Me pregunto qué hubiera pasado si no te hubiera conocido. Recuerdo bien el primer momento en que nos vimos. Yo pasé caminando y te vi, me detuve un poco, no me pudiste sostener la mirada, seguí caminando. Pero algo pasó, no me fuiste indiferente, algo en mí cambió. Recuerdo cada detalle de ese momento, cada sensación en mi cuerpo, y el color y el sabor de tu mirada. En ese momento no te conocí, te reconocí.

Me pregunto qué hubiera pasado si no nos hubiéramos visto ese día, si cualquiera de los dos hubiera decidido no ir, o incluso qué habría pasado si nos hubiéramos conocido años antes.

¿Será cierto que uno no decide de quién se enamora?  Tal vez sí estamos decidiendo, en un conjunto de decisiones que nos llevan a ser como somos y a buscar lo que en ese momento creemos necesitar. Después de enamorarnos de otras personas con las cuales no funcionó, nos fuimos moldeando hasta llegar a ser como somos ahora, o como fuimos en el momento en que nos conocimos. Como somos ahora es resultado también de habernos encontrado, y es por eso que me pregunto tanto qué hubiera pasado si no nos hubiéramos conocido.

¿Realmente existe la posibilidad de haber encontrado a alguien más y que ese alguien llenara nuestras expectativas y las superara como pasa entre nosotros? ¿Será que hubiéramos estado buscándonos eternamente? ¿Nos habríamos conformado?

Perdóname por haberme resignado, pensé que no existías. Ya había renunciado a la búsqueda de ese amor que me hiciera sentir el cielo en un segundo y lo había cambiado por alguien que se sintiera afortunado por estar conmigo. Que viera en mí un sueño hecho realidad y sintiera la necesidad cada día de hacer algo para asegurar mi permanencia, aunque yo en realidad tuviera como sentimiento más profundo una auténtica pero miserable gratitud.

¿Qué hubiera pasado?

Me pregunto todo esto porque me maravilla cómo todas las cosas tienen su tiempo y su momento preciso para suceder. Todo tiene que ser perfecto y exacto. Tan preciso como que en el momento en que se creó el universo, este planeta tuvo que estar orbitando alrededor del Sol a una distancia específica, ya que un centímetro de diferencia más cerca o más lejos hubiera cambiado todo, tal vez la temperatura sería diferente y por ende la evolución hubiera tomado otro rumbo, tal vez al grado de que ni siquiera existiera nuestra especie.

La precisión con la que tuvo que pasar todo es increíble. La tierra tiene millones de años y millones de historias de amor, y una de esas es la nuestra, y en un mundo de miles de  posibilidades, nuestros caminos se prepararon para llegar al mismo punto, en el momento exacto en el que podíamos cuidarnos el uno al otro. Vivimos lo que teníamos que vivir para llegar a ese pasillo, en donde me miraste y te congelaste un segundo. De todas las posibles versiones que podría tener mi vida, prefiero mil veces todas en las que estés tú.

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