Lucía me mandó un audio: “Nena, me urge que nos veamos, ¡Contesta!” Me encanta cuando la gente dice que le urge verte en un audio, es como decirte: Me urge, pero no tengo dinero para una llamada o me urge, pero me quiero ahorrar los detalles en una llamada estéril.

Nos vimos en un café por mi casa. Alejandra iba conmigo pues no supe como desecharla.

– ¿Qué hace ella aquí? – me reclamó Lucía.

– ¿Te acuerdas de tu amiga Alejandra? Párale a tu intensidad.

– Ni quería venir, no te preocupes, estaba con Marcela y tenemos cosas que hacer después – dijo Alejandra sentándose mientras prendía un cigarro – ¿Cuál es la urgencia?

Lucía suspiró resignada y se sentó desparramándose en la silla.

– Me gusta un casado.

– ¡Uff! Esto se está poniendo bueno.

– Alejandra… ¡shh! Lucía, tú eres mejor que eso, sabes que el karma…

– Marcela, no me sermones, ya sé lo que está bien y que está mal. El asunto es que ya me metí con él.

Alejandra tosió con el humo del cigarro en la cara.

– ¿Qué? ¿La madre Teresa de Calcuta ya fue penetrada por el casadito?

– No sé cómo le haces, pero siempre logras hacer todo tan vulgar. No, no me acosté con él, fueron puros besos, como en secundaria.

– ¡Ah bueno! Entonces no hay problema… mi querida putita.

– ¡Ya! ¡Suficiente! – las interrumpí pues unas viejitas de la mesa de al lado estaban a nada de tener un infarto – Lucía, puedo entenderte, de hecho, hasta justificarte; tú no eres la casada, te gusta mucho, es puramente atracción, eres joven, solo se vive una vez, pero la realidad es que te pones en una situación vulnerable de la que no vas a salir. Él no va a dejar a su esposa… –

– No quiero que la deje – replicó Lucía – solo lo quiero tener y ya, es como cuando estás a dieta y te comes una hamburguesa, no vas a estar con la culpa todo el tiempo, es solo un antojo.

– Te voy a decir algo que me dijo una terapeuta una vez… –

– ¿Fuiste a terapia Alejandra?

– Una vez, necesitaba antidepresivos, así que tuve que fletármela una hora. Lo único interesante que dijo fue que cada vez que cogemos con alguien y alguno de los dos se viene, o sea tiene un orgasmo, te pasa su energía. La energía de las mujeres tarda tres años en desprenderse de alguien,  y la de los hombres siete. Por eso cuando tienes sexo con alguien al día siguiente te sientes feliz o triste, deprimido o eufórico. Por eso las mujeres podemos seguir “enculadas” con un hombre con el que solo estuvimos una vez en la cama, o por eso los mujeriegos están tan huecos, porque ya se vaciaron, la pregunta Lucía es; ¿Estás dispuesta a cargar la energía de un hombre casado que nunca te va a querer o que solo te quiere por atracción, pero que no hay un cariño sincero? ¿Tienes idea de cómo te vas a sentir después?

Lucía, asombrada, tomó un sorbo de su café y se quemó la boca.

– Pero bueno – terminó Alejandra – ¿Quién te quita un buen palo?

Así era Alejandra, de la nada decía algo filosófico e increíble para después volver a ser ella; la misma mujer corriente, libre y naca. Por eso la amaba.

– Te haré una pregunta estúpida – le dije a Lucía – ¿Lo quieres?

– Sí, lo admiro y quiero.

– Entonces déjalo en paz, no le ocasiones problemas, no todos los hombres son malos, a lo mejor sí le podrías causar un conflicto dentro y fuera. Hay muchos hombres, encontrarás el correcto para ti, el que te diga que quiere, que tú seas su esposa y no querrías que una escuincla confundida llegara a alterar esa paz. Energía amore, la que generas y la que te llega, ¿para qué generar cosas malas?

– Ya cállate Marcela, estás diciendo pura mamada.

También así era Alejandra, una patada en la entrepierna.

Nos despedimos de Lucía, la vi pensativa, sin terminarse su café. Confié que haría lo correcto, no sabemos si lo de las energías es cierto o no, pero una buena mujer siempre debe ser leal con su género, no habría infidelidades si las mujeres no las propiciáramos y además, los peores en la cama siempre son los casados.

Me han contado.

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