Mi nombre es Marcela Lecuona Rubiales.

Soy actriz. Mido 1.68, tengo 27 años y peso, digamos cincuenta y diez kilos.

¿Me doy vuelta? ¿Les enseño mis perfiles?

Este es mi casting número 234. No son muchos, ¿verdad?

Me gusta mantenerme positiva. En este mundo con tantas cosas malas una buena actitud es lo que cuenta. Yo sé, yo sé.

El mundo del espectáculo a veces es difícil. Tienes que conocer a la persona adecuada en el momento adecuado y en el lugar adecuado.

¡Pero eso no me va a dejar caer!

Yo siempre con una sonrisa en la cara, hago mi yoga todas las mañanas… ¡Y a luchar en este medio tan competitivo!

No, eso no me pone de malas para nada.

Que tipos como usted le den oportunidad a personas menos talentosas, ¿qué tiene? Lo que hagan los demás no tiene nada que ver conmigo. Bueno, sí, está bien, tengo que admitir que a veces si me molesta un poquito nada más, que le den preferencia a extranjeras o a gente conectada antes que a mí, ¡Pero este mundo es de valientes no de quejumbrosos!

Uno nunca debe culpar a los directores, productores o jefes de reparto, simplemente no tengo lo que ustedes necesitan, así como su culpa, su culpa, pus no es.

Ustedes hacen su trabajo como cualquier persona; pero tengo que confesar que a veces no sé qué es lo que quieren.

Me ven y dicen:

¡Qué lindo! ¡Tienes ojos verdes! ¡Lástima que no sirva para este papel!

Eres demasiado alta…

Demasiado rubia…

Demasiado blanca…

Demasiado gorda…

Demasiado aguada…

No estas tetona…

Te faltan nalgas…

Hablas como fresa…

Hablas como naca…

Pero yo, como actriz profesional, entiendo que todas son críticas constructivas.

Por eso, fui al cirujano.

Que una levantadita aquí, una reducción acá, todo sea por mi carrera.

Es curioso, la mayoría decide ser actor por fama, dinero y reconocimiento. Creo ser una mujer afortunada, yo no quiero ser actriz por eso. Soy feliz con mi lata de atún, nunca teniendo dinero y yendo diario a miles de castings a que me destrocen el ego.

No, esperen, ya me estoy quejando de nuevo…

Los actores somos una raza aparte, somos especiales, además ya cualquiera puede serlo, basta con que seas modelo, ex miss de algún estado, futbolista frustrado o simplemente haber despertado un día y querer salir en el canal de las estrellas. Sí, este negocio es para pura estrella.

Requerimientos:

¿Saber leer? ¡No! Con que sepas hablar basta.

¿Escolaridad? ¡No! Nos basta con cuarto de primaria.

¿Ir al teatro?? ¡Por dios! Obvio no, solo párate en el antro.

Dios, mi lengua, ¿qué me pasa? Creo que es la falta de trabajo, comida o sueño. Yo positiva…

Por supuesto que hay gente talentosa, ni siquiera creo que yo sea una de ellas; solo digo que me gustaría ver a una María Félix, una Dolores del Rio, un Emilio “el indio” Fernández, un Pedro Infante… ¿pero qué tonterías digo?

Este negocio realmente es fantástico, soy una mujer realizada con solo pararme en un foro (aunque después me saque el de seguridad), pero con el simple hecho de ver las luces, oler la pintura, ver la utilería y pararme junto a DorisMar… ¡qué felicidad!

No sé, tengo que confesar que si estoy un poquitín, solo un poquito triste.

Todo mundo dice que ser actriz es la cosa más sencilla. Quiero ver que un abogado, un contador o un arquitecto se paren frente a ustedes para conseguir un trabajo y que no dependa de sus conocimientos o de su talento, que solo dependa de su físico o de sus conocidos.

Veintisiete años de mi vida desarrollando mi personalidad, carácter y mentalidad, mi tan llamada “autoestima” para que todos los días llegue un cretino más analfabeta que yo, más feo que yo, más gris que yo diciéndome:

Te falta algo.

Pues a estas alturas lo único que me falta es pene, pero si me vas a dar el trabajo me lo pongo.

Perdón, perdón, yo… ¡Positiva!

Solo que, ser actriz es lo que más me apasiona en el mundo, prestarle mi cuerpo a otro ser para que viva en mí, no sé, no hay palabras para eso. Descubrir día con día lo que puede hacer mi voz, mi cuerpo, mi alma por y para este arte. ¿Qué puedo decir? Estoy enamorada. Es amor del bueno, puro, desinteresado. Y aunque ese amor a veces no llama, no me quiere, me maltrata, no puedo dejarlo.

Porque la vida está llena de sorpresas, y aunque mi camino sea más largo, no hay duda que llegaré, pues mi sueño siempre fue ser una Julieta, Medea, una Helena, ¡por Dios! ¡Hasta una Teresa!

Solo es cuestión de fe…

 

 

Yo le digo al número siguiente que pase. Gracias por su tiempo.