Walt Disney nos enseñó lo bonito que sería conocer a nuestro príncipe azul, pero no nos dijo que pasaría si este encantador caballero se volvía un patán y nos rompía el corazón. ¿Qué pasa si el hombre que considerabas perfecto de repente se vuelve un monstruo sin alma?

Una noche platicando con Jacinto, le conté porque había terminado con Dodo: “Se acostó con una niña de mi salón”, me preguntó “¿Por qué razón crees que hizo algo así?”

Quise decir que todos son iguales, pero la realidad es más profunda. Hoy por hoy que tengo una incipiente relación de amistad con Dodo, me confesó que lo hizo por inmaduro, para mostrar su hombría, pero sobre todo, porque en el fondo me odiaba.

Jacinto se sorprendió que alguien pudiera hacer algo así. Así como en su momento Dodo se sorprendió cuando le conté que Mr. Darcy se había ido de viaje con otra mujer al ver que nuestra relación a distancia no funcionaba, y tal sorpresa vi en la cara de Mr. Darcy cuando le conté las cosas que me hizo Zari, el hombre por el cual hice este blog. Todos preguntándose en su momento, ¿Qué hombre haría algo así?

Todos al principio príncipes, caballeros. Me llevaban el desayuno a la cama, flores, viajes… me conquistaban a la antigua. Nadie, ni siquiera mis padres, sospechaban el final que tendría cada  uno. Llegué a pensar que tenía cierto patrón con los patanes, que yo tenía la culpa, que al final los orillaba a ser así; por mi carácter, por competencia, por no ser buena, pero Jacinto me demostró lo contrario.

Esa noche Jacinto me dijo algo que nunca olvidaré: “Has tenido una vida espectacular, cuando te cases, tiene que ser igual”. Le dije que me casaría con música Big Band y que bailaría con mi padre What a wonderful world.

No sabíamos a donde se dirigía nuestra relación pero no podíamos estar separados. Diario dormíamos juntos y los te quiero se volvieron te quiero mucho, y un día él dijo: Te adoro.

No podía estar más feliz. Guapo, culto, inteligente, con otra visión de la vida, cero machista, excelente química en la cama (un día lo hicimos diez veces). Estabamos en la parte de la relación donde empiezas a intimar, cuando ya sabes con que se ríe y lo que le empieza a molestar.

Un miércoles, dos días antes que llegaran “su prima y tía”  de Argentina, salimos a cenar. Nos peleamos. El volteó a ver a unas mujeres, yo le dije que no me gustaba que hiciera eso, y me contestó: Suerte encontrando a un hombre que no lo haga.

Puede ser que sí, que sea imposible encontrar a un hombre que no vea a otras mujeres, pero por lo menos no a las tres semanas de salir, no frente a mí. Y aunque todos los hombres sean “iguales” al parecer, debe haber uno educado de perdida. Me dijo que era una insegura, que eran los fantasmas de mi pasado, que era una tipa muy linda pero no para tener una relación. Que necesitaba pensar las cosas porque él no quería una relación en serio, pero que me adoraba. Que le diera espacio estas dos semanas que iba a estar su familia y que el tiempo diría si estaríamos juntos después.

Me puse a llorar. ¿Por qué tuve que abrir mi bocota y decir que no viera a otras mujeres estando conmigo? ¿Por qué soy como soy? ¿Por qué no puedo ser sumisa, o callada, o hacerme de la vista gorda?

La única conclusión a la llegaba era que yo tenía la culpa, no merecía a un hombre tan bueno como él.

Pasaron jueves y viernes, y recibí pocos mensajes de su parte, pero muy concretos: “Te adoro, te extraño mucho, me es difícil concentrarme, me siento fatal. Arreglaré mis cosas lo antes posible para que podamos ver si podemos estar juntos”.

Yo no entendía nada, ¿Cómo alguien puede adorarte, extrañarte y no estar contigo?

Hasta que lo entendí. Todos los hombres son iguales. El día que nos peleamos vi que una tal G… le había escrito. Cuando le pregunté quién era, me dijo que era su prima.

Pero me han hecho tantas que tengo un colmillo que me arrastra de aquí a Texcoco. No era su prima, no venía ninguna tía, solo venía ella.

Recordé como alguna vez él me había contado que había dejado una mujer allá. Y lo supe, G… era la mujer. Nunca terminaron esa relación. Le mandé mensaje a Jacinto diciéndole que me dijera la verdad, que si me la decía, después podríamos ser amigos. Me llamó. “Confía en mí, no te estoy mintiendo, te digo la verdad. No hay nadie en mi corazón. Te adoro y quiero seguir viéndote”.

No quería creer que alguien hiciera algo así, que mintiera de esa manera. Pronto se acostaría con otra, en la misma cama que se acostó conmigo, tomarían vino en su sala, platicarían. El mes pasado no había significado nada para él. La pregunta era ¿para qué mentir? ¿Por qué los hombres tienen esta necesidad de mentir?

Me metí al face de G… y supe la verdad, la verdad que siempre había sabido en mi interior. Él me había mentido desde el día que lo conocí. Y pensé en Dodo ¿Qué es peor? ¿Qué se acuesten con otra por la peda o que sepan que eventualmente se acostaran con otra?

Le mandé un mensaje diciéndole que no me volviera a buscar jamás. Ni siquiera contestó mi mensaje. Le quité un peso de encima.

Ahí es cuando mi patrón terminó. No soy insegura, no son mis fantasmas. ¿Todos los hombres son iguales? No creo, simplemente hay gente mala. Gente sin valores y sin principios. Y si todos son iguales… ¡No importa! ¡Tienes que arriesgarte!

El amor es darle el poder a alguien de destruirte… pero confiar que nunca lo hará.

¿De qué sirve ser guapo, haber viajado, hablar mil idiomas, si lo único que dejas en la memoria de la gente es dolor? Los hombres patanes, que son iguales por inseguridad o por ególatras, deberían de castigo ver cómo nos rompen el corazón. Fletarse las horas viendo como lloramos las mujeres mientras nos decimos: “¿Por qué me hizo esto cuando yo lo quería? ¿Por qué?”

El otro día entre al face de Jacinto y me enteré que murió atropellado por un camión.

Nah. Jacinto sigue vivo paseándose con G…, pero sé, que de repente, estando con ella, y con el paso de los meses, pensará en mí y lo que pudimos ser.

El sábado antes del ir al antro con Lucía, me enteré que Mr. Darcy se casaba ese día. Le mandé mensaje felicitándolo y me dijo que me quería mucho. Dodo, por su parte, vino el jueves llorando en la madrugada pidiendo que lo perdonara, que quería casarse conmigo, y Zari llamó el Domingo solo para platicar. Los hombres que más me lastimaron me quieren porque yo sí fui buena persona con ellos.

Ese es el chiste, nada tiene relevancia más que tocar positivamente a la gente que te rodea. Tener una vida tan cabrona, que cuando mueras, vuelvas a nacer mil veces en la memoria de la gente. Eso es llevar una vida espectacular.

Quedé ver a Lucía en Coyoacán para de ahí irnos al antro. Bajé del taxi y a lo lejos escuché What a wonderful world.

Sonreí.

En algún lado está esa persona espectacular, diferente a todos los hombres que me han tocado, único, que querrá bailar conmigo Big Band.

 

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