la deja… no puede perdonar su pasado, pero con el paso del tiempo regresa, para quedarse finalmente con ella.

No voy a arruinarles el final, ni creo propiamente haberles contado la historia, simplemente tendrían que verla…

Pero con la historia de Tess pude sonreír, porque… un día llegará mi Ángel, que este loco de amor por mí, que le encante mi sentido del humor, que me odie por ser tan cinéfila, que soporte mis tardes mientras leo y mis noches mientras bebo. Ese Ángel que ignorará mi pasado, que soportará mis defectos y a la vez, seguirá pensando que soy la más bella, que realmente sienta algo cuando mire mis pecas…

Un día oiré Nessun Dorma de Puccini mientras Ángel me besa.

 

twitter: @marcelecuona

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