Te vi nacer. Eras precioso; lleno de sangre, gritos, ojos cerrados y después vino la calma. Te sentiste parte de un todo, palpitaste en un mismo corazón. Tu glándula pineal, estimulada por la oscuridad e inhibida por la luz, en completa armonía contigo, abierta como una flor, pudo entender que estabas vivo. Yo solo sonreí, tenerte en mis brazos fue la mayor prueba de amor que pudiste recibir.

Te quería susurrar: “Te amo, tengo todo para ti, no necesitas nada para ser feliz”, pero sabía que no podías entenderme. “Crecerá y entenderá.” Qué ilusa fui.

Tenía puestas mis esperanzas en ti como en tus hermanos. No pienso en uno más que en el otro, no creas que te estoy manipulando o, al contrario, que te hago menos, todos para mí son importantes. ¡Cómo los disfruté cuando eran pequeños! Estaban tan conectados con su ser, su esencia; recuerdo específicamente cuando tomaste una ranita en tus manos, no sabías que era y la besaste en la frente, eso te hizo reír como un loco. O cuando llovía y te ponías tus botitas, salías a mojarte, a sonreír hacía el cielo, a dar vueltas en el jardín.

Te enseñé los colores, las formas. Te puse de ejemplo a los animales, a las flores, te las ponía de frente y tu solo podías articular: Amarillo, girasol. “¡Bien!”, te gritaba yo. Te abrazaba, te regalaba un ramillete de florecitas blancas por tu esfuerzo. Cómo extraño esos días viejos junto a ti.

Pero creciste y te alejaste de mí. No sé qué día preciso fue, todavía no lo logro entender. Como tus hermanos, solo creyeron que yo ya no les era necesaria, que era tonta, aburrida, sosa. Querían más y diferentes cosas. Cosas, eso precisamente era algo que yo no les podía dar.

Y se fueron, a ciudades grises, llenas de odio, de gente alejada de lo que es realmente importante, personas que no escuchan, porque la información siempre está. Me da risa, cuando llego estar en la ciudad, parece que nadie puede verme, nadie sabe que estoy ahí, se creen demasiado importantes, ocupados; trabajan en cosas que no entiendo, para motivos que menos comprendo. Sonrío en silencio. Nadie se abraza, no se ayudan. Un político no entiende que el vagabundo es su hermano, la mujer en el coche no ve que su hijo es el que vende chicles en la esquina, la gente del metro apretada solo tiene miedo de que su cartera sea robada. No ven la pobreza de los demás, no ven el alma, no ven el amor. Qué vida más superficial y vacía, todos en su celular dando likes, pero no se toman un segundo para sonreírle a alguien más.

Perdón, sé que es tu mundo, no es que lo haya querido criticar, no me siento mejor que ellos. Pero cada vez me siento más sola, necesito que me mires, que me miren tus hermanos, que me hagan caso, lo digo por su bien, no es chantaje de madre, si siguen desconectados de lo que les dio la vida, no sé qué les pueda pasar y yo ya no estaré para ayudarlos.

Todos los días quiero llorar, está carta es un poco para que me entiendas. Todas las mañanas cuando despierto alguien ya tiró basura en mi jardín. ¿Recuerdas el pozo que tanto te gustaba? Está lleno de basura. Últimamente no encuentro a mis animales. El otro día los oí llorando; mis gallinas cacareaban, mis vacas mugían, mis cerdos gruñían. Salí apresurada de la casa, pero no había nadie, ¡y mis animales no estaban! ¿Quién quisiera hacerles daño? No entiendo, solo pude recoger del suelo su sangre y sus lágrimas. Ellos que no le hacen daño a nadie, que no tienen como defenderse, ¿Por qué?

A veces tus hermanos y tú me han recriminado cosas que no tienen nada que ver conmigo; que si soy agresiva, que si estoy enferma, que si les pego… perdónenme por no ser lo que pensaban, pero si lo razonan, soy lo mismo que ustedes, tengo, igual que ustedes, partículas de estrellas, merezco el amor y respeto que se dan a sí mismos. Pero, ¿cómo puedo pedir eso cuando se autodestruyen todo el tiempo?

Ya sé, te molesta que me ponga filosófica, perdón, lo voy a tratar de explicar mejor: aquí todo se resume en amor. Te amo, me amas, nos amamos. No hay ego implícito. No hay mentiras. No hay malos entendidos. El amor se demuestra, no con mi cara en tu foto de perfil, se demuestra todos los días. No quiero un mensaje diario tuyo diciéndome cuánto me amas. Quiero que vengas y me ayudes a restaurar a mis animales, quiero que me ayudes al quitar la basura de mi jardín, quiero que vengas y abraces un árbol como cuando eras niño, quiero que me ames con todo lo feo y bello que conllevo.

No me veas así… ¡No te pego a propósito! ¡A veces me rasco, estornudo, me muevo y siempre estás ahí de frente cuando te he dicho que no te pongas ahí! ¡Qué afán el tuyo de ponerte donde no debes!

Somos uno, porque cuando tú mueras regresarás a mi seno, serás parte de mí, serás mis animales, mi jardín, ese árbol postrado de hace años, serás polvo. No te gustará ser animal y ser matado sin piedad, porque vas a tratar de cacarear para que tus hermanos humanos entiendan que ya no tienen humanidad. No te va a gustar ser árbol y ser taladrado para ser un departamento de lujo. ¿Quién quiere un departamento de lujo? ¿Qué es eso? Yo, con moverme un poco, tiro eso y más, todo lo que no esté en armonía conmigo se va a caer, tengo esa fuerza y más. ¿Aún no lo entiendes? Todos morimos, todos renacemos, yo, tú, tus hermanos, los animales, las plantas. Pero todos somos uno, todos somos un ciclo, y aquí, hijo mío, todos somos iguales por más que lo hayas ignorado por mucho tiempo. Trata bien a cada ser que habita en mí, al más oscuro, al más iluminado, al rico, al pobre, al indefenso, al triste, al feliz, al guapo, al feo. Cuida a mis hijos que no tienen quien los proteja; mis animales, seres únicos e irremplazables, que te cuidan y acompañan cuando estás triste. A mis plantas, mi energía, a mis aguas…

Porque cuando mueras, la única que va a estar ahí para ti, fue la que te recibió, la que te hizo: YO.

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