Mira, no creí que fueras a ser de tanta relevancia en mi vida, pero así resultó ser y ahora me enfrento a las consecuencias.

No me daban ganas de hablar de ti en específico y es que al final representas a varios hombres y hasta a algunas mujeres.

Eres esa persona que llega cuando te encuentras mirando hacia otro lado, cuando no sabes qué es exactamente lo que necesitas pero parece saberlo un poco más que tu; provocas un calor que quema de manera fría, no sé si me entiendas, es algo difícil describirte.

Creo que no sería justo adjudicarte todos los efectos ocasionados, ya que bastantes seguramente fueron engendrados años atrás cuando yo me encontraba con alguien más.

Sería maravilloso si pudiéramos empezar desde cero, tú serías quién realmente eres no la versión maleada de hoy en día y yo estaría menos complicada, el laberinto mental apenas estaría en construcción.

Esto de cargar con equipaje emocional mayor a mis 51 kilos y 26 años es abrumador.

Y no son las cifras las que me perturban, es el hecho de lo mucho e invisible que se puede compactar en un envase pequeñito, la inocencia detrás de la cual se esconde el veneno más potente y cristalino.

Sí, si claro que daría bastante pereza haberse quedado en la infancia, no conocerme vicios, mentiras, sospechas, costumbres y deformidades, que mi piel, durazno eterno, siguiera resplandeciente y alegre, pero ¿no crees que si te hubiera conocido antes yo sería más ingenua, limpia y perfecta?

Así no esperaría jamás nada negativo, no me preocuparía el paso del tiempo ni las decisiones que tomaras, porque de hecho ni sabría el significado de esa palabra, yo sólo actuaría como me diera la gana y tú también.

Y eso que juré estar tranquila y no pensarte tanto, en verdad que lo estaba logrando, hasta sentía que mi nombre sonaba distinto, pero hay algo de las épocas obligadamente felices que me provoca nostalgia por lo imposible.

Hoy también pensé que tal vez todo esto se encuentre en el futuro, que tenía que conocerte de este modo para ser parte de lo que ni siquiera has imaginado, de eso que no has pensando y que cuando lo encuentres te sabrás en paz y en el lugar indicado.

Y pues a mí no me queda más que aceptar las mil caras que te he visto, las mil sensaciones que me has provocado, que estés y no estés, que me atormentes con placer, que me digas cosas bonitas y que dentro de la angustia me des esperanza.

Como te dije, probablemente nada de esto lo provoques tu y todo sea producto de lo que he vivido y ya se quedó en mí, que a pesar de saberme en el presente no puedo quitarme aún las cosas que no funcionaron cuando creía fielmente en nuestra perfección.

Quizás sólo necesitas darme un poco de tiempo y podré verte de nuevo cómo lo hacía cuando tenía 8 años y todas estas cosas que he vivido cambien de color y sean más bonitas, tampoco quiero que me pienses amarga ni marchita, entiendo tu belleza confusa a la perfección y me fascina saberte incomprensible.

Al final no sólo representas los ojos que miro, si no también los míos y las ilusiones, desastres, conflictos, emociones y traiciones que han provocado, pero eso ya será para que te lo escriba alguien más.

 

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Luciana