Tengo tanto que decir, que las palabras galopan en mi garganta, tengo tantos sentimientos, que el corazón corre desde la mañana. Todos los días trato de entender a qué vine, cuál es mi misión; y es fácil contestarme: “A nada. No eres tan especial, tu existencia no equivale ni a medio segundo de lo que ha existido la humanidad.”

No me lo puedo creer, mis lágrimas se atascan en mis ojos como el metro en la ciudad de México a las seis de la tarde. ¿No vine a nada? Pero, ¿Y mi familia, mis amigas, mis amores, no significan nada? Silencio. El tan ponderado y temido Dios se queda sordo ante lamentos. No nos escucha, a veces le chupa un huevo los sentimientos.

Robots en un mundo calculado, que viven en un Matrix simulado, solo importa cuánto valemos si sabemos cuánto tenemos. ¿Cuál es la diferencia entre gente de hace un siglo, de hace miles de años o la de hoy? Nada, todo gira en torno a lo mismo: No seas realmente quien eres, escóndete entre máscaras y ropas, no opines, no comentes, no respondas, no pienses. ¡Ah! Ese es importante, no pienses, porque si los queridos robots pensaran, no habría gente como los sacerdotes o como los presidentes, poco dignos representantes de la gente. No habría hambruna, ni maldad, ni modelos anoréxicas en las revistas. Lloraríamos la muerte de periodistas e ignoraríamos estúpidas noticias. No citaríamos a gente brillante, nosotros escribiríamos nuestras propias ideas.

Alzaríamos nuestra voz y clamaríamos justicia.

El amor, en mi época, anda escaso igual que los sesos. Muy pocos robots saben lo que significa ser honesto. Puedes brindar tu mano, pero no pretendas un intercambio, pues varios están perdidos en el aparato. Aun así, no pierdo la esperanza, le sonrió hasta al extraño que pasa, uno nunca sabe, puede que un día, ese sea mi hermano.

Todas las noches, antes de dormir, una ansiedad llega a mí: Un día me voy a morir.

Pero, ¿Por qué me preocupa? ¿Por el hecho de no haber tomado las mejores decisiones? ¿Por qué no soy “exitosa”? ¿Por qué me cuesta vivir en el ahora y estoy en el futuro o en el pasado? No, creo que el asunto radica en que he perdido tiempo con gente que no me quiere lo suficiente, con amistades poco sinceras, con amores que no han valido la pena, con situaciones que no me eran cómodas, por no ser yo, por permanecer cerrada, por no ser abierta. Por preocuparme con lo que piensan, por no tener el valor de que me de igual, porque la vida solo te ofrece lo que hay, el trabajo es tuyo, tienes que luchar.

Y ahora, a la mitad de mi vida en la cual he sido un robot, ahora que he abierto los ojos y rehusó ser una más, cuando cierre los ojos ante la inminente muerte y luces tenues que me ofrecen un deseo, pensaré en la gente que me amó, en las personas que perdí, las que amé y en las que quisieron permanecer. Exhalaré ese último suspiro de un mar resplandeciente y amor será lo único que pasará por mi mente:

Yo deseo,

Róbame el alma, quítame de tus lamentos, sóbame la espalda, ámame en silencio.

Arrópame cuando tenga frío, súdame con estrellas, bebamos en hora buena, tenme en tus memorias, cobíjame en tu presente, con mi tequila y cigarro ardiente.

Sígueme, sin prisas, sin miedo y sin envidias. Lávame el sufrimiento, lámeme hasta el tuétano. Seamos compañeros de vida, amantes o grandes amigas.

Regálame una tarde, cocíname y engórdame bastante, por favor, nademos desnudos en el aire. Cantemos, sin medida, sin tono, ni forma, sin claves, seamos libres en tierra salvaje.

Y cuando muera, libérame, sáname, lléname, no me dejes partir, porque si vivo en tu mente, viviré hasta el fin.

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