Hola, sé que no esperas que te escriba porque no nos conocemos y lo que el sistema espera es que nos odiemos. Desde que soy niña se me introdujo al concepto de la envidia. Constantemente escuchaba el argumento “te tiene envidia” cuando tenía algún desacuerdo con una amiga de la escuela. “Quiere ser como tú” me decían los adultos. Eso me confundió ¿Qué significa? ¿Significa que debo cuidarme o defenderme de ti?

Crecí y me di cuenta que esa defensa estaba construida en el corazón de muchas niñas a las qué, como yo, los adultos a su alrededor les habían convencido de que la envidia es la razón de tantos de sus sufrimientos. Claro, si las niñas crecen con miedo unas de otras, cuando sean mujeres harán el trabajo de atacarse solas.

Entonces vi cómo funcionaba el mundo, eres una puta o eres una esposa. No hay más. No existen matices, no hay historias detrás, no hay segundas versiones. Puta o esposa. Y todo el mundo tiene miedo a ser la puta. ¡Ay no! ¡Qué terror que nadie te tome en serio! Que se sepa, que le cachen el mensaje, que su esposa te haga un escándalo, que todo el mundo vea tu desnudo y dispuesto corazón.

Yo he sido amante muchas veces, me he relacionado con hombres con pareja, desde relaciones abiertas hasta matrimonios con hijos. Aborté de alguien que tenía un hijo de dos años con alguien más. Nunca pensé en ella, porque no pensaba en mí.

Todo giraba en torno a él. Es que él es tan guapo y nos entendemos tanto. Es que ella no lo entiende ni lo ama como yo. Es que él la quiere dejar, pero no puede porque se siente culpable. Pobre, es que es muy difícil porque es súper buen papá y ama a sus hijos.

Todo es emocionante cuando eres la amante porque no existen amantes aburridas. Toda la emoción, la carga erótica, todo el romance por un breve momento, casi fugaz, es tuyo. Todo él es tuyo y luego se vuelve a ir. Solo fue de vacaciones a tu playa, a nadar en tu paraíso, comerse tus frutas y desvanecerse con la madrugada.

No te toca reclamarle que no te contesta, nadie quiere una amante que se comporte como una esposa. Pero lo aceptas, porque lo amas y si se vislumbra en alguna grieta que en realidad no lo amas, la tapas de inmediato, porque si no crees en él entonces ¿En qué crees?

Sí, he pasado por ahí algunas veces y te lo digo Ruth, nunca salí limpia. Sin importar lo que pasara, me terminaba sintiendo sola, desprotegida, vacía y como una puta.

No puedo creer que estoy escribiendo esto.

Una vez ella abrió la puerta de la habitación y yo estaba completamente desnuda. Me fui del departamento. El departamento al que él me había invitado a pasar y en el que me había desnudado, el departamento en el que pasé la noche y fui abrazada por la mañana. Yo me fui y él se quedó con ella.

Porque lo que no te dicen en la escuela de las amantes es que es imposible competir con la esposa.

Hasta que un día empecé a jugar para el otro equipo. Ser la esposa no es cosa fácil, te toca aguantarlo de verdad. Verlo de verdad. Estar para él de verdad.

Lo logré, hasta fui feliz un tiempo. Engordé y todo, porque ya había encontrado “al bueno”, al que sí me quiere por mi corazón. Y luego un día me dio comezón. No te puedo explicar en dónde Ruth, pero en algún lugar me picaba.

Todas las cosas que había dejado pasar en torno a ser una “buena esposa” me empezaron a incomodar. Me sentía otra vez vacía. Coño, pero ¿No se supone que si uno está enamorado y sube fotos a instagram el vacío no existe? Ahí estaba el puto vacío otra vez. Y no me lo podía sacudir por más que tratara.

Como buena esposa, lo culpé a él. Debes ser tú y todo lo que no me das. Adiós, quiero el divorcio. Voy a buscarme otra miel. Él trató de razonar conmigo, me dijo que habíamos invertido en esta relación, que lo pensara, que reconsiderara, que podíamos hacer muchas cosas y yo ni siquiera lo escuché. Él ya era algo que yo tenía que superar, un libro que tenía que escribir ¿A qué se refiere con “trabajar” en la relación? Nunca he tenido que hacer eso. Las amantes sólo tenemos que ser amantes. No se cómo cruzarme de bandos. No se cómo recibir este amor tan profundo que me da. No se cómo regresárselo. Me voy. Y no me vio ni el polvo.

No me detuve. No me guardé un momento para mi soledad o el entendimiento de todo lo que acababa de pasar. Para guardarle alguna suerte de luto, para honrar el amor que tuvimos. Nada. Brinqué a los brazos de otro él. Exigiéndole que me hiciera su mujer, que me diera un lugar, que me cediera su corazón porque era lo que yo merecía. Y lo hizo. Y luego te conoció a ti.

¿Lo recuerdas? Claro que lo recuerdas. Es el que extrañas, al que le diste tu tiempo, tu cuerpo, con el que compartiste algo que no era amor, pero se parecía bastante.  Lo sé porque él jugó a que yo fuera su novia y su amante.

Pero ya me cansé de ese juego. Ese juego no es honesto nos lastima a todos. Enojarme porque apareciste Ruth, es ser hipócrita y no ver lo que yo he decidido vivir.  Es hacer como que yo no existí todas esas veces que fui ese mensaje leído en su celular.

Vamos a hacer de cuenta que no, que sólo somos humanos que cruzaron caminos. Vamos a pretender que yo puedo ver que hay más dimensiones en ti que el mensaje que encontré en su celular y que eres alguien con sueños, metas, divertida, hermosa y a quien yo puedo reconocer como mi hermana. A quien puedo saludar desde mi trinchera, con una pancarta grande que diga: LAS MUJERES SOMOS MÁS QUE PUTAS Y ESPOSAS.

Ya no quiero que nos separe él, quiero caminar a tu lado, porque si nos enamoramos del mismo cabrón, algo tendremos en común. Porque yo no quiero vivir peleada contigo, con ellas con todas.

Qué costumbre tan sanguinaria la de vivir señalándonos. Qué salvajismo que solo haya división, que el único que gane sea él. No más. Hoy no.

Donde quiera que estés Ruth, te saludo con el corazón abierto. Espero que tus días sean bellos y que recibas este mensaje de amor, porque eso es lo que tengo para todas las mujeres.

Para cualquier mujer con la que me cruce en el camino, de la manera que sea. Las colegas laborales, las amigas, mi madre, mi hermana, la mujer que me ayuda en el hogar, la que me cobra en una caja, mis ancestros, el linaje del que soy parte, tú y todas nosotras juntas.

Vamos a rebelarnos juntas Ruth, vamos a tirar el sistema dándonos la mano. Creyendo que es posible un mundo donde no nos dividan los estereotipos, sanando ésta herida infectada que nos tiene separadas. Mirándonos como lo que somos, una misma.

Te quiero, gracias por enseñarme tanto.

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